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La Justicia y el PSOE: el sistema contra el sistema

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A nadie le puede sorprender que la mayoría de los españoles cuestione la imparcialidad de la Justicia. Seguro que tampoco le sorprende al aparato del PSOE, que de hecho se ha beneficiado de ello de manera constante. Ni siquiera cuando se sucedían los montajes policiales y las acusaciones disparatadas contra Podemos y sus líderes, para luego traducirse en imaginativas causas judiciales sin recorrido, el gobierno quería hablar de lawfare ni de deficiencias democráticas. Era comprensible. El tinglado judicial de España, tan permeado por el franquista, es en buena parte obra de los primeros gobiernos socialistas.

Todos llevamos demasiado tiempo percibiendo que la Justicia castiga con más rigor al robagallinas que al político ladrón de guante blanco, o al organizador con fondos reservados de grupos terroristas. El turnismo de nuestra democracia es lo que tiene, o lo que tenía: ahora me beneficio yo de los favores que me debe la judicatura, con todos esos altos jueces regados de prebendas desde el poder, y ya te pasará a ti lo mismo mientras gobiernes. Al menos, así era hasta hace poco, hasta la moción de censura que llevó a Pedro Sánchez a su primera legislatura.

El presidente jamás habría imaginado que la misma guerra sucia que obviaba cuando se cernía sobre sus socios de gobierno, le iba a caer en tromba a él y a su entorno familiar. Ese desconcierto resulta del todo comprensible. El PSOE, como firme garante del statu quo, se frotaba las manos viendo el añito que le esperaba al PP: la kitchen, el novio de Ayuso, la policía patriótica… Por fin, con el retraso acostumbrado cuando no te apellidas Ábalos o Rodríguez Zapatero, iban a tener lugar todos esos juicios que, sí o sí, terminarían de hundir al PP, seguramente el partido más corrupto que jamás padeceremos. No imaginaban que ni M. Rajoy, ni Cospedal, ni por supuesto Montoro con su presunto despacho para la compraventa de leyes a medida, iban a irse de rositas, bien porque ni se les imputa o bien porque, y que nadie piense mal, por lo que sea no terminan de fijarse fechas para los juicios. Y, si lo hacen, siempre coinciden con otros más mediáticos. El más suertudo en ese sentido es el novio de Ayuso, González Amador, que, también por lo que sea, siempre cae de pie.

No sospechaba que vería a su hermano y a su mujer desfilando por los banquillos en causas del todo anómalas, con jueces, como el inefable Peinado, de esos que provocan la desconfianza de la ciudadanía, y en este caso incluso el de los sindicatos más extremistas de la policía

Sánchez no podía barruntar que le iban a hacer lo mismo que a Pablo Iglesias, inventar casos contra sus seres queridos para minarle a él mismo. No sospechaba que vería a su hermano y a su mujer desfilando por los banquillos en causas del todo anómalas, con jueces, como el inefable Peinado, de esos que provocan la desconfianza de la ciudadanía, y en este caso incluso el de los sindicatos más extremistas de la policía. Lo siento de verdad por todos esos daños colaterales, personas sin más delito que ser hermano de o mujer de. Me alegro, eso sí, por el juicio a Zapatero, por mucho que resalte el trato de favor a Aznar y González. Me alegro, también, de que caigan los Koldo, Cerdán, Ábalos y Leire, aunque eso también resalte la asimetría con Aldama, por ejemplo.

¿Que en la actualidad la Justicia lleva dos marchas diferentes cuando atañe al PP o al PSOE, como por fin se atreve a declarar el propio PSOE? Sí. ¿Que la línea para las imputaciones se mueve más allá o más acá según afecte a unos u otros? Sí ¿Que las sentencias son más duras o más permisivas cuando van a derecha o a centro izquierda? Sí. ¿Que el PSOE, por su connivencia con este sistema siempre que le ha beneficiado se lo merece? Pues mira, también.