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¿Es posible una política de izquierda sin romper con el euro?

Un debate sobre la crisis del euro y la construcción de alternativas (I)

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Manifestantes ante la sede del BCE en Fránkfurt. /Foto: Efe

Manifestantes ante la sede del BCE en Fránkfurt. /Foto: Efe


Pedro Montes: “No cabe hacerse ilusiones sobre una salida del euro sin ruptura del orden establecido”

Daniel Albarracín: “No hay margen para una política de izquierdas en el marco actual; cualquier agenda alternativa debe desobedecer el esquema de la UE”

Eduardo Gutiérrez: “Todavía cabe abrir un proceso acelerado de refundación hacia la Europa federal, ratificado democráticamente por los ciudadanos”

Iván H. Ayala: “La salida del euro es una “incertidumbre” con la que los gobiernos arrodillan a los pueblos a golpe de austeridad. Esto es imperialismo ideológico”


El futuro del euro sigue siendo una incertidumbre, y las turbulencias de meses atrás pueden regresar en cualquier momento. Pero más allá de las decisiones de gobiernos e instituciones, y al margen de lo que dispongan los llamados “mercados”, el futuro del euro es un debate abierto en la izquierda europea. ¿Qué propone la izquierda política y social ante la crisis de la moneda única? ¿Tiene una propuesta propia, elaborada y factible, o camina a remolque de los acontecimientos?

En la izquierda española no existe una posición única ante el futuro del euro. Conviven defensores de la salida unilateral de España del euro, con partidarios de una reforma en profundidad de la zona euro, junto a quienes rechazan el dilema “euro sí, euro no” y optan por situar la controversia en otro plano, apuntando al capitalismo y las políticas neoliberales más que a la propia moneda.

Desde el colectivo Qué hacemos queremos aprovechar la publicación del libro Qué hacemos con el euro para relanzar este debate en la izquierda española. Los cuatro economistas autores del libro coinciden en el carácter fallido del euro desde su fundación, pero discrepan en cuanto a los posibles escenarios a corto plazo, y en cuál debería ser la apuesta de la izquierda. Su cruce de reflexiones es bastante representativo de las diferencias en el seno de la izquierda hoy.

En esta primera entrega los cuatro analizan la evolución de la crisis; las causas y sus responsables; el papel de Alemania; qué puede suceder en los próximos meses en Europa (¿continuidad, reforma, ruptura, expulsión, salida?), y si cabe una política de izquierda en el actual marco europeo. En una segunda entrega se centrarán en las posibles consecuencias de una salida de España del euro, y concretarán cuáles deberían ser las prioridades de la izquierda.




Hay coincidencia en que el euro fue un proyecto mal concebido desde su origen, pero, ¿había posibilidad en su momento de fundar una moneda única con bases diferentes?

DANIEL ALBARRACÍN: Aunque la propaganda institucional lo silenció, hubo otras voces con perspectiva crítica, incluso economistas convencionales. La moneda es como el tejado de un edificio, debe ser lo último, previamente hay que construir pilares sólidos, tanto económicos como sociales, políticos y democráticos. Hubo propuestas en este sentido, pero fueron confinadas a la irrelevancia, también por la socialdemocracia, que defendía una Europa idealizada que acabó sometida por el látigo del sistema euro.

PEDRO MONTES: Europa había vivido veinte siglos sin moneda única, bien podría haber esperado algunos años más. Hasta última hora no se supo cuál sería la conformación final del euro y durante todos los años previos se discutió de sus características y de los países que debían participar.

EDUARDO GUTIÉRREZ: Existían posibilidades de incorporar objetivos relacionados con el pleno empleo. De hecho hubo propuestas claras y explícitas de incorporar sistemas fiscales comunitarios más intensos, y en algún momento se planteó incorporar como un indicador real la tasa de paro de cada país.

