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Solo hay un camino: la dignidad

Me temo que 'lo que se avecina' no siga ahora la estela que responda al estado de ánimo y opinión mayoritaria en las elecciones y que pedía un cambio, un verdadero cambio

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Van los actores políticos, en el sentido teatral, desarrollando su función con amagos, sobreactuaciones, incertidumbres sobre el siguiente acto, y pragmatismo de sus conveniencias particulares. Luego pretenderán, como siempre, justificar sus posiciones en principios como responsabilidad, estabilidad, etc. Pero a lo único que responde, también como siempre, es a intereses propios y partidarios.

Sin embargo, tengo abundantes dudas de que estén pensando, sobre todo, en los electores. Mejor dicho, no tengo dudas sino el convencimiento de que su mente está mucho más centrada en ellos mismos. Incluso alguno prometió (solo para salvar su cabeza en ese momento) consultar a las bases cuando ya no le da ni tiempo. Así, me temo que 'lo que se avecina' no siga ahora la estela que responda al estado de ánimo y opinión (ambas cosas) mayoritaria en las elecciones y que pedía un cambio, un verdadero cambio. 

Hemos pasado un túnel muy largo. Se inició hace tiempo y durante la etapa del anterior presidente y, especialmente, luego con el actual al frente (en funciones pero sin funcionar), ha sido un trayecto en el que no existía ni luz eléctrica para transitar. No se veía atisbo alguno de que podía acabarse. Un periodo que se hizo, para muchos, un sin fin y muy negro.

Cuando parece que podíamos ver algo de claridad y saliendo de ese interminable túnel, los ocupantes varios del vehículo llevan tiempo dudando qué ruta tomar ante un inminente cruce de carreteras. Hablan pero no hablan. Parece que no ponen de acuerdo. Y en esa duda, millones de personas vemos que solo hay un camino: la dignidad.

Todos los políticos son servidores del pueblo, más que del propio partido o de los intereses invisibles a los que sirven

Es urgente recuperar el camino para la dignificación de las instituciones. Estas han sido muy mancilladas de este tiempo. Todas han sido desvirtuadas y desvitalizadas. Precisamente, su debilitamiento ha posibilitado la arbitrariedad, los abusos y favoritismos. Particularmente, los órganos de control del poder político que han sido anulados en sus labores de contrapesos. Pero no solo en sus funciones sino también en sus reputación y solvencia. Su sometimiento al poder hegemónico les ha hecho merecedoras de un desprestigio no solo en el ámbito jurídico sino también en el social.

Solo hay un camino, la dignidad, para recuperar la dimensión humana de los gobernados que han sido, en múltiples sectores, desposeídos de esa cualidad de raíz de toda persona. A muy numerosas de ellas (nunca a la clase alta) no ya solo les han pasado de ciudadanos a súbditos (una vez votados, la 'democracia' terminaba) sino que se les ha tratado de modo humillante, con desprecio. De las cosas que más ha pecado este gobierno que se va es el de falta de humanidad.

Solo hay un camino, el de la dignidad, para tratar a los más vulnerables, golpeados no ya solo por esa crisis económica sino por el aprovechamiento de ésta para imponer unos planteamientos ideológicos de retroceso social. Si la clase media –el motor de una sociedad- ha sufrido mucho, los sectores necesitados de especial apoyo por su debilidad han sido particularmente afectados. Rebajar las desigualdades sociales debería de ser uno de los ejes de esa nueva senda y eso, con algunos copilotos es impensable pues es claro que no está en su hoja de ruta.

Solo hay un camino, el de la dignidad, para recuperar lo desandado en derechos humanos. Los retrocesos tanto a nivel de libertades políticas (ley mordaza, etc) como derechos sociales (reforma laboral y muchos otros) requieren revitalizar ideas democráticas. No caben componendas ni parches ni permitir el estancamiento sino resarcir plenamente lo destruido y expoliado. Y, por supuesto, tomar una nueva ruta. Cuando un sistema democrático se agrieta, ello requiere ser coherentes y valientes para acometer las reformas necesarias. Con diálogo, sí; con cesiones, también, pero asimismo con valentía y sentido de futuro.

Solo hay un camino, el de la dignidad para que 'ellos', todos, los políticos, se den cuenta de que son servidores del pueblo, más que del propio partido o de los intereses invisibles a los que sirven. En estos casi cinco años de movilización social tengo la sensación de que apenas se han enterado de lo que estaba pasando. ¿Se acuerdan aquel anuncio televisivo donde un zombi le decía a otra igual: "Piel, nos ha faltado piel". Se miraban y la vaciedad de sus ojos llenaba toda la pantalla, revelando que no entendían lo que les habían escrito en el guion. Pero eso no solo ellos sino otros que torticera y fingidamente utilizaban la expresión 'cambio'.

Creo que tras las elecciones hay actores que no acaban de enterarse que esta es otra película. Que tiene otra temática. Que tiene un enfoque diferente y en todo caso, más variado. Que tiene otra secuencia. Que tiene unos planos donde ellos salen menos y los ciudadanos ocupan más fotogramas. Que tiene un contenido, un continente, un trayecto y hasta un título diferente.

Solo hay un camino: la dignidad

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