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Rita, el respeto y la crítica

Nunca hubiéramos permanecido en nuestros escaños si se hubiera querido ensalzar la figura política de la senadora y exalcaldesa con la que siempre mantuvimos una relación especialmente áspera

Compromís combatió y denunció con contundencia las políticas de Rita Barberá. Pero una vez acabó la lucha política, gestos de respeto a la persona o a la ex-alcaldesa creo que son absolutamente razonables

Oír expresiones como “cacería” o “linchamiento” en boca de quienes la semana pasada en el Congreso la evitaban por todos los medios, se apartaban de ella, no le dirigían la palabra, es absolutamente miserable

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El miércoles en el Congreso, sorprendidos aún por la noticia del fallecimiento de la senadora Barberá, tuvimos que tomar una decisión complicada en muy poco tiempo, apenas tres minutos. A punto de empezar la sesión, la presidenta del Congreso me llamó y me dijo que se estaban planteando hacer un minuto de silencio por Rita Barberá. Y desde el primer momento lo tuve –lo tuvimos- claro y así se lo dije: “Compromís no se opone y estará presente”.

Entendimos que se trataba de un acto de respeto a la persona, a una senadora que había fallecido y no de un homenaje a la política que gobernó Valencia durante casi un cuarto de siglo con mano de acero. Nunca, nunca hubiéramos permanecido en nuestros escaños si se hubiera querido ensalzar la figura política de la senadora y exalcaldesa con la que siempre mantuvimos una relación especialmente áspera. Pero ayer entendimos que sólo se trataba de un acto de consideración personal. Sólo eso.

Mucha gente entendió así nuestra presencia ayer en el hemiciclo, como la de otras fuerzas muy críticas también con las políticas –en ambos sentidos- y los políticos del PP, y así nos lo hizo saber. Otros no lo entendieron así y también nos lo hicieron saber. Reconozco que no era una decisión fácil y que se presta a la controversia.

Desde el profundo respeto por la posición de cada cual, Compromís hizo en el Congreso, en el Senado, en el Ayuntamiento de Valencia y en el Parlamento Valenciano lo que se haría con cualquier senador, exalcalde o diputado, con independencia de su adscripción política. En este sentido quiero recalcar la actuación impecable del alcalde de Valencia, Joan Ribó, que contrasta con la nula consideración que la exalcaldesa tuvo con él, dimitiendo el mismo día que tenía que entregarle la vara de alcalde. Creo que la política necesita de gestos como el de Ribó, de normalidad democràtica. Compromís combatió y denunció con contundencia las políticas de Rita Barberá, y ella nos correspondía siempre que podía demostrándonos su extraordinaria animadversión hacia nosotros. Pero una vez acabó la lucha política, creo que gestos de respeto a la persona o a la ex-alcaldesa son absolutamente razonables.

Otra cosa es que ahora los mismos que la abandonaron quieran hacer recaer la culpa de su muerte en los que combatimos sus prácticas en el Ayuntamiento o en la prensa. Oír expresiones como “cacería” o “linchamiento” en boca de quienes la semana pasada en el Congreso, en la apertura de la legislatura, la evitaban por todos los medios, se apartaban de ella, no le dirigían la palabra, es absolutamente miserable.

Ver las lágrimas de cocodrilo que están derramando toda una corte de hipócritas que hace apenas tres días decían que Rita Barberá ya no era del PP y, por tanto, no era asunto suyo, es profundamente indignante. ¿Dónde estaban todos ellos el lunes cuando la senadora acudió al Tribunal Supremo a declarar?

No, a Rita no le dolían las críticas de sus adversarios políticos, a Rita –como a cualquier persona- le dolía el abandono de los suyos. Aquellos que hace año y medio se llenaban la boca diciendo que era la mejor alcaldesa de España y que hace una semana ni la saludaban. A Rita lo que le dolió de verdad fue la traición de su PP.

Cada político es responsable de las decisiones que tomó –y de las que no tomó- mientras gobernó. Y el nombre de Rita Barberá siempre estará ligado a una época oscura de la política valenciana en la que miembros de su partido, de su absoluta confianza, de su equipo más próximo, estuvieron implicados en graves casos de corrupción.

Me hubiera gustado que Rita viviera y se hubiera defendido en el caso de financiación ilegal por el que estaba siendo investigada. No podrá ser, como tampoco podrá ya nunca disculparse con las familias del accidente del metro por aquel feo gesto de burla que les dedicó.

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