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Los barones intentan forzar esta noche la dimisión de Casado para dar paso a Feijóo

Pablo Casado y Alberto Núñez Feijóo, en una imagen de archivo.

Aitor Riveiro

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Pablo Casado ha recibido este miércoles en la sede del PP a los presidentes autonómicos del partido en una reunión convocada para debatir una solución a la profunda crisis que atraviesa la organización. Casado se resiste a dimitir de forma inmediata, hoy mismo, tal y como le exigen la mayoría de los presentes en la cita, para permitir acelerar el nuevo liderazgo de Alberto Núñez Feijóo. La idea de Casado es llegar como presidente al congreso extraordinario que debería encumbrar al dirigente gallego.

Así lo aseguran a elDiario.es fuentes conocedoras del debate que se mantiene en Génova desde las nueve de la noche, una hora más tarde de lo previsto. El motivo, que Casado y Feijóo han mantenido antes, desde poco después de las siete, una reunión bilateral. Pocas dudas quedan ya de quién es, salvo sorpresa, el sucesor designado.

A la cita en Génova han acudido la mayoría de los presidentes autonómicos. Solo han faltado el catalán, Alejandro Fernández, y la balear, Marga Prohens. Casi todos los presentes han expresado en las última horas, también este miércoles en la puerta de la sede nacional del PP, su esperanza de que la crisis, abierta hace justo una semana tras la filtración del supuesto espionaje al hermano de Isabel Díaz Ayuso, se resuelva cuanto antes.

La cita de esta noche la convocó Casado el lunes, cuando todavía confiaba en mantenerse al frente del PP, en ganar una batalla que se le escapaba entre los dedos. Su Comité de Dirección, su núcleo más cercano, se partió en dos. Varios vicesecretarios amenazaron con dimitir si no convocaba una Junta Directiva Nacional que diera paso a un congreso extraordinario para elegir otro presidente. Se lanzó un ultimátum: si en 24 horas no se convocaba, dimitirían.

Casado aguantó hasta que quedaban apenas dos horas para cumplirse el tiempo. El goteo de deserciones entre los suyos fue continuo. Pero el golpe final llegó cuando esos vicesecretarios, con Cuca Gamarra, Ana Pastor, Javier Maroto, Andrea Levy y Jaime de Olano, lanzaron un aviso en forma de mensaje en las redes sociales. El ultimátum seguía vigente. Teodoro García Egea dimitió como secretario general y Casado firmó y envió la convocatoria de la Junta Directiva Nacional.

La salida de Egea, precisamente, facilita que Casado pueda aspirar a que se cumpla esta última voluntad. Su ya ex número dos se convirtió en el gran enemigo de todos desde que el pasado jueves anunciara la apertura de un expediente a Ayuso por los pagos a su hermano. Desde entonces, inició una guerra contra todos los barones para movilizar a sus huestes a nivel provincial. Creía poder ganar la Junta Directiva Nacional que les obligaban a convocar. Un órgano compuesto por un número indeterminado de personas que, según fuentes de la dirección, supera los 400 miembros. Pero Egea también perdió.

Antes de la rendición final, el lunes, Casado buscaba opciones que le permitieran mantenerse al frente del PP. Telefoneó a los barones territoriales. Y los convocó a la reunión de Génova. Una cita en la que podía producirse otro agrio enfrentamiento. Pero los acontecimientos del martes han rebajado mucho la tensión, y las expectativas. Casado se ha rendido y ahora es cuestión de plazos estatutarios.

Pero, ¿están todos pensando en los mismos plazos? No parece. La idea que se ha instalado entre los dirigentes del PP, tanto orgánicos como institucionales, es que la partida se ha terminado. El 1 de marzo la JDN convoca el congreso extraordinario y Pablo Casado hace un último discurso. Anuncia su dimisión, se elige una comisión organizadora del cónclave, que dirija el partido hasta entonces. Ovación cerrada y a otra cosa.

¿Es esa la “salida digna” que anhela Casado? No, según asegura su entorno a este medio. El todavía presidente del PP cree que se ha comido muchas “humillaciones” en la última semana. Todo, como explicó el martes García Egea en una entrevista, “por preguntar”. Por preguntar, eso sí, por una hipotética corrupción que señala a Ayuso, la que se ha convertido en gran rival precisamente desde que la empezaron a inquirir por los contratos de su hermano con empresas que contratan con su Comunidad de Madrid.

Para evitar más “humillaciones” quiere “llegar como presidente al congreso extraordinario”. Y, sobre todo, conocer de primera mano cuáles son “los planes” de Feijóo. El presidente de la Xunta ha sido aclamado por todos como el sucesor de Casado. Incluso quienes en 2018 apostaron por Casado y renegaron por blanda y moderada de la candidata del propio barón gallego, Soraya Sáenz de Santamaría. Hoy, esos “duros”, alineados con el discurso de José María Aznar y Faes, dispuestos a dar la “batalla cultural” a Vox, apuestan por un perfil muy distinto para liderar el partido y conducirlo en el intenso ciclo electoral que se inició hace apenas diez días en Castilla y León, y que pasa por Andalucía (por convocar en 2022), municipales y autonómicas (mayo de 2023) y generales (previstas para finales de 2023).

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