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Zapadores y tinta de calamar

La presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso y su jefe de Gabinete, Miguel Ángel Rodríguez

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No sé si Isabel Díaz Ayuso va a dimitir o la van a dimitir, no tengo ni idea. Se intuye que no. En el fragor, alguno ha llegado a pensar que dimitida Ayuso la legislatura será más plácida; en un barrio, en el otro hay quien sostiene que si cayera Ayuso, en la vida orgánica de ese partido del que usted me habla la amenaza cierta de que te tiren por la ventana ya no será una posibilidad.

Políticamente, Madrid no deja de ser un laboratorio lleno de profesores chiflados que ha conseguido que sus trifulcas, matrimoniadas, experimentos y escapes tóxicos nos contagien a todos. Ahora el debate es si hay que ir contra Ayuso o contra Rodríguez, si lo segundo es una distracción de lo primero, si se trata de la parte de un todo o el todo de una parte.

Políticamente, el resultado de lo que se viene sabiendo de la vida de Ayuso es incierto, judicialmente quizá se aporten mayores certidumbres y eso a pesar de la a veces invocada presunción de inocencia. La bancada gubernamental se ha lanzado al galope, la oposición resiste en sus trincheras y ataca por los flancos, mientras la prensa sinfónica, la milicia publicada, aporta su mayoritario apoyo a los resistentes, muy dispar a la de unos periodistas heroicos que están defendiendo su libertad en la tierra de la libertad -un valor convertido en una jerga ubicua cervecera- ante la evidencia de unas conductas como menos inapropiadas. Se atisba conflicto civil en el periodismo.

El PP y su líder, es un decir, no pueden sino apoyar sin fisuras a la líder vicaria de Madrid, lo contrario acaba mal como pudo experimentar en sus carnes el anterior presidente Casado

El PP y su líder, es un decir, no pueden sino apoyar sin fisuras a la líder vicaria de Madrid; lo contrario acaba mal como pudo experimentar en sus carnes el anterior presidente Casado, arrojado por la ventana sin apelación posible, abandonado por sus pretorianas. Pero entre sus bastidores, los rumores se acentúan: el llamemos sector más progresista del PP, que lo hay, ve mala salida a la escalada de radicalidad verbal y estratégica de la dirigencia actual; la dirigencia, en secreto, por lo bajini, aspira a la caída de Ayuso como condición de su propia supervivencia.

El PSOE justifica y asocia su galope a una reclamación por la militancia de más agresividad en relación con la oposición. El resultado es que la crispación de los populares tiene repuesta, la militancia se reconoce, ha surgido un nuevo partisano socialista y la prensa se divierte, en el sentido de que puede rellenar contenidos más atractivos para las audiencias una vez desposeídas concienzudamente de espíritu critico. Esto último es perverso, porque la víctima es la normalidad, la estabilidad emocional de la ciudadanía, la narración de los logros o fracasos gubernamentales y las tareas pendientes para el bienestar social. En definitiva, la democracia. Trump vive más acá, es ya circamarino.

Ayuso también es una creación de las izquierdas madrileñas y de los errores de la Moncloa, empeñada en dar cancha a una presidenta de una comunidad provincial

Y sin embargo, Ayuso también es una creación de las izquierdas madrileñas y de los errores de la Moncloa, empeñada en dar cancha a una presidenta de una comunidad provincial; nótense los abrumadores resultados electorales últimos y penúltimos, sobre todo los más recientes, corrupciones y muertes de ancianos encima de las mesas y camillas.

Las izquierdas desorientadas y, en la base, la inteligencia de las derechas, todas detrás de un trampantojo de política pero con unos objetivos claros, gratificantes para una derecha que no se ve, la que verdaderamente manda en el PP. La derecha no defrauda a los suyos, la izquierda no se ha visto con claridad en un Madrid de palcos y mentideros, confundida en la bulla; de ahí, el desánimo de los más cafeteros, el heroísmo de unos pocos y la indiferencia de la mayoría que vota para que todo siga igual.

En la inteligencia de la derecha está  el control de la prensa, la mayoritaria, y de muchos periodistas. Son sus armas de distracción masiva. No es extraño que en ese ecosistema perverso el mayor malhechor sea a la vez el mayor proveedor de bienes materiales para la vida buena, para la edad de oro del periodismo cortesano.

El bien mayor a proteger es la democracia y el gobierno de Madrid es profundamente antidemocrático

Pero, sí, las amenazas a la libertad de prensa, expresión, opinión, son muy graves, no en vano, en la libertad de expresión descansan el resto de libertades democráticas. Y no, no es un derecho exclusivo de los periodistas y sus medios, es de toda la ciudadanía. Por consiguiente, ante las agresiones y amenazas, la lectura sobre la idoneidad de los objetivos es superficial y parcial, de partido. El bien mayor a proteger es la democracia y el gobierno de Madrid es profundamente antidemocrático.

Sobre las estrategias de demolición y objetivos, los zapadores suelen decir que para volar un edificio, un puente, lo primero es saber cómo fue construido para elegir bien dónde colocar las cargas. Es también ciencia política.

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