Orgullo de Ser: la justicia no es un privilegio, es un derecho
Este año, Amnistía Internacional se moviliza bajo el lema Orgullo de Ser: una reivindicación del derecho a existir, amar, expresarse y vivir sin miedo, sin que eso dependa del país en el que naces, de la ciudad o pueblo en el que vives o de cuánto encajes en la normatividad.
Por eso este Orgullo pone nombre y rostro a tres luchas distintas, pero conectadas por una misma raíz.
En Argentina, Sofía Castro sigue reclamando verdad y justicia tras sobrevivir al triple lesbicidio cometido el 6 de mayo de 2024 en Buenos Aires. Aquella noche, un vecino lanzó un explosivo casero contra la habitación donde dormían Pamela Cobas, Roxana Figueroa, Andrea Amarante y la propia Sofía. Pamela, Roxana y Andrea murieron. Sofía sobrevivió para contarlo ocurrido y para exigir que la justicia reconozca que aquel horror estuvo motivado por el odio.
En Hungría, Géza Buzás-Hábel representa otra forma de resistencia: la de quienes defienden el derecho a reivindicar el Orgullo en un país donde el gobierno ha convertido los derechos LGTBI en objetivo político. Organizar, acompañar o sostener espacios de visibilidad se transforma allí en un acto de valentía frente a leyes y discursos que buscan expulsar a las personas LGTBI de la vida pública.
En Marruecos, Betty Lachgar, activista feminista y defensora de los derechos humanos, encarna el coste que aún puede tener defender públicamente derechos y libertades fundamentales: hoy está en prisión. Su caso recuerda que, en demasiados lugares, expresar una idea o defender una causa puede acabar ante los tribunales.
Tres países. Tres contextos. Tres historias diferentes.
En Argentina, el odio mató. En Hungría, reivindicar la libertad afectivo-sexual puede convertirse en riesgo. En Marruecos, expresarse puede costar la cárcel. Y en Andalucía, aunque el marco legal sea distinto, la memoria y el presente nos obligan a mirar de frente
Pero una misma advertencia: los derechos no avanzan solos ni están protegidos por igual en todas partes. En algunos lugares son reconocidos formalmente, pero atacados en la práctica. En otros, ni siquiera cuentan con una protección suficiente. Y en demasiados, quienes los defienden siguen pagando un precio personal, judicial o social.
En Argentina, el odio mató. En Hungría, reivindicar la libertad afectivo-sexual puede convertirse en riesgo. En Marruecos, expresarse puede costar la cárcel. Y en Andalucía, aunque el marco legal sea distinto, la memoria y el presente nos obligan a mirar de frente.
Andalucía también tiene memoria
Podría resultar cómodo pensar que estas historias pertenecen a otros lugares. Que son realidades lejanas.Que aquí ya hemos pasado página.
Pero Andalucía sabe bien lo que significa que el Estado convierta la diferencia en condena.
No hace tanto tiempo, en Huelva, existió una cárcel destinada a castigar a quienes se apartaban de la norma sexual y de género impuesta. La antigua prisión provincial, situada en el barrio de Isla Chica, funcionó como espacio de represión durante el franquismo y la transición. Bajo el amparo de la Ley de Vagosy Maleantes y de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, aprobada en 1970, muchas personas fueron detenidas por su orientación sexual o identidad de género.
La homosexualidad no dejó de ser perseguida legalmente hasta 1979. Hasta entonces, no se castigaba a las personas por lo que habían hecho. Se las castigaba por quienes eran.
La antigua cárcel de Huelva no es solo un edificio ni una referencia incómoda de nuestra memoria democrática. Es una advertencia. Recuerda que los derechos que hoy consideramos evidentes fueron, durante décadas, en esta tierra, negados por la ley, por las instituciones y por una sociedad que aprendió a mirar la diversidad como amenaza.
Una sociedad no es plenamente igualitaria solo porque reconozca derechos en sus leyes. Lo es cuando esos derechos pueden ejercerse sin miedo
Por eso la memoria importa. Porque cuando olvidamos cómo se conquistaron los derechos, corremos el riesgo de asumir que siempre estuvieron ahí.
Y no estuvieron. Hubo personas perseguidas, humilladas, encarceladas, silenciadas y asesinadas para que hoy otras puedan vivir con más libertad.