IVÁN H. AYALA: La respuesta rápida sería no. El euro y todo su entramado institucional es el resultado lógico del proceso de integración europeo, históricamente configurado en función de los intereses de las grandes empresas, defendidos por los países centrales, principalmente Francia y Alemania.


¿Cuánto de la actual crisis europea es imputable al diseño del euro? ¿La crisis del euro es causa o consecuencia de las sucesivas crisis financiera, económica y social?

PEDRO MONTES: Lo es en un porcentaje altísimo. Para empezar, por los profundos desequilibrios de la balanza de pagos que ha originado y en segundo lugar por las extraordinarias facilidades de financiación que supuso en los primeros momentos, distrayendo de la acumulación de deuda externa que registraban los países mas débiles, como Grecia, Portugal o España. La crisis financiera internacional pudo catalizar la crisis del euro, pero ésta se encontraba ya generada desde hacía mucho tiempo.

EDUARDO GUTIÉRREZ: No, la crisis del euro no es consecuencia de la crisis financiera global, que solo actúa como catalizador, como acelerador de los desequilibrios que genera un área monetaria sin mecanismos de reequilibrio.

DANIEL ALBARRACÍN: El problema de diseño de la UE y del sistema euro es grave, pero no se puede comprender la envergadura y complejidad de la actual crisis sólo por la existencia del euro. El sistema euro ha agudizado la crisis, y dificulta la salida, pero no es el causante principal, pues venía lastrándose tiempo atrás, por las fuertes contradicciones acumuladas por el capitalismo desde los ochenta. El euro era un mal diseño, que agudiza hoy los problemas, pero ha sido la crisis capitalista la que se lo está llevando por delante.

IVÁN AYALA: Evidentemente el diseño institucional del euro es el pecado original de esta moneda única, y la catástrofe del euro se habría producido con o sin crisis financiera. Pero no olvidemos que el euro y la UE son la forma que los países miembros han encontrado para inscribirse en el capitalismo global, donde predomina la esfera financiera sobre la productiva. Es esa financiarización la que nos lleva a una crisis del capitalismo que se habría producido con o sin moneda única.



Daniel Albarracín: “Fracciones del capital industrial que sólo operan a nivel nacional, indiferente a las exportaciones, pueden estar interesadas en recuperar las monedas nacionales”


¿Es cierta la responsabilidad de Alemania, o estamos sobredimensionando su papel?

EDUARDO GUTIÉRREZ: La responsabilidad de las clases empresariales y políticas alemanas es mayoritaria en el diseño del euro, configurado a su medida. Y también es responsable su oligarquía industrial financiera y sus grandes partidos por la actual profundización en las políticas de austeridad y control del déficit público.

DANIEL ALBARRACÍN: Alemania tiene un papel muy importante, pero debemos huir de simplificaciones. No hay que dejarse arrastrar por una equivocada rivalidad entre pueblos y naciones. Los trabajadores alemanes han padecido una década de ajuste salarial durísimo y minijobs. Los gobiernos europeos están muy condicionados por el gran capital transnacional, y tampoco Alemania es el único responsable de la política monetaria del BCE. Por otro lado, la incorporación del FMI –que representa intereses estadounidenses- introduce nuevos condicionantes, porque su posición es más pragmática que la intransigencia del BCE. En suma, el centro de atención no lo debemos poner sólo en el poder alemán, sino en unas relaciones sociales entre clases, donde los gobiernos son agentes del capital privado transnacional, pero que también juegan intereses institucionales diferentes en el diseño de las políticas europeas.

IVÁN H. AYALA:  Alemania como tal no existe en una cosmología capitalista, sino que existen diferentes grupos sociales dentro de dicho país: en la presente crisis ni todos los españoles pierden (véase Botín), ni todos los alemanes ganan (véase trabajadores alemanes). Los desequilibrios europeos se han creado a partir de los intereses de las grandes corporaciones europeas, no de los pueblos. La verdadera responsabilidad no se encuentra en países sino en personas a las que no solo no se les está exigiendo responsabilidades, sino que además están siendo premiadas por el mercado.

