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No corras Albert, que es peor

Sin mover un dedo, sin poner ni las gracias encima de la mesa, sin tener siquiera que pedírselo, Ciudadanos ya le ha regalado la abstención a los Populares

Rajoy es el único que no teme a unas nuevas elecciones. Los demás saben que supondrían un riesgo suicida. El líder popular juega con eso y con la certeza de que a Ciudadanos no le queda más remedio que darle su apoyo

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Rivera propone un gobierno de consenso PP-PSOE-Ciudadanos pero sin sus líderes y presidido por un independiente

Si Mariano Rajoy fuera un gato de esos que aún cazan para comer y Albert Rivera un ratón de campo, el minino ya estaría muerto de aburrimiento de tanto zamparse al ratoncito. Sin mover un dedo, sin poner ni las gracias encima de la mesa, sin tener siquiera que pedírselo, Ciudadanos ya le ha regalado la abstención a los Populares. A partir de ahí el cielo es el límite.

La estrategia de ligón de discoteca que Rajoy le ha aplicado a Rivera desde la noche del 26J -el mítico “dame tu número que ya te llamo yo”- ya había obrado el milagro de que el veto a Rajoy hubiera acabado resultando un invento de la prensa, o como mucho algo que se le escapaba a algún segunda fila poco actualizado en una de las decenas de ruedas de prensa que los naranja dan al día. Tras la fotografía en el Congreso ya tenemos la abstención y una hoja de ruta que incluye negociar el techo de gasto y de los presupuestos, un plan que sólo puede concebirse si se da por supuesta la investidura del presidente Rajoy.

En política es bueno hacer algunos números de vez en cuando. Para gobernar hacen falta 176 diputados y Rajoy sólo suma 137, apenas media docena más de los que sumó Pedro Sánchez y nadie exigió que se le dejara gobernar. Para salir investido con mayoría simple en segunda vuelta Rajoy necesita sumar a Ciudadanos como mínimo porque si no tendrá más de 150 votos en contra. La abstención de Ciudadanos no vale para nada y tampoco supone más presión para el PSOE. Reclamar en nombre de la responsabilidad que los socialistas se abstengan para que Rajoy gobierne con 137 una legislatura imposible constituye una frivolidad que sólo puede darse en España.

Rajoy es el único que no teme a unas nuevas elecciones. Los demás saben que supondrían un riesgo suicida. El líder popular juega con eso y con la certeza de que a Ciudadanos no le queda más remedio que darle su apoyo sino quiere demostrarle definitivamente a los electores que le quedan que votar naranja es votar inútil. Buena parte de los votantes de Rivera le han dado su papeleta precisamente para que gobernase con el PP y si ahora les falla, se irán para no regresar jamás. Quienes le votaron para otra cosa saben que Ciudadanos no suma pero sí resta para lograr un gobierno de cambio y ya empezaron la desbandada en junio.

Rajoy prefiere un acuerdo con los socialistas porque ni se fía de Rivera, ni le gusta Ciudadanos. Cree que si aguanta la presión lo suficiente los socialistas acabarán removiendo a quién considera su único obstáculo: Pedro Sánchez. Si falla el plan A entonces tirará de un plan B que sabe seguro. A Ciudadanos no le queda más salida que negociar y llegar a un acuerdo para apoyar su investidura. Porque le conviene y porque grupos, empresas, dinero y medios le ayudaron a llegar ahí precisamente para eso, para votar sí cuando hiciera falta.

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