Entre raíles y encinas: la Vía Verde del Guadiana, un viaje por el alma del Andévalo
El agua cristalina y pura del Guadiana que describió en sus versos Cristóbal de Mesa es acompañante continuo en esta ruta de leyenda, naturaleza e Historia. Recorrer la Vía Verde del Guadiana es dejarse llevar por ese mismo río y los relatos mineros que pesan en el Andévalo, la comarca onubense que abraza este itinerario. Entre la Sierra de Aracena, la frontera con Portugal y la Tierra Llana.
Esta ruta verde sigue los pasos del viejo tren minero que unió, durante casi un siglo, la Mina de La Isabel con el Puerto de La Laja, junto al río Guadiana. Ese tren, símbolo de la actividad minera del Andévalo, parece ahora transformado en un susurro que acompaña al caminante o al cicloturista a lo largo de unos 17 km de naturaleza serena y caminos fáciles.
Comenzando en la aldea minera de La Isabel, el recorrido surge como un sendero que ondula entre arroyos que vierten sus aguas al Guadiana, bosque mediterráneo y restos de la actividad industrial que moldeó estas tierras. El firme compactado hace que la ruta sea accesible para todo tipo de caminantes, ciclistas de montaña e incluso personas en silla de ruedas, sin exigencias técnicas más allá de la resistencia propia al paseo.
A medida que se avanza, el antiguo poblado minero de El Sardón y la estación casi en ruinas permiten recordar la memoria de un pasado industrial intenso. Más adelante, el Puente del Lobo, con vistas panorámicas al valle y al bosque, invita a detenerse y contemplar la quietud de un paisaje que ya no tiene el ruido de las locomotoras.
La Vía Verde atraviesa un túnel excavado en la roca y cruza carreteras con el murmullo del Guadiana acercándose, hasta desembocar, finalmente, en el Puerto de La Laja, donde el macizo del río dibuja la línea del horizonte. Aquí, los silos y el embarcadero que un día fueron punto de carga de minerales contrastan con su entorno natural, creando una imagen poética que resume la esencia del Andévalo: naturaleza y huella humana en un abrazo silencioso.
La ruta permite adentrarse en el Andévalo: sus encinas, sus productos gastronómicos y pueblos en que el tiempo parece discurrir al ritmo de las estaciones hacen de esta comarca un destino para quienes buscan paisajes auténticos y experiencias profundas.