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La droga, un problema por resolver en la creciente Baltimore

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La droga, un problema por resolver en la creciente Baltimore

La droga, un problema por resolver en la creciente Baltimore

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha puesto a Baltimore (Maryland) como ejemplo de ciudad donde se han registrado importantes mejoras socio-económicas en los últimos años, aunque sigue sin resolverse en esta urbe portuaria el problema de consumo de drogas.

La "Ciudad del Encanto" intenta sacudirse la mala imagen cultivada a través de años, pero los problemas de drogadicción y barrios desvencijados incluso han servido de inspiración para exitosas series televisivas como "The Wire".

No en balde esta emblemática ciudad en la costa Este de Estados Unidos fue incluida en 2009 en la lista de las "capitales de la droga" del país por la prestigiosa revista Forbes, y la heroína es su peor enemigo.

"El problema del uso de drogas ilícitas ha plagado a Baltimore durante décadas y el Departamento de Policía ha aprendido con rapidez que la policía no puede resolver esto con arrestos", dijo a Efe Anthony Guglielmi, portavoz del comisionado de la policía de Baltimore, Anthony Batts.

"Un tratamiento adecuado para los adictos sumado a la firme aplicación de las leyes contra los narcotraficantes que asuelan nuestras comunidades ha sido una exitosa estrategia para responder a este problema", agregó Guglielmi.

Según Guglielmi, la campaña contra las pandillas y la prevención de la violencia derivada de las armas ha logrado reducir la tasa de homicidio y tiroteos "a niveles jamás vistos desde la década de 1970".

Basta con recorrer un tramo de su histórica Avenida Pensilvania, en un barrio de familias de escasos recursos y de mayoría afroamericana, para constatar que, según activistas, la demanda de servicios para drogadictos supera con creces la ayuda disponible en la ciudad.

Las estadísticas revelan que 60.000 personas consumen diariamente drogas en Baltimore. "Hay muchos centros en la ciudad, pero la demanda es grande", dijo a Efe Steve Dixon, director de programas del Centro de Rehabilitación Penn-North, uno de los que más ayuda prestan a los drogadictos en la ciudad.

El centro, que forma parte de la red "Umbral hacia la Recuperación" ofrece diariamente talleres de capacitación laboral, respaldo psicológico, tratamientos con acupuntura, y otros servicios..

"Baltimore está en la primera línea de combate a la drogadicción porque siendo una ciudad portuaria es un punto de entrada de la droga, e incluso antes de que surgiera el crack, la ciudad tenía un problema de adicción a la heroína", señaló Dixon.

Dixon sabe de lo que habla: él mismo sufrió años adicción a las drogas pero, desde hace 15 años, se mantiene "limpio y libre" de ellas.

Sobre la misma avenida, unas cuantas cuadras más hacia el centro de la ciudad, "Martha's Place" sirve de refugio para mujeres golpeadas por la drogadicción, la violencia doméstica, o la indigencia.

La gerente de ese centro, establecido en 2000 en una vivienda abandonada, rechaza ser entrevistada, pero muestra un sencillo jardín con una fuente, y otro en la parte trasera, donde las mujeres hacen ejercicios de meditación frente a un mural de un frondoso bosque. La mujer coincide con Dixon en que es importante "quitar el estigma" al problema.

El problema del consumo de drogas, que alimenta el lucrativo negocio del narcotráfico, ha sido desde siempre un punto de fricción entre EE.UU. y el resto de los países en el continente americano, que exigen de Washington más medidas para reducir el consumo.

Pero el Gobierno de Washington insiste en que esta lucha es una "responsabilidad compartida".

Así, por ejemplo, aunque México ha registrado más de 60.000 muertos desde 2006 por culpa de la "narco-violencia", en Estados Unidos tan sólo en 2010, unas 38.329 personas murieron por sobredosis, según estadísticas de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades.

Por ello, al reconducir el enfoque de su estrategia antidrogas, el Gobierno de Obama quiere poner énfasis en la otra cara del problema, que además de serlo de seguridad es, sobre todo, de salud pública.

"Es un asunto de salud pública, y hasta que no lo asumamos plenamente, va a ser algo muy costoso, porque se va a gastar mucho dinero en arrestos y encarcelamientos, solo para que luego salgan de la cárcel y vuelvan a usar las drogas. Con solo un parte de ese dinero se podrían ofrecer mejores tratamientos", puntualizó Dixon.

María Peña

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