PEDRO MONTES: En el inicio no cabe pedir responsabilidades a Alemania, sino culpar a los dirigentes políticos del resto de países por crear el euro estando por medio la poderosa economía alemana. Sí cabe especular sobre cómo los cambios en el Este, incluida la desaparición de la URSS, han podido modificar los proyectos estratégicos de Alemania, y que tenga en mente ejercer una hegemonía en Europa que traspasa los contornos de la zona euro.


A menudo se presenta a Estados Unidos como alternativa, como una política opuesta a la austeridad europea, ¿es así? ¿Podemos sacar algo de la experiencia estadounidense?

IVÁN H. AYALA: . La diferencia de la FED y el BCE es patente: mientras que el primero actúa como un banco central, permitiendo a EEUU tener una política monetaria, el BCE actúa como banco alemán, impidiendo a los países de la zona euro tener una política monetaria. Tienen una diferente visión de la gestión de un sistema capitalista. Actualmente el BCE es la mayor fuente de inestabilidad financiera a nivel mundial. Pero si la crisis es del capitalismo financiero, entonces EEUU no es una alternativa.

PEDRO MONTES: Las concepciones neoliberales no son distintas. Lo que demuestra es la enorme ventaja que tiene un país cuando es soberano para manejar la política monetaria, decidiendo en función de sus necesidades económicas y sociales.

DANIEL ALBARRACÍN: Obama ha disfrutado la ventaja de contar con la moneda de reserva internacional más asentada del mundo, y al contar con la confianza del gran capital internacional en aquella economía como país refugio, pues son ellos los guardianes militares del mundo. Pero también allí las mayorías sociales están sufriendo caídas salariales, destrucción de empleo y retrocesos históricos de sus servicios públicos de bienestar.

EDUARDO GUTIÉRREZ: La Reserva Federal estadounidense no está preocupada por la inflación, a diferencia del integrismo fiscal alemán. Estados Unidos cuenta con un presupuesto federal del 24% del PIB, que permite transferencias a los estados con problemas, frente al 1% de presupuesto europeo.


Pedro Montes: “Para la izquierda no debería haber debate. Ninguno de sus objetivos, valores y proyectos sociales pueden lograrse en el contexto de la unión monetaria.”


¿Qué escenario veis más probable a corto y medio plazo? ¿Continuidad, desaparición del euro, salida de uno o varios países, refundación con nuevas bases?

PEDRO MONTES: Desaparición del euro tal como está conformado hoy. No se si se romperá completamente o solo parcialmente por la desaparición de los países más débiles, y si será una voladura controlada o una quiebra inmanejable. La situación es insostenible, y si se resolvieran por arte de magia los problemas de deuda y déficit, un día después empezaría a generarse la siguiente crisis.

EDUARDO GUTIÉRREZ: El escenario más probable es un agónico proceso de desendeudamiento privado y público. Se irán dando pasos lentamente hacia una Europa federal, pero mientras tanto millones de europeos sufriremos un deterioro laboral, económico y social creciente. Con todo, no es descartable que se precipite un colapso caótico, si los niveles de financiación de la liquidez son incapaces de evitar algún impago por alguna gran corporación europea.

IVÁN H. AYALA: El problema de las predicciones es la inestabilidad de la situación actual. Estamos en el centro de la tormenta y cualquier evento notable puede cambiar el rumbo de las cosas. Actualmente España está irremediablemente abocada a una crisis de solvencia, porque genera más deuda de la que puede pagar en cada periodo. Esta situación es compartida por Grecia, Portugal e Italia. Esto significa que más temprano que tarde la situación de impago será un hecho. Ante eso caben varias opciones: que los países centrales concedan pequeños rescates para seguir afrontando los pagos de la deuda (a sus bancos) a cambio de brutales ajustes; o que Grecia o España se declaren en suspensión de pagos, de forma que sean los mercados los que echen a ciertos países de la zona euro.

