Demasiados datos como para que Feijóo pueda asimilarlos
Gracias a Alberto Núñez Feijóo, podemos afirmar que la transparencia es como el dulce o el alcohol. Hay que tomarla en dosis razonables. Nunca abusar de ella. El Partido Popular exigía al Gobierno toda la información sobre el accidente de Adamuz mucho antes de que la comisión técnica de investigación se pronunciara por primera vez. Isabel Díaz Ayuso denunciaba una supuesta ley del silencio. Óscar Puente reaccionó multiplicándose en los medios de comunicación. Solo ha conseguido que Feijóo se sienta ahíto y saciado, que no entienda nada y que no pueda resolverlo consumiendo Almax de forma compulsiva.
“El Gobierno nos ha llenado de datos para confundir y confundirnos”, dijo Feijóo en la COPE. No más datos, por favor, que el líder del PP no puede digerirlos. Los medios de comunicación los asimilan con frecuencia, porque es un elemento esencial de su trabajo. Parece que con los políticos hay que rebajar el listón. “Intenta trasladar a la gente datos y datos. Pero lo importante es que los maquinistas habían advertido más de 20 veces que era un punto peligroso, que debería bajarse la velocidad. Y el ministro miró para otro lado”. Está más claro. La transparencia es irrelevante en este caso. Feijóo ya ha decidido qué es lo importante antes de conocer las causas del accidente.
Cuanta más información daba Puente, más molesto se encontraba el PP. El partido quería encontrar cuanto antes una razón para continuar el acoso contra el Gobierno al reanudarse el curso parlamentario. Evidentemente, un accidente ferroviario en el que mueren 45 personas es lo bastante grave como para monopolizar el debate político. Por lo demás, la oposición ha pedido tantas veces la dimisión de Pedro Sánchez que una más tampoco va a impresionar a nadie.
Este domingo, Miguel Tellado aprovechó un artículo de El Mundo para convocar una rueda de prensa en la que pedir la dimisión de Puente. La información decía que el tren Iryo “empezó a descarrilar desde un tramo de la vía sin renovar y fabricado en 1989” con la intención de negar que la renovación de la línea ferroviaria hubiera sido completa.
El ministro lo negó en redes sociales: “El carril roto por el que se produce el descarrilamiento es un carril nuevo. En concreto el número 312592Y101. Acompaño fotos y nota de envío del mismo. Fabricado en 2023, con un peso de 60 kg por metro, e instalado durante mayo y junio de 2025”.
En cualquier caso, la polémica tiene un valor relativo. Sigue siendo la principal hipótesis la de que se produjo un fallo en la soldadura que no fue detectado en las pruebas posteriores. Así lo ha dicho el presidente de la comisión que investiga el accidente. Puente insistió en que la “renovación completa” de una vía “no significa necesariamente que todos los elementos sean nuevos”. Se pueden reutilizar componentes existentes antiguos, siempre que se conserven en buen estado.
Como ya ha ocurrido en otras ocasiones, el PP salió corriendo detrás del titular de El Mundo, como si fuera la verdad revelada por Dios a sus apóstoles. Empeñado en acabar con la credibilidad del ministro como mensajero del Gobierno, el partido afirmó el lunes –a través de Juan Bravo– en que “Puente ha mentido desde el primer día”. No podía seguir el paso a la incontinencia verbal de Ayuso y su ley del silencio, cuando a Puente solo le faltaba ya aparecer en la información deportiva. En estos casos, siempre queda el recurso de que el Gobierno miente en todo y es tan evidente que ni siquiera debes explicar en qué está mintiendo. Pillas un titular publicado y a correr.
Obligado a absorber tanta información facilitada por el Gobierno, Feijóo intentó sin éxito modelar la realidad a su gusto cuando le preguntaron por el ascenso de Vox, que puede verse confirmado en las elecciones de Aragón. De repente, el líder del PP pareció haberse enterado de lo que muchos otros habían visto antes, pero que él se negaba a reconocer. “Lo que está ocurriendo es que hay una enorme tensión en nuestro país, una enorme crispación. Hay un viento de cola que todo esto favorece a un partido como Vox”, dijo explicó Feijóo.
Aleluya, hermanos. Feijóo ha visto la luz. Entre las tinieblas de la política convulsa, ha visto desplegado en el cielo un mensaje luminoso que indica que la crispación y el discurso incendiario contra el Gobierno de Sánchez, a los que siempre se apunta el PP, termina por favorecer a la extrema derecha. Incluso es probable que sea lo que ha hecho que en torno a un millón de votantes del PP en 2023 estaría dispuesto ahora a apoyar a Vox. Feijóo no se atrevió a llegar tan lejos.
Él prefirió apuntar que su partido es un dechado de virtudes: “Nosotros somos un partido de Estado, no somos un partido de las polémicas. Nosotros somos un partido de las propuestas, no somos un partido de las protestas”. El PP lleva metido en todas las polémicas desde 2019, da ruedas de prensa hasta los domingos y convoca manifestaciones cuando cree que necesita recibir el impulso de sus bases. Pero resulta que los crispadores son los otros.
Lo que es un hecho es que ha llegado el momento de que el Gobierno dé explicaciones en el Parlamento. No puede ser que Puente tenga tiempo para desfilar por todas las televisiones y radios, pero no por el legislativo. Al final, el ministro comparecerá el jueves en el Senado, mientras que Sánchez ha retrasado su presencia en el Congreso hasta el 11 de febrero cuando se reanudan los plenos. El PP quería que lo hiciera esta misma semana y amenazaba con obligarle a hacerlo en el Senado.
Ana Pastor, ministra de Fomento en el Gobierno de Rajoy, compareció en una comisión del Congreso el 9 de agosto de 2013, dos semanas después del accidente ferroviario de Angrois, que tuvo ochenta muertos. Puente lo va a hacer once días después de la tragedia de Adamuz.
El Gobierno elige quién le representa en las cámaras. A Juan Bravo le quedó el recurso del pataleo. “Da igual lo que diga una norma”, dijo al reclamar la comparecencia de Sánchez esta misma semana. La ley es sagrada en el Estado de derecho cuando te beneficia. Si no es así, tampoco hay que ponerse tan estupendo. El PP quiere ver de cerca a Sánchez para sacudirle a placer, pero, por amor de Dios, que no les den más datos, que les abruman.
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