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Se abre el telón... y se impone la normalidad

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Ni han sorprendido ya las rastas de algún diputado de Podemos, ni los largos juramentos que se han marcado 'sus señorías moradas', ni las bicis de Equo, y esta vez ni siquiera ha habido bebé. Seis meses después del 'choque emocional' entre la política convencional y la más rupturista, se impone la normalidad.

Todos se han acostumbrado a todos y parece que a todo en la primera sesión de la XII legislatura en el Congreso, en la que repite el noventa por ciento de los diputados de la anterior.

Al contrario que en la sesión constitutiva del pasado 13 de enero, apenas se han escuchado abucheos desde la bancada del PP o Ciudadanos, que han adoptado la pose de ignorar.

Entre tanta normalidad, se ha colado un encontronazo entre el diputado de Podemos Manuel Monereo, un histórico comunista, con el socialista José Zaragoza, sentados en la misma fila y picados durante toda la sesión y una vez concluida.

Monereo le ha gritado varias veces "un poquito de urbanidad", mientras que el diputado socialista le decía "acuérdate de la pinza, de Anguita y Aznar".

Se ha producido también el primer invitado expulsado de la etapa Ana Pastor, hijo de la exdiputada del PP Teresa Gómez-Limón y afectado por el accidente de Alvia en Santiago de Compostela, que ha lanzado un papel de protesta desde la tribuna justo cuando la exministra de Fomento era proclamada presidenta del Congreso.

Y hasta previsible ha resultado el líder jornalero Diego Cañamero, con su camiseta en favor de la puesta en libertad del exedil de Jaén en Común Andrés Bódalo, encarcelado por agredir a un concejal del PSOE de Jódar (Jaén).

Eso sí, sus pasos hacia la urna de votación han sido seguidos muy de cerca por el portavoz popular, Rafael Hernando, y la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, que han intercambiado sonrisas y comentarios.

Una constitución que ha durado cuatro horas y media y que ha dado para buscar pokémon dentro del hemiciclo -sin éxito porque no había ninguno- y para buenas conversaciones entre 'enemigos' parlamentarios como la que ha tenido Rafael Hernando, que se ha acercado a charlar con Pablo Iglesias e Ínigo Errejón, primero, y después con Alberto Garzón y Xavier Doménech.

También el ministro en funciones de Sanidad, Alfonso Alonso, ha intercambiado unas palabras distendidas con los dos diputados de Bildu y también con Garzón.

A los que no se ha visto hablar con otros compañeros más allá de un saludo cortés ha sido al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, y al presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, acoplados en su escaño y en sus papeles.

Mientras tanto, el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, ha sacado tiempo para leer "A sangre y fuego", de Manuel Chaves Nogales, una obra periodística sobre los comienzos de la Guerra Civil de la que se cumplen ahora 80 años.

Y Ana Pastor, en un extremo de la bancada del PP, no paraba de hacer anotaciones al que probablemente era su discurso como presidenta.

Había llegado tranquila, pero "preocupada", como había comentado con algunos periodistas antes de las diez de la mañana, por la responsabilidad que supone ser la tercera autoridad del Estado y la complejidad de la legislatura que se avecina.

Una vez elegida y antes de tomar posesión de la Presidencia se ha parado ante Mariano Rajoy, con quien le une una larga amistad, y se han besado. Beso que también ha intercambiado con su predecesor y con quien se ha batido en la votación, el socialista Patxi López.

Cae el telón por hoy, con el deseo de que, esta vez sí, haya gobierno. Y con este objetivo, Rajoy ha abandonado el hemiciclo, interceptado por el hijo de un diputado de los suyos que le ha pedido un autógrafo, quizá con la misma esperanza de que repita.

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