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Pedro Sánchez se la juega en un debate que podría ser el último

Tras el golpe de autoridad ejercido en Madrid, todo lo ganado se puede ir al traste si su enfrentamiento con Rajoy se salda con derrota

El debate permitirá a Sánchez centrar las reclamaciones de la oposición en una cita en la que no pueden comparecer Podemos o Ciudadanos

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Pedro Sánchez apenas ha tenido un puñado de sesiones de control para ensayar frente a Rajoy la dialéctica que le permita encarar el último debate de una era. El líder socialista llega al debate de política general tras haber salvado los muebles en la polémica destitución de Tomás Gómez y su relevo por el exministro Ángel Gabilondo para la carrera electoral en la Comunidad de Madrid. El político madrileño se juega su credibilidad en el último debate sobre el estado de la nación de esta legislatura, sin la presencia de las nuevas formaciones como Podemos o Ciudadanos en el Congreso de los Diputados.

Sánchez lleva una semana preparando el debate junto a miembros de su Ejecutiva como Manuel de la Rocha o Mari Luz Rodríguez. El líder socialista quiere llegar al enfrentamiento con Rajoy con posibilidades de disolver el argumentario de la recuperación, al que el PP fía sus bazas electorales. La cita es el pistoletazo de salida a la campaña electoral continua que nos llevará a unas elecciones generales al final del año. Por eso el portavoz del PSOE necesita ofrecer la imagen de que posee un proyecto político y una agenda para la recuperación económica alejada de las recetas de austeridad impuestas por Rajoy durante estos años.

Pedro Sánchez se lo juega todo en este debate que para él será una nueva reválida sobre su liderazgo. Tras el golpe de autoridad ejercido para destituir a Tomás Gómez en Madrid, todo lo ganado se puede ir otra vez al traste si su enfrentamiento con Rajoy se salda con derrota. El político madrileño no quiere volver a la casilla de salida de un partido que quiere gobernar pero que tiene un ojo pendiente de Susana Díaz. Si el PSOE consigue salir airoso del debate, Sánchez habrá conseguido conjurar las dudas que persisten sobre su futuro a medio plazo y que le han estado obligando a jugárselo a doble o nada constantemente a lo largo de los últimos meses.

El socialista tendrá enfrente a un Rajoy que ya ganó a Rubalcaba en 2014, como se encargó de señalar el CIS a las pocas horas de aquella contienda parlamentaria. El debate sobre el estado de la nación sigue siendo fundamentalmente cosa de dos y mantiene esa arquitectura bipartidista que ofrece un valor fundamental al duelo entre los dos principales partidos y reduce injustamente las aportaciones de las demás formaciones.

Sánchez tiene ante sí el último debate de una era y la postrera oportunidad de medirse con Rajoy sin que otros protagonistas (Podemos o Ciudadanos) puedan distorsionar el juego de los espejos en los que llevan metidos el PP y el PSOE durante más de 30 años en su carrera de relevos por el poder.

El debutante busca además acallar a los que dentro de su propio partido y en su grupo parlamentario discuten sus decisiones y su manera de ejecutarlas. Si el secretario general del PSOE consigue vencer con claridad ante Rajoy, vencerá las resistencias de quienes en el PSOE quieren evitar que sea su cara, tantas veces adjetivada, la que ocupe los carteles electorales del PSOE para las próximas elecciones generales.

Pedro Sánchez se lo juega todo en el debate sobre el estado de la nación. Lo más importante: salir del Congreso sin el temor de que su primer debate de política general pueda convertirse también en el último.

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