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El fantasma de la guerra del Líbano sigue en la frontera diez años después

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El fantasma de la guerra del Líbano sigue en la frontera diez años después

El fantasma de la guerra del Líbano sigue en la frontera diez años después

Diez años después de una guerra que dejó al descubierto el talón de Aquiles de Israel y con Hizbulá empantanado en Siria, el Ejército israelí no cree que el brazo armado del movimiento chií vaya a embarcarse en una nueva aventura militar, si bien la tensión fronteriza es constante.

"La calma es relativa, en cualquier momento todo puede dar un vuelco. En realidad estamos ante una 'calma engañosa' porque lo que ocurre es que el Ejército tiene ahora un efecto disuasorio y Hizbulá está ocupado en Siria", dice a Efe el teniente coronel Moshé Dangor, comandante de uno de los sectores fronterizos con Líbano más sensibles.

Desde lo alto del acantilado de Manara, en el extremo norte del llamado Dedo de la Galilea, Dangor apunta a las pequeñas aldeas libanesas y recuerda uno tras otro los distintos incidentes armados que han tenido lugar en la zona a lo largo de los últimos años.

Ninguno tuvo la capacidad explosiva de la operación que el brazo armado de Hizbulá lanzó a las 9.05 del 12 de julio de 2006 cuando, tras un bombardeo de posiciones militares a lo largo de la frontera, un comando chií se adentró en Israel, mató a 3 soldados y capturó a otros 2 sin que nadie se percatara en más de 45 minutos.

Una incursión israelí para tratar de recuperar a los soldados Ehud Goldwasser y Eldad Regev -cuyos cadáveres fueron canjeados en 2008- se encontró con una emboscada que costó la vida a otros 5 militares, desencadenando masivos bombardeos a ambos lados apenas 16 días después de un suceso similar en Gaza.

La guerra duró 34 días y causó la muerte de más de 1.100 libaneses, al menos dos tercios civiles, y 165 israelíes, de estos medio centenar de civiles.

La masiva destrucción de barrios chíies en Beirut y otras ciudades -provocando un éxodo masivo- no tenía precedente, como tampoco la paralización del tercio norte de Israel a raíz de los miles de cohetes y morteros disparados por Hizbulá.

Había comenzado una nueva era en la región: la de una mutua disuasión, circunstancia a la que Israel no estaba acostumbrada.

"Fue la primera vez en casi cuatro décadas que ciudades enteras israelíes se veían bombardeadas, con cientos de miles de personas en los refugios y sin que el Ejército pudiera poner fin a la lluvia de cohetes", explica Shlomo Aviv, vecino de uno de los plácidos moshav (cooperativa agrícola) en la zona fronteriza.

Alrededor de 4.000 cohetes impactaron en suelo israelí, decenas en la ciudad portuaria de Haifa, algunos tan lejos como Hedera, en el límite del corazón financiero del país.

En las cinco semanas de guerra, un cuarto de millón de israelíes fueron evacuados de sus casas y un millón pasó largas horas, a veces días enteros, en los refugios.

Diez años después, las pastorales escenas de la Galilea superior, con sus boscosos montes y pequeñas aldeas de tejados suizos, consiguen engañar a cualquier visitante, pero no a los residentes: el fantasma de una guerra con más vencidos que vencedores sigue para ellos tan presente como entonces.

"No es que hayamos tenido paz estos diez años. Cuando no es un grupo es otro, pero cada cierto tiempo nos atacan y muere algún soldado", subraya Lior, hijo de Aviv.

Desde entonces, el estado de alerta es permanente en todas las brigadas fronterizas, que no dejan de prepararse para salir airosos del campo de batalla, y no con una tormenta de críticas como en 2006, cuando la falta de preparación israelí fue más que evidente y provocó indirectamente las dimisiones del ministro de Defensa y del jefe del Estado Mayor.

"Hoy nuestra preparación es mucho mayor. Hemos mejorado mucho en nuestra capacidad para defender las fronteras y todo es muy distinto por la capacidad tecnológica", explica a Efe el teniente coronel Eli Sojolosky, jefe de la Escuela Naval de Oficiales.

La Marina es uno de los ejércitos más reforzados por la nueva necesidad de proteger reservas de gas natural en aguas del Mediterráneo, pero no el único.

El otro es el cuerpo de defensa antiaérea, que desde 2011 cuenta con las baterías Cúpula de Hierro, probadas con notorio éxito en la guerra de Gaza de 2014 pero no frente a la más poderosa Hizbulá.

"Hizbulá está adquiriendo en Siria una gran experiencia de combate y contra eso nos prepararnos constantemente porque en el otro lado siempre existe la motivación de atacarnos", dice Dangor.

La particularidad del sector bajo su mando -reconoce- está en que "aquí cualquier suceso puntual tiene el potencial de provocar un cambio sistémico" en toda la frontera, como ocurrió aquel dramático 12 de julio de 2006.

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