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Trump, cazadores y pronucleares: Premios Atila para el Día Mundial del Medio Ambiente

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Álvaro Nadal señala la transición energética y la agenda digital como grandes retos

El ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, Álvaro Nadal EFE

Hoy se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, que así como día, suena bastante bien. Las redes se inundarán de tuits de nuestro Gobierno, de las empresas eléctricas que apuestan por un mundo más verde y hacen anuncios chulos en la tele, de nuestro comisario Arias Cañete diciendo lo malo que es Trump porque no cree en el cambio climático... Si a una la pillan despistada, tanto elenco de buenas declaraciones puede llevarla a concluir que estos señores se dedican de verdad a cuidar del medio ambiente, aunque sea un poquito. ¿Es esto cierto?, ¿aunque sea un poquito? A tenor de cómo evolucionan las cosas, lo cierto es que no, no es cierto. Piense en el cambio climático, en la contaminación del aire, en la deforestación de los bosques, en la incineración de residuos, o en la presión sobre los espacios naturales protegidos. No parece que la cosa vaya bien.

Y para visibilizar este sinsentido, el sinsentido de que quienes deben organizar y gestionar correctamente los recursos y los bienes comunes para que todas vivamos dignamente sean precisamente quienes no lo hacen, Ecologistas en Acción otorga cada año la víspera del Día Mundial del Medio Ambiente los premios Atila y Caballo de Atila a las peores conductas ambientales del año. Llevamos 25 años dando estos premios y el listado de premiados explica por sí solo por qué cada vez está peor lo que nos permite estar vivos (entendiendo aquí lo que nos hace estar vivas como todo aquello que mantiene sanos los ecosistemas de los que dependemos para respirar aire limpio, para beber agua sana, para que los insectos puedan polinizar las flores de las plantas que nos alimentan, para que nuestros suelos no estén contaminados, para que no tengamos que vivir cerca de un cementerio nuclear, para que siga habiendo peces en el mar…y cosas así). Ministros de medio ambiente, de energía, de fomento, presidentes de gobierno, bancos, instituciones europeas, grandes transnacionales…han sido los habituales de nuestra alfombra roja.

Este año nuestro premio Atila va compartido para Álvaro Nadal (nuestro ministro de Energía y Turismo) y para el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). Así como premiados hay que reconocer que les falta glamour pero lo saben suplir elegantemente haciendo valer sus intereses. Hasta tal punto que siguen empeñados en reabrir la central nuclear de Garoña, a pesar de que ni sus dueños quieren hacerlo, y en ampliar la vida útil de las centrales nucleares españolas a pesar de que ya nadie se cree que esta energía nos vaya a traer (a los ciudadanos y ciudadanas de a pie, se entiende) nada útil.

Y qué me dicen del lobby cinegético. Estos tienen un poco más de gancho y han conseguido nuestro premio Caballo de Atila. Y decimos que tienen gancho porque a pesar de que cada año practican la caza menos personas; a pesar de que dicen que son un sector económico de interés y en auge cuando no está contabilizado en ningún sitio el dinero que mueve esta actividad; y a pesar de que esté más que demostrado que la caza no sirve para controlar poblaciones sino que precisamente las desestabiliza, y de que muchas de las modalidades de caza no respetan siquiera los principios más elementales del bienestar animal (ni con los ejemplares que cazan ni con los animales domésticos empleados para ello); a pesar de todo eso, los cazadores han aparecido estos días en el Congreso de los Diputados para pedir que se les otorgue la distinción de conservadores de la naturaleza. Ahí queda eso.

Por si fuera poco, estos días se ha colado en la actualidad ambiental Donald Trump diciendo que Estados Unidos abandona el Tratado de París, así que nos hemos visto obligadas a dar un tercer premio, el premio Flequillo del Caballo de Atila. Y es que, vale que el Tratado de París no sea una maravilla, vale que la UE directamente tenga que cambiar su política energética de arriba abajo para que nos empecemos a creer un poco que de verdad le importa este asunto. Vale, pero es que la necedad de este señor se lleva la palma. Cuando nadie en el mundo científico (salvo el primo de Rajoy, se entiende) pone en duda, no ya la existencia del cambio climático (que es evidente) sino la gravedad del asunto, y el estado de emergencia global que debemos articular para no superar los dos grados centígrados de subida media de la temperatura, el presidente de EEUU se descuelga abandonando el único marco global de negociación que existe para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero. Eso sí, hay que reconocerle el mérito de conseguir que hasta que quienes menos interés tenían en el tema se hayan tenido que pronunciar.

Y hablando de esto, vaya tarde más maja se ha quedado para celebrar el día ese del medio ambiente, ¿no? Llévese un paraguas por si acaso que con este tiempo tan loco nunca se sabe.

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