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Vistalegre II : “Somos capaces de todo”

Mucho se está hablando sobre la feminización de la política. Esta no es una lucha por conquistar el poder, es una lucha por conquistar la vida. Y eso depende de todos nosotros.

“Somos capaces de todo” no debe ser sólo un bonito slogan, sino una realidad que haga cambiar la coyuntura política de nuestro país y de nuestras vidas.

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Beatriz Gimeno en Vistalegre II. Imagen del twitter de Miguel Urban

Beatriz Gimeno en Vistalegre II. Imagen del twitter de Miguel Urban

La feminización de la política es uno de los propósitos que Podemos ha enunciado en varias ocasiones. La feminización de la política no es sólo que exista paridad -que a estas alturas debería ser una realidad- sino “hacer de la dependencia o los servicios públicos de cuidados una prioridad de las políticas”, como explica Ana Requena en este artículo.

Hace una semana que fueron Los Goya. Desde allí se reivindicaron varios derechos y uno de ellas giraba en torno a esa feminización de la mujer en el cine. O eso se pretendía.

«Hay que seguir potenciando el papel de la mujer en todos los puestos de la sociedad -dijo Dani Rovira-. En el cine siguen haciendo falta mujeres que hagan películas sobre mujeres, con mujeres, para todo el mundo». Lo decía subido a un tacón, objeto que a mí al menos no me representa. No seré yo quien ponga en tela de juicio este discurso de Rovira -o del guionista que lo escribió-, pero sí el hecho de que los hombres lideren una lucha que nos corresponde. Me lo creería si el año que viene la Academia de Cine propusiera a una mujer para anunciar la Gala, como ha ocurrido en otras ocasiones. Lo que yo percibo desde la lejanía del cine y la política, como mera espectadora y cuidadana es a hombres anunciando desde sus altares que las mujeres tenemos derechos y que podemos aparecer en sus lugares de trabajo, sea en el cine en la política o en una oficina.

Las mujeres estamos a años luz de conseguir ese propósito, a pesar de que creo en el buen hacer de las personas que reivindican nuestro lugar en el mundo. El que nos pertenece, no el que nos concede nadie. Para nosotras todo es mucho más complicado desde que nacemos hasta que morimos, por el hecho de ser mujer, ya que “no se nace mujer, se llega a serlo”, tenemos diferencias y obstáculos en todos los ámbitos.  

Lo mismo pasa en el mundo de la diversidad funcional. Buenas intenciones y mensajes electorales y fotografías con personas con síndrome de down o en silla para ganar más votos. Promesas vacías sobre más puestos de trabajo y de responsabilidad entre los retrones y retronas.

Hoy, que sólo se habla de Vistalegre sé de buena tinta del buen criterio de algunos y las mejores de las intenciones para cambiar realmente las cosas. Pero las palabras que se emiten desde el atril pueden quedarse sólo en buenos propósitos o, en realidades de las que no haya que seguir hablando más.

Me gustaría que llegara el día en el que una mujer se empoderara lo suficiente para liderar un proceso político, y una mujer con diversidad funcional ¿por qué no? Desde abajo, siendo mujeres y con discapacidad quizá podamos entender lo que más necesita esta sociedad. Porque es en el fango donde miras a los ojos la cruda realidad, te enfrentas a ella e intentas remar para que no te lleve la corriente. Para ello se nos tienen que otorgar las herramientas idóneas para tener la mismas oportunidades que los demás. Y para ello es imprescindible que los cuidados no recaigan fundamentalmente en nosotras, que nosotras también dispongamos de asistentes personales hombres y no sólo mujeres -es la pescadilla que se muerde la cola-.

Algunos hombres me han asegurado con un mansplaining de manual que eso no cambiaría nada y el famoso “qué más da que sea mujer u hombre o blanco o negro o discapacitado si lo hace bien” el que lidere un partido. Pues sí importa. Cuando Obama fue el primer presidente de EEUU removió las tripas de muchos, a pesar de no ser partidaria de él. Es fundamental que se nos vea desde lo más alto y no a la sombra que es donde solemos estar acostumbradas, donde se nos ha relegado desde siempre y desde donde a veces ya no sabemos/podemos movernos. Somos hormiguitas silenciosas que hacemos posible vuestras vidas y que seguimos sosteniendo el sistema capitalista en el que vivimos.

Estuve dándole vueltas a la intención de la feminización de la política y al ver a dos líderes de los que tanto se ha hablado ya se ha dicho, imaginé, ¿qué pasaría si una de ellas fuera una mujer? Ana, no alucines, me dije: eso no va a pasar. Por ello, la política "no puede una pelea de gallos, un a ver quién grita más o quién dice la declaración más potente", como dice la experta Nuria Varela. Fantaseando quise ir aún más lejos y me imaginé a una mujer liderando una de las dos candidaturas a Secretaría General en silla de ruedas, por ejemplo, o invidente, o discapacidad intelectual o cualquier enfermedad discapacitante. Ana, ahora sí que se te ha ido la olla. Porque por mucho que en los anuncios de la tv o en los discursos o en los carteles de las fundaciones digan que “somos capaces de todo”, la realidad es que aunque lo seamos no nos dan esa oportunidad porque tienen miedo a dejarnos volar. Tienen miedo a que las más oprimidas, las últimas en el escalón de la igualdad seamos capaces de copar espacios de poder donde nunca hemos estado. Por hacer autocrítica, también es algo que nos corresponde a nosotras, porque “somos capaces de todo” no debe ser sólo un bonito slogan, sino una realidad que haga cambiar la coyuntura política de nuestro país y de nuestras vidas. Hay quien dice que es porque somos menos, pero no compro ese discurso, porque tampoco tenemos los mismos derechos en cualquier otro puesto de trabajo y ya no digamos de responsabilidad.

Beatriz Gimeno decía en Vistalegre II que las mujeres estamos en la primera línea en la vulneración de derechos humanos, por eso tenemos que estar en la primera línea contraatacando sus medidas neoliberales. “El feminismo no siempre es amable porque combate privilegios. Estaremos en la primera línea resistiendo al neoliberalismo, ni Trump ni Rajoy”, sentenciaba la diputada de Podemos de la Asamblea de Madrid.

Somos las últimas en la escala de igualdad, las más ninguneadas, precarizadas y olvidadas. Podemos seguir siendo olvidadas o podemos gritar bien alto. Esta no es una lucha por conquistar el poder, es una lucha por conquistar la vida. Y eso depende de todos nosotros.

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