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Insulza afirma que la peor amenaza al Sistema Interamericano es que no participen todos

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Insulza defiende haber dejado la puerta abierta para que Cuba vuelva a la OEA

Insulza defiende haber dejado la puerta abierta para que Cuba vuelva a la OEA

El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, dijo hoy que la "peor amenaza" al Sistema Interamericano de Derechos Humanos es que no participen en él todos los países del continente.

"Hubiera querido ver muchas cosas (antes de dejar la OEA), sobre todo que un grupo importante de países ratificara la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que es el fundamento de este sistema", dijo hoy Insulza en la presentación de "Gobernabilidad democrática", el libro en el que hace balance de sus diez años al frente del organismo continental.

Los 35 países miembros de la OEA forman parte automáticamente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) pero para integrar la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) los países deben firmar la Convención Americana de Derechos Humanos.

La ausencia más flagrante es la de Estados Unidos, país que aporta alrededor de un 60 por ciento del presupuesto de la OEA pero en el que la Corte, con sede en Costa Rica, no tiene jurisdicción.

Una baja reveladora de la división en el organismo y muy lamentada ya en su día por Insulza es la de Venezuela, que decidió abandonar la Corte en septiembre de 2012.

"No tiene ningún sentido que todos los países dependan de la Comisión pero que después, cuando un caso requiere ir a la Corte, sólo vayan los de algunos países", consideró hoy el político chileno ante representantes de gran parte de las misiones ante la OEA en su sede en Washington.

"Mientras subsistan países que no han suscrito la Convención, no la han ratificado o no han reconocido la jurisdicción de la Corte, el sistema estará incompleto y desequilibrado", sostiene en un pasaje de su libro.

Insulza, que será relevado este 26 de mayo por Luis Almagro, dice que se va "contento", pero admite que le habría gustado ver durante su mandato "muchas cosas" que no se han logrado todavía en el continente.

Entre ellas, mejorar la situación económica de la OEA, que acusa grandes retrasos en el pago de las cuotas de los países miembros y tiene una gran dependencia del presupuesto estadounidense, lo que históricamente ha despertado la desconfianza de algunas naciones latinoamericanas hacia la institución.

"No es bueno que un país pague el 60 por ciento. Yo he propuesto que Estados Unidos dé la misma cantidad de dinero que hasta ahora pero que esa cantidad sólo represente el 50% del total, y el resto de países se ocupen de la otra mitad. Tenemos un problema de equilibrio económico y político", señaló Insulza.

En su discurso, que tuvo mucho de despedida, el chileno defendió el carácter "único" de la OEA como foro que reúne a todos los países del continente y su compatibilidad con nuevas alianzas regionales en ascenso como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR).

"La CELAC cumple un papel de representación de América Latina en el mundo que nunca ha podido cumplir la OEA (que engloba también a Canadá y EEUU) y, respecto a las otras organizaciones, es un hecho que hay regiones diferenciadas dentro del continente", consideró el político chileno.

"Nada de eso es contradictorio, lo que sí nos puede dividir son las diferencias ideológicas que impiden en ocasiones que estos organismos funcionen como deberían", añadió.

Insulza defendió una OEA de diálogo, "sin exclusión ni sanciones", en la que se agoten todos los recursos políticos antes de "usar instrumentos que deberían ser excepcionales y a los que se recurrió en la época de las dictaduras del sur del continente y en las guerras civiles de Centroamérica".

Por su lado, el presidente del centro de estudios Inter-American Dialogue, Michael Shifter, señaló que, mientras que la región ha experimentado avances históricos en los últimos diez años, también se vive una "división nunca vista" entre las naciones que conforman la OEA.

"Es un ambiente difícil para lograr consensos, pero ningún otro organismo puede competir con, por ejemplo, la jurisprudencia de la OEA, o sus misiones de observación electoral, ninguno tiene capacidad para ello", defendió.

"Uno de los problemas más graves es que no hay acuerdo entre las naciones sobre cómo hay que definir y proteger los derechos humanos", apuntó la directora del programa de América Latina en el centro de estudios Wilson Center, Cynthia Arnson.

Venezuela, que abandonó la CorteIDH, y Ecuador, que no envía representación a las sesiones de la CIDH, son los dos países de la OEA que más cuestionan el Sistema Interamericano de Derechos Humanos.

Este sistema, como defiende Insulza en su libro, es "la piedra angular" en la que se fundamenta la credibilidad de la OEA y por lo que tradicionalmente se ha reconocido al organismo continental, junto con sus misiones de observación electoral y su papel de mediador político en crisis y conflictos.

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