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De buenos propósitos a tarascadas

La paz ha resistido poco más que una firma de los concejales de Ciudadanos a la mirada de Íñigo de la Serna

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Miguel Ángel Revilla e Íñigo de la Serna durante la reunión mantenida

Miguel Ángel Revilla e Íñigo de la Serna durante la reunión mantenida

Iban a llevarse bien. No estaban por la bronca. Ellos: Revilla y De la Serna se miraron a la cara, se dieron la mano y salieron en la foto. Sin embargo, la paz ha resistido poco más que una firma de los concejales de Ciudadanos a la mirada de Íñigo de la Serna. Han bastado unas semanas para que la tregua entre el Gobierno regional y el Ayuntamiento de Santander saltara por los aires.

La licencia de Valdecilla y los horarios comerciales, además de la reunión en el Ministerio de Fomento, han roto el amor y han dado paso a los mordiscos. Porque la ruptura del consenso en la apertura del comercio en festivos ha sido toda una dentellada al Gobierno regional; una tarascada ha dicho el consejero del área, Francisco Martín.

El alcalde contó que suprimía la primera quincena de septiembre de las aperturas previstas por la declaración de Zona de Gran Afluencia Turística (ZGAT). Esto permitía a las grandes superficies saciar parte de su voracidad en Navidad cuando, además, el gasto de la cesta es más suculento. Esos dos domingos daban mayor juego al Gobierno para negociar el calendario con pequeños y grandes comerciantes. De la Serna lo contó, entonces, como idea propia aunque luego se supo por las asociaciones del sector que formaba parte de un acuerdo.

La tarascada en el Ministerio de Fomento ha sido en diferido. Que el Ayuntamiento contase en un comunicado nocturno algo que quería rentabilizar, al día siguiente, el Gobierno, ha irritado a Revilla. Al presidente le ha dolido el bocado en algo tan suyo como el ferrocarril.

Pero el amor, cuando no hay "lo que tiene que haber" que dice la Pantoja, se evapora tan fácil como un propósito de Ciudadanos ante unas palabras del alcalde. Basta una moción conjunta de toda la oposición municipal instando al equipo de Gobierno del PP a alcanzar un acuerdo con los comerciantes sobre la delimitación de la ZGAT para que el alcalde tire el tablero por los aires. No solo rompe el acuerdo sino que culpa de ello a socialistas y regionalistas. Pues igual sí, quizá se hayan equivocado y de ahora en adelante deban coordinarse mejor en sus respectivos partidos. O igual no. A lo mejor la piel del regidor es tan sensible que una iniciativa conjunta de toda la oposición le ha provocado sarpullido. Miedo a que prosperase la propuesta no tendría porque él sabe que a un giro de flequillo alguien se puede caer de esa unanimidad, como, en efecto, ocurrió.  

También puede ser simplemente una excusa para la pelea porque esto viene detrás del caso de la licencia. Valdecilla necesita un permiso municipal para empezar a funcionar a pleno rendimiento. El alcalde dice que no se puede dar porque no están todos los requisitos y que el Gobierno lo sabe. Y hete aquí, que Sanidad responde indicando que quien pide la licencia es la empresa constructora, y que -eso- en el Ayuntamiento, también se sabe. ¿Qué sentido tiene esta polémica?

La tarascada en el Ministerio de Fomento ha sido en diferido. Que el Ayuntamiento contase en un comunicado nocturno algo que quería rentabilizar, al día siguiente, el Gobierno, ha irritado a Revilla. Al presidente le ha dolido el bocado en algo tan suyo como el ferrocarril.

¿No habrá elecciones a la vista?

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