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REGIÓN DE MURCIA

Malos tiempos (a pesar de buenos espacios) para la lírica

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Andamos l@s artistas sufriendo un exilio silencioso, sin movimiento alguno, sin viaje ni traslado.

Ahora es el territorio quien abandona a la persona y no la persona quien abandona al territorio.

Un exilio ausente de ecos y de conciencia.

Pepa Robles

Malos tiempos para la lírica, cantaba mi ídolo Germán Coppini, al frente de Golpes Bajos.

No vendemos nada los poetas. Las tiradas de 300 ejemplares ni siquiera se agotan, y nuestros libros suelen revenderse como papel usado o tirarse directamente a las trituradoras. El precio de los libros vendidos, además, solo llega a cubrir costes de impresión y distribución.

Los poetas viajamos mucho por provincias y pueblos, a nuestras lecturas se acercan a conocernos seres muy cultos, encantados de conseguir la firma, la dedicatoria de su colega de investigaciones poéticas. Pero también se acercan los lectores puros: los adolescentes, los de vida complicada, los tristes, los que han tenido un consuelo en las horas difíciles de la noche al leer una cosa nuestra. Los poetas podríamos hacer el mapa de la España herida.

Y qué vulnerable es esa España. Qué fácil es romper una familia, echándola de su casa. Qué fácil encarcelar a quien protesta y malbaratar luego su vida con multas desorbitadas. Qué sencillo es destruir las construcciones antiguas, alma de la patria, mientras pongas luego un restaurante fino.

Cuando participo en una lectura o presentación de libros, viene la gente que lo ha comprado a que se lo firme y mientras lo hago, ellos aprovechan para contarme cosas, en voz baja. Me dicen que ya no creen en el amor, que han pasado la noche sin dormir, que tienen que cuidar enfermos a los que no soportan, que les leen mis versos a los niños del colegio… A veces cierran el libro, con la dedicatoria adentro y lo sujetan entre las manos y se me quedan mirando. Me leen al anochecer. Cuando amanece guardan el libro entre las demás cosas de su comedor y van al trabajo o a sus labores.

Las trabajadoras y trabajadores de Museos y centros culturales de la ciudad de Murcia, sufren también la misma precariedad laboral que los escritores o artistas

 

Yo también vuelvo al trabajo, a la vida diaria. Una vida donde soy diseñadora gráfica y personaje público. Donde solo puedo leer o escribir poesía si le robo horas al descanso. Escribir poesía es muy difícil. Las ideas que el desamparo y el ansia vierten desordenadamente hay que escandirlas en ritmo, hay que estrujarlas hasta que su misma médula, libre de broza, sea el arañazo o el beso que deseábamos decir al principio. Un poema regulero suele necesitar al menos dos años de trabajo en días no consecutivos.

La capacidad de encontrar expresión para el dolor o de reflejar los problemas de un individuo o de una sociedad no es prerrogativa de la poesía, claro. La música, la escultura, el cine… el Arte en general se encarga de eso. Y de más cosas, sí. El Arte se encarga de reflejarlo todo. Es nuestro espejo, nuestro compañero, nuestra sombra y nuestra conciencia. Como sociedad y como personas individuales. (Hay quien dice que el Arte es inútil, ¡mare meua!)

Que en un país herido, sus artistas, la gente que se dedica a reflexionar sobre la condición herida humana, no pueda vivir dignamente, me resulta preocupante. Más: a todos debería inquietarnos. “Si se calla el cantor, muere de espanto la esperanza…, y viene el llanto”, decía aquella canción… O algo así.

Me acuerdo ahora de los museos y centros culturales de Murcia, especialmente los de carácter público: sitios donde casi todos los días hay Arte. Se expone, se lee, se reflexiona. Allí nos invitan, nos leen, nos dan de comer, nos disponen un espacio donde acontece el hecho artístico, rodeados del peligro de la plaza pública, de los trabajos diarios de una ciudad de provincias ajetreada y pobre. En ellos se construye, con mucho trabajo silencioso, la conciencia ciudadana. Si alguien, en la noche profunda de su desesperanza, quisiera comprobar que el ser humano es algo más que un mero pagador de facturas, solo tiene que pasarse por una galería de pintura, o asistir a un teatro, o abrir un libro (“Bienaventurados los que leen.” Juan, Apocalipsis. 1, 3).

Las trabajadoras y trabajadores de Museos y centros culturales de la ciudad de Murcia, sufren también la misma precariedad laboral que los escritores o artistas. Parece que a nuestro alrededor, todos los oficios relacionados con la cultura han sido (deliberadamente) desechados, relegados al rincón de las cosas inútiles. Se abre ahora un tiempo de regular su situación y mejorar sus condiciones laborales. Ojalá todos nosotros, conciudadanos suyos, estemos a su lado.

* Cristina Morano es escritora, diseñadora gráfica y miembro electo de la Coordinadora de CambiemosMurcia

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