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El intachable expediente de Ignacio González

Un repaso documentado a las sombras del delfin de Esperanza Aguirre

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“Ignacio González tiene un expediente absolutamente intachable”

Esperanza Aguirre, cazatalentos. 4-3-2015

 

El campo de golf del Canal de Isabel II

Iba a ser un parque público y al final acabó siendo un campo de golf privado, a pesar de  no tener licencia y que el mismísimo Tribunal Supremo sentenció que era ilegal. El Canal de Isabel II levantó sobre sus depósitos, en el centro de la capital, un minicampo de golf y ocho pistas de pádel. El Canal, la empresa pública de aguas, adjudicó la concesión de esas instalaciones a una UTE de tres empresas: Iridium –una filial de ACS–, Soto Once y Tecnoconcret.

Casualmente, los dueños de Tecnoconcret –una sociedad desconocida, recién creada, sin ninguna experiencia conocida en el sector– eran José Antonio Clemente y su esposa. Y Clemente era socio en otros negocios de Pablo González y José Juan Caballero: un hermano y un cuñado de Ignacio González.

Casualmente, un año después de ganar la adjudicación del campo de golf, Tecnoconcret vendió su parte del negocio a la filial de ACS, que se quedó con la concesión.

Casualmente, un año después de esa venta, el hermano de Ignacio González y el cuñado de Ignacio González entraron en el accionariado de Tecnoconcret.

Casualmente, Ignacio González era entonces  presidente del Canal de Isabel II y participó en la adjudicación del campo de golf a la empresa del socio de su hermano y su cuñado. No se abstuvo. 

El pelotazo de Martinsa

Fue el mayor negocio de la Gürtel: la adjudicación de un enorme terreno en Arganda del Rey a la constructora Martinsa, el área 124. En noviembre de 2004, el tesorero del PP, Álvaro Lapuerta y su número dos, Luis Bárcenas, advirtieron a Esperanza Aguirre y a Mariano Rajoy de que algo olía mal en esa operación. Varios constructores se habían quejado al partido porque les pedían una comisión. Aguirre puso la mano en el fuego por el alcalde de Arganda, Ginés López, hoy imputado en la Gürtel: “Cómo va a ser un corrupto si yo he sido testigo de su boda”, aseguró  la cazatalentos con más ojo de todo Madrid –una boda, por cierto, cuya luna de miel pagó la Gürtel–.

Pese a las advertencias de Lapuerta y Bárcenas, la operación se cerró. Martinsa –la ganadora del lucrativo botín, cuyo presidente era el empresario Fernando Martín, expresidente del Real Madrid– pegó un gran pelotazo. Se quedó con más de 100.000 metros cuadrados urbanizables por solo 77 millones, muy por debajo del precio de tasación. Apenas unos meses después revendió a otra constructora un tercio de ese suelo por 73 millones. Las plusvalías fueron tan inmensas como las comisiones que se repartieron en la operación, que hoy sigue bajo investigación en la Audiencia Nacional, dentro del caso Gürtel.

Lapuerta y Bárcenas no solo avisaron del alcalde de Arganda. También pusieron sobre la mesa otro nombre en esa reunión: el de Ignacio González.

Y varios informes policiales sobre Ignacio González –que estos días ha publicado El Mundo– relacionan la operación de Martinsa y el ático con un presunto pago de comisiones al ahora presidente de Madrid.  

El espionaje en Colombia

Ignacio González fue espiado durante un viaje a Cartagena de Indias. Iba acompañado por al menos tres personas. El más famoso de ellos es José Manuel Serra Peris: exsecretario de Estado y entonces consejero de Martinsa, la misma constructora que pegó el pelotazo en Arganda. Hoy Serra Peris es uno de los imputados del caso Bankia, lo que no ha sido problema para que el Canal de Isabel II le haya contratado recientemente como presidente del Comité de Auditoría. Visto el resultado en Bankia, parece que no había nadie mejor. 

También le acompañaban dos abogados. Edmundo Rodríguez: consejero del Canal Extensia, la filial del Canal de Isabel II que gestiona los negocios del canal en Latinoamerica. Y Javier Soler: un asesor de González, consejero de Canal Extensia, abogado experto en urbanismo, al que fuentes del PP también relacionaban con el área 124 de Arganda.

Tiempo después, se supo que el Canal de Isabel II –presidido por Ignacio González– también pagó a detectives privados para espiar a Javier Soler. Como ven, lo del espionaje en Madrid es casi una constante.

