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Las dudas de un conflicto de intereses sobrevuelan la gestión de Trump

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Desde que el multimillonario Donald Trump asumió la presidencia de Estados Unidos hace casi cien días, sobrevuelan las dudas sobre si hay un conflicto de intereses entre su imperio empresarial y su gestión.

Trump cedió el control de su inmenso entramado empresarial -la Organización Trump- poco antes de llegar al poder para alejar así las sospechas sobre conflictos de interés que han surgido de igual forma, ya que las compañías quedaron en manos de sus hijos Donald Junior y Eric, por lo que siguen en el más íntimo círculo presidencial.

La niña de sus ojos parece ser Mar-a-Lago, el club privado (con mansión y campo de golf) que Trump posee en Florida y en el que ha pasado siete fines de semana desde que es presidente y ha invitado al mandatario chino, Xi Jinping, y al primer ministro japonés, Shinzo Abe.

Fue precisamente durante la visita de Xi a Mar-a-Lago que China autorizó tres marcas comerciales a la empresa de Ivanka Trump, la hija mayor del presidente, que participó de las reuniones con el líder chino.

La hija de Trump tiene cargo en la Casa Blanca y también cedió el control de su empresa recientemente.

En total, Trump y su séquito han pasado 31 días -de los primeros 100- en alguna de sus propiedades, ya sea Mar-a-Lago, su hotel en Washington, al que se escapa de vez en cuando para cenar, o en algún otro de sus campos de golf, como el que posee en Virginia, a tiro de piedra de la Casa Blanca.

Además de la publicidad gratuita que generan las constantes idas y venidas, Mar-a-Lago, o la "Casa Blanca de invierno" como la llama Trump, se ha convertido en un exclusivo lugar en el que socios (a quienes le duplicaron a 200.000 dólares la cuota inicial en enero) y sus invitados tienen acceso al presidente de Estados Unidos.

Invitados estaban los exmandatarios colombianos Álvaro Uribe y Andrés Pastrana, que presumieron de haber saludado a Trump durante una cena causando un gran revuelo en el país suramericano.

Por si fuera poco, recientemente apareció un artículo que promocionaba la mansión de Trump en algunas páginas web de las embajadas de EE.UU. en el exterior, aunque luego fue retirado.

Otra de las propiedades del presidente que ha sido objeto de controversia es la Torre Trump de Manhattan, edificio en el que todavía viven la primera dama, Melania, con su hijo Barron, y en el que Trump ha alquilado un espacio al Servicio Secreto de EE.UU.

Aunque se desconocen las cifras de ese contrato, el Servicio Secreto ha solicitado casi 27 millones de dólares adicionales a su presupuesto para la protección de la familia Trump en Nueva York, según el diario "The Washington Post".

De hecho, el Servicio Secreto ya reembolsó a la Organización Trump durante la campaña electoral por hacer uso del Boeing 757 privado del entonces candidato para protegerlo.

En Washington, Trump posee un flamante hotel que ya ha acogido reuniones de diplomáticos extranjeros y cuyo edificio, la antigua sede del servicio postal, es propiedad del Gobierno de Estados Unidos, con lo que Trump es casero e inquilino al mismo tiempo.

La Organización Trump, además, podría renegociar el contrato de alquiler con cargos públicos nombrados por el propio presidente.

La empresa del gobernante también administra un edificio ubicado en el corazón de Wall Street en el que cinco de sus actuales o antiguos inquilinos son objeto de investigaciones por parte del Gobierno por fraude de valores.

Fuera del negocio inmobiliario, una de las primeras medidas que Trump se apresuró a tomar al llegar a la Casa Blanca fue reiniciar la construcción de un controvertido oleoducto conocido como Dakota Access que enfrentó durante meses a las tribus indígenas con el Gobierno de Barack Obama y en el que el magnate había invertido.

Si bien es cierto que Trump no está legalmente obligado a desvincularse de su entramado empresarial en EE.UU., la Constitución es mucho más estricta en lo que a negocios en el exterior se refiere, prohibiendo explícitamente obtener algún beneficio de un Gobierno extranjero.

La Organización Trump tiene negocios en al menos una veintena de países, incluidos Canadá, el Reino Unido, China, Japón o Turquía.

Medios argentinos indicaron que, una vez elegido presidente, Trump le pidió a Mauricio Macri que le ayudara a desencallar los permisos para construir un edificio de 35 plantas en el centro de Buenos Aires, aunque la Casa Rosada lo negó.

Lo que sí se supo de cierto es que al promotor del "brexit" y exlíder del partido xenófobo UKIP, Nigel Farage, Trump le pidió que se opusiera a la construcción de un proyecto de energía eólica marítima previsto en las inmediaciones de uno de sus campos de golf en Escocia, pues el presidente de EE.UU. no quiere que le estropeen las vistas.

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