DANIEL ALBARRACÍN: Tras el verano la tormenta de las primas de riesgo ha amainado algo, pero seguimos al borde del precipicio. Lo más previsible es que pasados unos meses, a lo sumo dos años, estas medidas sean incapaces de evitar un estallido del sistema bancario europeo, con quiebras sucesivas. El detonante puede ser la declaración de impago de un país, o de una significativa parte del capital privado. Lo más probable es que se trate de salvar el euro a toda costa, pero con algún sacrificio ejemplar. Grecia es el principal candidato a la expulsión, para con su tragedia disciplinar a los demás. Estos y otros escenarios son en todo caso muy contraproducentes para las clases populares.


Las medidas adoptadas en los últimos dos años en Europa, ¿ralentizan o aceleran la descomposición? ¿Cierran el camino a propuestas alternativas y obligan a seguir adelante?

PEDRO MONTES: Los casos de Grecia y Portugal, y ya también de España, muestran que la crisis se agrava con medidas que persiguen sin éxito disminuir los déficit públicos, cuando el gran problema de fondo es el montante de la deuda. No cabe hacerse ilusiones sobre una salida sin ruptura del orden establecido.

DANIEL ALBARRACÍN: Son medidas extraordinariamente recesivas, y entrañan una transferencia de rentas y poder favorable a las rentas del capital. No tienen por qué acelerar el fin del euro, pero aumentarán la inestabilidad y las desigualdades. En cuanto a las propuestas alternativas, lo que se nos plantea es que éstas solo serán posibles con medidas de subversión más drásticas, como desobedecer los tratados europeos y abrir nuevas alianzas sociales e internacionales.

EDUARDO GUTIÉRREZ: Las medidas adoptadas, especialmente la “regla de oro” introducida en constituciones, santifican e institucionalizan el ‘genoma neoliberal’, cerrando el paso a propuestas alternativas. La refundación del euro aparece así como una tarea titánica, lo que intensificará las convulsiones políticas y sociales.

IVAN H. AYALA: Europa corre el peligro de una crisis civilizatoria que ponga en cuestión principios como la solidaridad, justicia social, derechos humanos, democracia, etc. Se ha llegado a un fin de ciclo, un cambio de régimen que tendrá como consecuencia la reconfiguración del continente europeo y por tanto de la economía mundial. El resultado dependerá de la lucha de fuerzas políticas que se de en los diferentes países miembros.



Eduardo Gutiérrez: “Se irán dando pasos lentamente hacia una Europa federal, pero mientras tanto millones de europeos sufriremos un deterioro creciente.”


Desde Europa se insiste en el mensaje de la “irreversibilidad” del euro. ¿Es irreversible el euro? ¿Apuestan de verdad los gobiernos e instituciones europeas por el futuro del euro, o trabajan ya con otros escenarios? ¿Y los “mercados”?

EDUARDO GUTIÉRREZ: Hay muchos ejemplos de grandes corporaciones financieras que vienen realizando simulaciones y planes de recolocación de fondos y depósitos, descontando un escenario plausible de ruptura del euro. Algunos de 2011 ya estimaban el impacto de la ruptura en un 15-25% de destrucción de renta para la mayoría de países, incluida Alemania.

DANIEL ALBARRACÍN: El euro no tiene por qué ser irreversible, este es un asunto político. Los gobiernos europeos actuales sí apuestan por la pervivencia del euro, conscientes de la necesidad de cambios institucionales de envergadura, eso sí, siempre favorables a los intereses del gran capital transnacional europeo (y también norteamericano, vía FMI). No cabe hablar de los mercados sin recordar que están conformados por ciertos oligopolios corporativos que sí apuestan por la continuidad del euro. En cambio, fracciones del capital industrial que sólo operan a nivel nacional, indiferente a las exportaciones, pueden estar interesadas en recuperar las monedas nacionales.

