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Guatemala conmemora 20 años de Paz clamando por el desarrollo y la inclusión

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Guatemala conmemora 20 años de Paz clamando por el desarrollo y la inclusión

Guatemala conmemora 20 años de Paz clamando por el desarrollo y la inclusión

Guatemala celebró hoy el vigésimo aniversario de la firma de los Acuerdos de la Paz entonando el mea culpa por los compromisos incumplidos e implorando que la inclusión de los pueblos indígenas y el desarrollo social sean una realidad palpable en uno de los países más desiguales y violentos del mundo.

Tal día como hoy hace 20 años, el Gobierno, del que entonces era presidente Álvaro Arzú (1996-2000), y la guerrilla, de la mano de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG Maíz), firmaron el último de los 12 convenios que ponían fin a un conflicto bélico que duró 36 años y que se saldó con más de 250.000 víctimas, entre muertos y desaparecidos, y más de un millón de desplazados internos.

Dos décadas después, el incumplimiento a esos pactos continúa, un hecho que reclamó en las calles parte de la sociedad con el lema "Nada que celebrar" y que reconoció el Gobierno y también la izquierda política, la propia URNG, en un texto en el que pidió una "segunda oportunidad" para que las nuevas generaciones reorienten el país hacia la Justicia social, el desarrollo y la inclusión.

Haciendo un balance, el partido heredero de la guerrilla achacó la deuda con estos acuerdos a una responsabilidad compartida, tanto de las élites del poder económico dominante -que imponen sus intereses- como de la propia izquierda política y social, que aún consciente de la necesidad de un cambio profundo, se dividió y se debilitó en vez de unir fuerzas.

"Lamentablemente, fruto del desconocimiento, desinformación y manipulación propiciados por los enemigos de la paz, el pueblo en general aún no ha asumido que los Acuerdos de Paz son para su beneficio y una necesidad nacional", proclamó, y agregó que la pobreza, el racismo y el subdesarrollo siguen prevaleciendo.

En los últimos años, Guatemala ha tenido, en cifras globales, un crecimiento económico sostenido, pero la riqueza ha generado un país de ricos lleno de pobres, constituyéndose en uno de los más desiguales del mundo: de los 16 millones de habitantes el 59,3 % vive bajo la línea de la pobreza, una lacra que afecta al 79,2 % de los indígenas.

La izquierda fue una de las grandes ausentes en el sobrio acto oficial organizado por el Gobierno, al que sí asistieron ministros, diplomáticos, magistrados, el primer presidente de la era democrática (1986-1991), Vinicio Cerezo, o el propio Arzú, pero en el que no tomó la palabra ninguno de los representantes de la guerrilla.

Los dos expresidentes y el actual, Jimmy Morales, que presidieron juntos el evento, coincidieron en la necesidad de seguir luchando por el cumplimiento de los Acuerdos de Paz. Para ello apelaron a la unidad, a la memoria de las víctimas de una cruenta guerra y a un nuevo modelo de desarrollo inclusivo.

Como símbolo de la reconciliación y la armonía, aún no tangible, hoy compartieron escenario el coro femenino Alaíde Foppa, creado en honor a la poetisa desaparecida durante el conflicto, y la Banda Marcial del Ejército, una actuación sin precedentes en el país.

Este concierto estuvo precedido, a primera hora del día, por un ritual maya en el que los líderes espirituales pidieron paz, armonía y concordia, y por otra cita musical en el interior del país de la mano de la mayor voz indígena de Guatemala, la cantante kakchiquel Sara Curruchich, que reivindicó la memoria del pueblo Ixil, uno de los más afectados por el conflicto.

"El cumplimiento de los Acuerdos de Paz es aún una deuda del Estado con los Pueblos, una realidad todavía distante", declaró la artista a Efe antes de concluir: "No hay paz sin justicia, no hay justicia sin memoria".

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