eldiario.es

9

El debate del siglo

La libertad de expresión es un derecho exigible por los ciudadanos que tienen el derecho a ser informados, de manera veraz y plural. Este derecho adquiere una dimensión más amplia en un proceso electoral

El debate en RTVE el próximo lunes lo empezará Rivera y lo cerrará Sánchez

EP

Hace una legislatura, tuvo lugar en Atresmedia el debate del otro siglo. Era para tanto, se jugaba tanto, que no fue ni Mariano Rajoy. Mandó a su vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, entonces todopoderosa y con futuro igual de todopoderoso. No recuerdo tanto furor periodístico por aquel debate, tanta libertad crítica desaforada, quizá porque en la RTVE mandaba el PP, en el PP, Soraya, y en la relación con los medios, también. Las ubicaciones tácticas de destacados periodistas y opinadores, así como de sus empresas, no permitieron la crítica florida, el desgañitado y voluntarioso aprecio por la libertad de expresión perdida o en riesgo de desaparición.

Lo cierto es que el debate se produjo y algunos medios, sin exuberancia crítica, entonces, señalaron cómo Rajoy había contemplado el debate desde su residencia palaciega de Doñana, adonde llegó andando, claro. Desde su plácido descanso  certificó la victoria de su ahijada. Y ya se sabe: Roma locuta, causa finita. Eran tiempos de plasma, la prensa sinfónica se lanzó de inmediato a señalar lo propio y  luego advirtió que a Rajoy no le hacía falta. ¿Qué era eso de un debate con un presidente? De hecho, ganó las elecciones, la libertad de información, quizá, se vio algo dañada, sobre todo desde el lado de los electorales, defraudados, pero ni en un ápice se dañó la libertad de impresión, en manos de unos impresores que sabían muy bien a quién se debían.

Los debates, dicen los expertos, son consustanciales a la comunicación política, identifican las cualidades de liderazgo y muestran las habilidades intelectuales de los candidatos. Es, por eso, un derecho de los electores. De ellos y de todos, desde luego, pero sobre todo de la ciudadanía. Pero ocurre que el periodismo y sus empresas creen que el derecho de información y la libertad de expresión les pertenece.   Ciertamente no es así; la libertad de expresión es un derecho exigible por los ciudadanos que tienen el derecho a ser informados de manera veraz y plural. Este derecho adquiere una dimensión más amplia en un proceso electoral.

Sin embargo, hay una corriente invasiva que pretende apropiarse individualmente o corporativamente de ese derecho fundamental. La legitimidad de una democracia, es necesario recalcarlo, no se mide en audiencias sino en votos en las urnas, en todo caso, todos, absolutamente todos, estamos obligados a respetar las normas. No me gusta esta legislación electoral pero la respeto; en cualquier caso, cuando mejore, si es que así lo deciden los legisladores, deberá reforzar el derecho a ser informado de manera contrastada, veraz, plural, sea a través de empresas públicas o privadas, pero en igualdad de condiciones y siempre primando los derechos de los ciudadanos, sin que ello impida que las corporaciones puedan legalmente ganar dinero.

Ben Voth afirmaba que los debates son un verdadero duelo y pertenecen a la categoría simbólica de las ejecuciones públicas en la medida en que son espectáculo. Los hechos recientes lo han confirmado, los debates como espectáculo, por eso se quiere a los líderes, los más fogosos y también los más ejecutables. La espectacularización de la política ha sido, quizá, la responsable del conflicto entre el derecho a ser informados y las normas electorales que, hoy por hoy, mientras no lo  cambiemos, dependen en su ejercicio de la Junta electoral.

Mi opinión es que los debates deberían ser obligatorios. En la tradición anglosajona, los debates eran obligatorios en Yale, desde 1830, y formaron parte del diseño curricular en los colleges americanos hasta bien avanzado el siglo XX.

En EEUU, Madison, padre de su Carta de Derechos, convino con su rival Monroe, con el que competía por un escaño en el Senado, compartir gastos y, así, recorrieron el distrito debatiendo en tabernas y otros lugares, más o menos decorosos. Ganó Madison pero el impacto fue tal que en las siguientes elecciones, ya sin competir Madison, ganó Monroe y se hizo con el escaño en el Senado. El debate más sonado y el  menos televisado fue el que sostuvieron Lincoln y Douglas. Don Abraham acabó de presidente. Otros muchos duelos públicos entre famosos políticos jalonan la  historia democrática moderna.

Lo más hilarante es que en México ya nos llevan distancia: se produjo un debate entre los tres candidatos a la presidencia para debatir el formato del debate.

Solo una muestra de cómo se enriquece la democracia; pero es solo eso. La democracia puede ser mejor con debates pero el que los haya o no, no puede ser el sainete de cada una de las ocasiones en que haya elecciones. Convendría ponerlos  fuera de comercio y confirmarlos como uno más de los derechos de los ciudadanos.

Muy Bien, has hecho Like

¿Qué tipo de error has visto?
¿La sugerencia que quieres realizar no está entre estas opciones? Puedes realizar otro tipo de consultas en eldiario.es responde.
Error ortográfico o gramatical Dato erróneo

¡Muchas gracias por tu ayuda!
El equipo de redacción de eldiario.es revisará el texto teniendo en cuenta tu reporte.
- Publicidad -

Comentar

Enviar comentario

Comentar

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha