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La fuerza regional del Sahel que apoya Macron tiene numerosas dificultades

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La fuerza regional del Sahel que apoya Macron tiene numerosas dificultades

La fuerza regional del Sahel que apoya Macron tiene numerosas dificultades

La futura fuerza militar de los países del Sahel agrupados en el llamado G5 (Mauritania, Mali, Burkina, Níger y Chad) se enfrenta a numerosas dificultades, pese al apoyo explícito que el presidente francés, Emmanuel Macron, ayer en Bamako.

Según dijo a Efe el analista maliense Cheikh Omar Konaré, es comprensible que Francia quiera "tropicalizar" el conflicto para no ser criticada por un supuesto neocolonialismo, pero es improbable que la fuerza regional de paz triunfe allí donde la misión de la ONU (Minusma) ha fracasado, pese a contar con más dinero y más medios.

Konaré cree que Francia quiere "aligerar sus cargas" en el Sahel, donde soporta desde 2013 la mayor parte del peso de la lucha contra el yihadismo a través de su dispositivo militar Barkhane, compuesto por 4.000 soldados galos desplegados esos mismos países sahelianos.

Macron reconoció ayer en Bamako que Francia gasta en el Sahel el 50% de su presupuesto en "cooperación de seguridad y defensa", lo que justificó con el argumento de que en esa zona "se juega la seguridad del continente africano (y) de Europa".

Añadió que la futura fuerza regional no va a sustituir a Barkhane ni a la Minusma, de las que será "complementaria", pero para Konaré es evidente que Francia quiere disminuir su implicación en el Sahel, implicar a otros actores europeos (principalmente Alemania) o a EEUU y dedicar menos fondos a su despliegue exterior.

Pese a una resolución de apoyo en el Consejo de Seguridad y al viaje de Macron para darle un espaldarazo "in situ", la fuerza regional de paz no pasa de ser un conjunto de buenos propósitos cuya operatividad se ve aún lejana.

Ayer se anunció en Bamako que su centro de mando estará en Sévaré, en el centro de Mali, pero las grandes preguntas siguen abiertas: ¿cuántos soldados aportará cada país? ¿quién financiará los cerca de 423 millones de euros que costará su despliegue?.

En la cuestión financiera, sólo se ha obtenido un compromiso claro de 50 millones por parte de la Unión Europea (UE), más otros 50 a razón de diez por país integrante y otros ocho que Francia prometió ayer para echar a andar el centro de mando en Sévaré.

Parece improbable que el Gobierno de Donald Trump, que acaba de recortar el 7% en las operaciones de paz de la ONU, quiera contribuir a financiar una fuerza que ya se superpone con la Minusma y con el despliegue francés.

En cuando a la capacidad militar de cada país, hay grandísimos desequilibrios, y solo Chad y Níger cuentan con ejércitos rodados y eficaces, con amplia experiencia exterior en misiones de paz.

El analista Konaré apunta además al dudoso compromiso de Mauritania, un país del que sus socios sospechan que tiene firmado un pacto secreto con los grupos yihadistas, la única explicación al hecho de que no haya sufrido un solo atentado (ni secuestro) en los últimos cinco años.

En cuanto a Chad, fuertemente golpeado por la crisis económica interna, sufre de forma aguda los retrasos en el pago a sus miles de soldados desplegados en África y será de los que más padecerá el recorte general aprobado en la ONU, por lo que su compromiso con la nueva fuerza también se presenta como incierto.

Konaré añade dos preguntas sin respuesta: ¿por qué los países del Sahel, cada uno con sus prioridades, aceptarían implicarse en el norte de Mali, verdadero feudo yihadista, con el riesgo de represalias en sus propios países?

La lucha contra el yihadismo -como recordó ayer Macron- ha costado la vida a 150 militares o policías malienses, frente a "sólo" 30 nigerinos y 15 burkineses, pero estas cifras podrían cambiar en caso de regionalizarse el conflicto maliense.

Y segunda pregunta: ¿Cómo la futura fuerza logrará resultados allí donde Minusma y Barkhane, cada una con un centro de mando claro y estructurado y una financiación generosa, han fracasado?.

No es casual que la Minusma sea en estos momentos la misión de paz más mortífera de la ONU, porque no ha logrado acabar con dos fenómenos estructurales: la penetración del yihadismo entre la población local del norte de Mali y la connivencia de los grupos terroristas con varios de los movimientos tuaregs. Idrissa Diakité

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