Las leyes importan, pero no bastan
Andalucía y España han avanzado mucho desde entonces. La aprobación del matrimonio igualitario, las leyes de igualdad y las normas de protección de los derechos a la diversidad afectivo-sexual han situado al país entre los referentes internacionales en materia de reconocimiento legal. En Andalucía, como en el conjunto del Estado, existen derechos que hace apenas unas décadas parecían imposibles.
Pero la historia de los derechos humanos demuestra una realidad incómoda: el reconocimiento jurídico es imprescindible, aunque nunca suficiente.
Una ley puede abrir una puerta. Pero no impide que alguien tengamiedo al cruzarla. Una ley puede reconocer derechos. Pero no siempre garantiza que esos derechos se ejerzan sin insultos, amenazas, agresiones o asesinatos.
Y Andalucía ofrece demasiados ejemplos recientes como para permitirnos la complacencia.
En mayo de 2026, cuatro jóvenes denunciaron una agresión homófoba durante la romería de San Isidro en Maro, en la provincia de Málaga. En febrero de ese mismo año, se conoció en El Ejido, Almería, el caso de una banda que utilizaba aplicaciones de citas para localizar, agredir y robar a jóvenes homosexuales.
En junio de 2025, un joven denunció una agresión homófoba en Jaén tras participar en actividades relacionadas con el Orgullo. Un año antes, en Almería, un matrimonio denunció haber sido víctima de una agresión homófoba durante la noche de San Juan. También en 2024, en Sevilla, se denunció otra agresión en pleno centro de la ciudad.
No son todos los casos. Probablemente ni siquiera son la mayoría.
Una sociedad no es plenamente igualitaria solo porque reconozca derechos en sus leyes. Lo es cuando esos derechos pueden ejercerse sin miedo.
No es cosa del pasado
A vecesse habla de derechos como si fueranuna conquista cerrada.Como si la historia avanzarasiempre en línea recta. Como si cada generación heredara más libertad que la anterior sin posibilidad de retroceso.
Pero los derechos no funcionan así. Los derechos se conquistan, se ejercen y se defienden.
También se erosionan. Se debilitan cuando los discursosde odio se normalizan o se presentan como simples opiniones. Se vacían cuando la igualdad se retrata como un privilegio o una amenaza. Se ponen en riesgo cuando quienes discriminan se sienten legitimados por el clima político, mediático o social.
La cárcel de Huelva demuestra que la persecución institucional no pertenece a una historia tan lejana. Sofía Castro nos recuerda que el odio puede matar. Géza Buzás-Hábel evidencia que el derecho a la visibilidad puede ser restringido. Betty Lachgar muestra que la libertad de expresión sigue siendo frágil cuando desafía el orden impuesto. Y las agresiones recientes en Andalucía confirman que la violencia LGTBIfóbica no es una sombra del pasado, sino una realidad que camina por nuestras calles.
Orgullo de Ser, también desde Andalucía
El Orgullo nació como una respuesta a la persecución. No nació solo como una celebración ni como una moda. Nació como una afirmación de dignidad frentea quienes querían imponer vergüenza y miedo.
Por eso Orgullo de Ser significa mucho más que visibilidad. Significa decir que ninguna persona debería esconderse para estar a salvo. Que ninguna pareja debería medir dónde puede darse la mano. Que ninguna joven debería calcularsi su forma de vestirla expone. Que ninguna persona trans debería justificar su existencia ante cada institución o ante cada mirada que convierte su vida en interrogatorio. Que nadie debería agradecer como privilegio lo que le corresponde como derecho.
Desde Andalucía, ese mensaje tiene una fuerza especial. Porque aquí también hubo persecución. Aquí también hubo cárceles. Aquí también hubo silencio. Y aquí también sigue habiendo agresiones, insultos y miedo.
Pero también hay memoria, activismo, redes de apoyo y una historia de dignidad que no puede borrarse. La justicia no es un privilegio reservado a quienes encajan en la norma.
Es un derecho.
Y mientras haya personas obligadas a esconderse, justificarse o vivir con miedo, el Orgullo seguirá siendo necesario: este mes de junio y todos los meses del año, en Andalucía, en sus pueblos y en cualquier lugar del mundo.