En el vídeo famoso del espionaje colombiano, se ve a los acompañantes de González entrando en una lujosa mansión de Cartagena de Indias con unas bolsas de plástico blancas con abultados paquetes en su interior. Según contó después Ignacio González, eran toallas. Según el detective que hizo aquella grabación, eran abultados paquetes “con ángulos, como unas cajas”. A los cinco minutos, salen de la misma casa sin las bolsas. Y en otra grabación, también en Colombia, se les ve hablando del Anglo Irish Bank –un banco muy utilizado en paraísos fiscales– y de un bufete de abogados en Panamá de nombre Igra.

El viaje a Sudáfrica

En otro dossier sobre Ignacio González que publicó El País en 2009, se aseguraba que un empresario, Enrique Sánchez, le había pagado un lujoso viaje a Sudáfrica junto a su mujer. Los billetes, en clase business, costaron unos 8.000 euros.

El empresario en cuestión es el principal accionista de Segurisa, una empresa de seguridad privada. Ignacio González reconoció a El País que había hecho ese viaje pero que los 8.000 euros los había pagado él mismo en efectivo. Sí, en efectivo.

“Mi viaje me lo pagué yo en metálico porque me venía bien, y tengo factura de ello. El viaje me lo organizó un amigo que también vino. El empresario era amigo de la persona que me organizó el viaje. Pero no es amigo mío, ni le adjudiqué nada", explicó González.

Es falso que González no adjudicase nada a las empresas de Enrique Sánchez. Casualmente,  el Canal de Isabel II había cerrado un contrato de 33 millones de euros con Segurisa que se adjudicó por un procedimiento restringido por motivos de “confidencialidad”. Hasta la llegada de Ignacio González a la presidencia del Canal, el gasto en seguridad del Canal era bastante menor. 

El ático

No es cierto, como repite en cada entrevista Ignacio González, que todo el asunto de su ático de lujo esté archivado judicialmente. En Estepona, una juez aún investiga aquel turbio asunto, pendiente de varias comisiones rogatorias enviadas a paraísos fiscales que aún están por llegar. En ese juzgado, entre otras cosas, descubrieron que el testaferro Rudy Valner –el mismo que compró el ático sin visitarlo y después se lo alquiló a González– también trabaja para Enrique Cerezo, el presidente del Atlético de Madrid.

Casualmente, Enrique Cerezo ha sido beneficiado por innumerables decisiones de la Comunidad de Madrid: desde contratos con Telemadrid hasta licencias de canales TDT.

El ático de Ignacio González tiene casi 500 metros cuadrados. Está en una finca tan exclusiva que su vecina de abajo es Carmen Franco Polo, la hija del dictador. Cuando el escándalo de este ático de lujo estalló, Ignacio González lo compró. Hasta entonces, el presidente de la Comunidad de Madrid asegura que pagaba 2.000 euros al mes: un auténtico chollo, porque solo la comunidad de vecinos y el IBI ya le costaban al testaferro Rudy Valner 750 euros al mes.

La familia

Lourdes Cavero, la mujer de Ignacio González, estuvo durante varios años trabajando para la patronal de Madrid, contratada a dedo por Arturo Fernández: donante de Fundescam, contratista habitual de la Comunidad de Madrid e imputado en el caso Bankia.

Carmen Cavero, la cuñada de Ignacio González, también está imputada en el caso Bankia. Fue consejera de la corporación industrial de la caja y solo en 2011 cobró 173.000 euros.

Pablo González, el hermano, no solo es protagonista en la historia del campo de golf del Canal. En 2012 le nombraron alto cargo en Mercasa, una empresa pública que depende de la SEPI.

Isabel Gema González, la hermana, es teniente de alcalde y concejal de cultura en Pozuelo. Antes trabajó en el gabinete de Esperanza Aguirre cuando esta era presidenta del Senado. Y también fue diputada del PP en la Asamblea de Madrid.

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El “intachable expediente” del presidente de la Comunidad de Madrid es tan largo que me dejo varios capítulos. El caso de los espías, por ejemplo, y ese intento de soborno a uno de los testigos clave. O las relaciones de su número dos con la Púnica. O los últimos agujeros en el Canal. O los sobresueldos a los jueces en Madrid.

Son tantas historias que es probable que aún nos falten por conocer muchas más.

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