PEDRO MONTES: Es pura propaganda. Se sabe que muchas instituciones están haciendo estudios sobre las hipotéticas consecuencias de la desaparición del euro, contemplando diversos escenarios. Los gobiernos de los países más débiles parecen resistirse por no alimentar sospechas, pero es una grave irresponsabilidad. Lo crean o no, lo quieran o no, el deber debiera ser enfrentar la posibilidad del hundimiento de la moneda única.

IVÁN H. AYALA: El euro es una moneda basada en un entramado institucional que se sostiene sobre tratados internacionales. El problema no es la salida, que es simplemente una decisión política, sino que dicha salida tiene unas consecuencias que solo se pueden afrontar con una altura de miras que no tiene ningún partido político en España. Se ha alimentado un sentimiento naif de europeísmo basado en un discurso sentimentalista. Pero la historia está plagada de situaciones irreversibles que se revirtieron.


Ese discurso de la irreversibilidad se basa en una consigna que anula el debate: “o el euro o el caos”. ¿Es esa la disyuntiva?

EDUARDO GUTIÉRREZ: La disyuntiva no es austeridad en el euro o caos fuera de él. Entre ambos existen amplias posibilidades económicas y políticas. Cabe abrir un proceso acelerado de refundación constitucional de la UE, que implique un salto rápido hacia la Europa federal, con una cesión de soberanía que sea ratificada democráticamente por los ciudadanos.

PEDRO MONTES: El euro y el caos son la misma alternativa. Las perturbaciones de una salida del euro, siendo grandes, objetivamente tienen la ventaja de que podrán amortiguarse y corregirse con el tiempo. Así que lo que hay que elegir es el caos del euro o un período complicado, ya sin euro, para resolver los problemas que ha promovido la moneda común. Para la izquierda, no debería haber debate. Ninguno de sus objetivos, valores y proyectos sociales pueden lograrse en el contexto de la unión monetaria. Tienen sin duda miedo al vacío, pero se trata de eso: miedo e irresponsabilidad, revestida de corrección y sensatez.

DANIEL ALBARRACÍN: El euro aboca a un drama social para las clases populares y regiones más débiles, salir del euro conduce al empobrecimiento en la periferia. El dilema principal no es continuar o salir del euro, sino el esquema de funcionamiento socioeconómico. El foco de atención debiera ser otro. El primer lugar, la ilegitimidad de las deudas contraídas. En segundo lugar, las políticas de recortes y las condiciones de los “secuestros financieros” que la Troika está imponiendo. En tercer lugar, pero como base determinante, el modelo económico capitalista.

IVÁN H. AYALA: El caos está más relacionado con las medidas de austeridad (ergo, con el euro) que con otra cosa. No obstante las turbulencias financieras, las consecuencias macroeconómicas de la salida, mercados de capitales, etc., conforman un contexto difícil de destrincar para la población. En este contexto, la salida del euro es una “incertidumbre” con la que los gobiernos juegan para arrodillar a los pueblos a golpe de austeridad. Esto es imperialismo ideológico, pues la opinión pública en este sentido está secuestrada. No existe un debate real de la salida del euro.



Iván H. Ayala:  “España está irremediablemente abocada a una crisis de solvencia, y el impago será un hecho más temprano que tarde.”


La actual estructura monetaria y financiera europea, ¿deja algún margen para otro tipo de políticas? Dicho de otra manera: ¿existe una salida de izquierda a la crisis europea sin alterar en lo fundamental el actual marco de relaciones?

IVÁN H. AYALA: No. El proceso de integración comunitario responde a unos intereses determinados, y todo el entramado institucional está diseñado para la consecución de unos objetivos. Parece mucho más probable que el euro estalle a que el BCE compre deuda directamente a los estados. Parece radicalmente imposible que una política de izquierdas se pueda llevar a cabo en un entorno dirigido por instituciones diseñadas por el conservadurismo y la élite financiera.

PEDRO MONTES: Absolutamente no. Cuando en el Congreso la izquierda reclama una salida progresista a la crisis, Rajoy devora a sus oponentes: “díganme si lo que están proponiendo es romper con Europa, porque en otro caso la Europa que nos presta el dinero para sobrevivir reclama y exige lo que yo estoy haciendo”. La derecha está aprovechando la crisis de un modo canallesco para implantar sus concepciones ideológicas, pero hay que admitir que los márgenes para practicar otra política son muy estrechos. De ahí el impasse de la izquierda.

DANIEL ALBARRACÍN: No hay margen para una política de izquierdas sin acabar con el marco de relaciones actual. Los Tratados de la Unión Europea han diseñado un monstruo que blinda el enriquecimiento de las elites europeas, fragmenta a los pueblos de Europa y empobrece a las clases populares. Cualquier agenda alternativa debe desobedecer el esquema de la UE y el sistema euro.

EDUARDO GUTIÉRREZ:  El sistema de tratados de la zona euro reduce el margen de actuación, pero habría algo de margen de no ser por las políticas obsesivas con el déficit público. Ahora bien, dicho margen, que permitiría pequeños cambios en las políticas de austeridad, sería a medio plazo insuficiente para corregir los desequilibrios de origen.


La salida de algún país del euro, ¿cómo afectaría al resto? ¿Sobreviviría el euro a una o varias salidas?

EDUARDO GUTIÉRREZ: La salida de un país como Grecia supondría el principio del desenlace del euro. Si se tratase de otros como España o Portugal, el euro en su formulación actual no sobreviviría más de unas semanas.

DANIEL ALBARRACÍN: Depende de la envergadura del país. La salida de Grecia causaría una significativa conmoción, porque vendría acompañada de una declaración de impago con la consiguiente crisis bancaria centroeuropea y su repercusión a la norteamericana, vía CDS. Sin embargo su impacto sería absorbible. No sería el caso, por ejemplo, si España o Italia abandonasen el euro, pues el impacto sería de grandes proporciones. Pero eso no equivale a que el euro tuviese sus días contados en todos los países.

PEDRO MONTES: Depende. La salida de algún país, sobre todo si no es muy grande, como Grecia o Portugal, sería soportable. Pero toda la unión monetaria está socavada y conectada. La corrosión se amplía de un país a otro.

IVÁN H. AYALA: Si Grecia suspendiese pagos, y ello desembocase en una salida del euro, se desatarían procesos especulativos sobre otros países, como España, que estaría la siguiente en la lista, y después Italia, y por supuesto Portugal e Irlanda. Los países centrales se replegarían en un euro donde solo cupieran ellos, utilizando su masa económica para sostener la moneda y sus economías. El proceso sería traumático para todas las partes, pues la reorientación de toda la producción que vierten en la UE tardaría años en realizarse. En cualquier caso parece altamente probable que el euro tal y como lo conocemos ha llegado a su fin. Es un fin de ciclo, y el resultado dependerá en buena medida de las variables políticas: no sólo en los parlamentos, sino también la presión popular.






Más información sobre el libro Qué hacemos con el euro, en la web, y en twitter @_quehacemos


Eduardo Gutiérrez es licenciado en Económicas. Ha formado parte del Consejo Económico y Social, y del Consejo Superior de Estadística español y europeo. Es asesor económico de CCOO y autor de varios libros.

Daniel Albarracín es economista y sociólogo, técnico de FECOHT-CCOO, y ha sido profesor en la Universidad Carlos III. Investigador en el campo de las relaciones laborales, políticas sociales, economía española y europea.

Iván H. Ayala es economista, investigador en el campo de la economía postkeynesiana, metodología, financiarización y economía europea. Miembro del colectivo econoNuestra y participante en el Grupo de Trabajo de Economía Sol (15-M).

Pedro Montes, economista. Su vida profesional transcurrió en el Servicio de Estudios del Banco España. Autor de varios libros, entre otros La historia inacabada del euro. Siempre vinculado a la izquierda, es presidente de Socialismo 21.


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