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El PP se resigna en Castilla y León a entrar en un terreno desconocido, el de la pelea con Vox

Un retoque a Mañueco antes del debate de candidatos de Castilla y León el 10 de marzo.
12 de marzo de 2026 22:16 h

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Alfonso Fernández Mañueco se ha montado un 'Black Friday' en la campaña de Castilla y León. Hay descuentos para todos. Una deducción de 150 euros en el IRPF para el pago de las cuotas del gimnasio. Ayudas de hasta 900 euros a los jóvenes para que se saquen el carné de conducir. Subvenciones para que no cierren los bares de los pueblos: 3.000 euros (o 6.000 si, además de cervezas, venden otras cosas). La falta de carisma es uno de los rasgos distintivos del presidente de Castilla y León, pero no necesitas ser Brad Pitt para empezar a repartir regalos. Lleva siete años en el poder –y su partido gobierna la región desde hace 39–, y, por tanto, tiene pocas opciones de convencer al electorado de que puede arreglar lo que no funciona. Para eso están las promesas: no te quejes y apúntate a un gimnasio.

Las crónicas de la campaña señalan que muchos votantes se quejan de que las instituciones no hacen mucho por ellos en un contexto de despoblación de amplias zonas de la comunidad. Su respuesta ante esa situación, preocupante a largo plazo, ha sido seguir votando al PP. Igual es que las descripciones de Castilla y León como una comunidad atrasada y en decadencia no se ajustan a la realidad. Es la octava región española en PIB per cápita. No está ni de lejos en los puestos de cola. Castilla y León no es un paisaje de vacas y ancianos a los que les han cerrado el bar y que no tienen un gimnasio donde caerse muertos.

La campaña ha introducido una novedad en el paisaje político. Es la primera en que el gran duelo no es entre el PSOE y el PP, sino entre el partido de Feijóo y Vox. El Partido Popular ha decidido que ya no puede dedicarse a mirar en exclusiva al Gobierno, sino que también debe vigilar su espalda.

Después de varios meses de encuestas que han confirmado que el PP vuelve a estar en torno al porcentaje de votos que recibió en las elecciones de 2023, Feijóo ha descubierto que Vox es el principal beneficiario de la estrategia popular de acoso y derribo de Pedro Sánchez. Los políticos que consiguen que otros partidos salgan ganando gracias a sus mensajes no suelen aparecer en el panteón de los más inteligentes.

Feijóo ha aumentado su presencia en mítines y paseos por pueblos en relación a citas anteriores. Se diría que está imitando a Santiago Abascal, que se multiplica en las dos semanas de campaña y se convierte de hecho en el candidato de su partido en todas las comunidades autónomas. El problema para Feijóo es que, sean muchos o pocos sus actos, al final siempre tiene que decir algo y no siempre resulta muy avispado en defensa de sus propios intereses.

En un mitin en La Bañeza, León, creyó tener la frase perfecta para sacudir a Óscar Puente: “¡Solo se le puede ocurrir a un señor de Valladolid decir que el AVE está pasando el mejor momento de España!”. ¿Eso es porque el PP no se presenta por Valladolid? Es posible que hiciera gracia a algunos de los leoneses que le estaban escuchando, pero es poco probable que tenga el mismo efecto en los 533.000 vallisoletanos que aportan quince de los 81 diputados de la Cámara.

En el juego de las expectativas, el PP ha aprendido la lección de Extremadura y Aragón, en especial el segundo caso. Perder dos escaños en la segunda comunidad no cambió el balance general, pero supuso un fracaso para Jorge Azcón, que había adelantado las elecciones con la intención de avanzar en número de diputados, no de retroceder.

Por eso, el PP se ocupó en Castilla y León de comunicar que estarían contentos con mantener sus 31 diputados. Cuando varias encuestas han planteado que Mañueco podría subir en uno o dos escaños, se han apresurado a aumentar el número de actos de Feijóo y presumir de que esa subida sería una victoria descomunal.

Sin embargo, y al igual que en Aragón, no cambiaría las consecuencias de la jornada electoral. El PP tendrá que pactar con Vox para poder gobernar y pagar el precio correspondiente, que no será bajo. En uno de los dos debates, Mañueco intentó distinguirse de los mensajes xenófobos del partido de Abascal y se ciñó al mensaje de la “inmigración ordenada” que ha creado su partido para no tener que hablar sobre lo que haría con los centenares de miles de inmigrantes que viven en España sin papeles.

En la parte intensa del debate, Mañueco denunció que “Vox tuvo dos años y medio para hacer algo en la Consejería de Agricultura y Ganadería de Castilla y León, y no hicieron nada”. Se lo puso muy fácil al candidato socialista Carlos Martínez, que le recordó que, según sus palabras, su Gobierno no hizo nada en los asuntos que lleva esa Consejería en más de la mitad de legislatura, un ejemplo de incompetencia del que también sería responsable su presidente.

No hay que olvidar que fue Vox quien decidió abandonar ese Gobierno de coalición. Si hubiera sido por Mañueco, habría seguido así toda la legislatura y la Consejería de Agricultura haciendo... nada.

Abascal respondió con la misma táctica empleada con la extremeña María Guardiola. Menospreció a Mañueco, del que dijo que le escuchará “con condescendencia y compasión” cualquier cosa que diga, porque le parece “de una torpeza sideral”. Y de Feijóo dijo que no sabe en realidad si es el líder del PP.

El jueves, Feijóo aumentó su agresividad contra Vox de una forma inédita en una campaña. Acusó a Abascal de ser un falso patriota que se da “golpes en el pecho” por España. Y le pasó la factura por votar contra la investidura de Guardiola: “A mí me daría vergüenza votar con el PSOE y Podemos en Extremadura con la que está cayendo en España”.

Carlos Martínez y Pedro Sánchez en el mitin de Segovia de la campaña de Castilla y León el 7 de marzo.

La constatación de que en las elecciones solo se dirime el precio que podrá exigir Vox a Mañueco a cambio de su apoyo ha permitido liberar de presión a los socialistas. Eso y las encuestas que no pronostican una caída como la de Extremadura y Aragón. Carlos Martínez ha podido plantear una campaña tranquila en su primera cita electoral para toda la región después de encadenar las victorias que le han permitido ser alcalde de Soria desde 2007.

Pero el PSOE tiene una habilidad especial para complicarse la vida. En el mitin que compartieron Martínez y Zapatero en León, no fue invitado a intervenir el alcalde de León por sus diferencias con Ferraz y la dirección provincial del partido.

A la izquierda del PSOE, solo hay un desierto. Podemos se quedará probablemente sin su escaño, mientras que IU y Sumar tendrán que conformarse con sacar un diputado.

Mañueco ha dicho que el futuro pacto de gobierno no se decidirá en la sede de Génova. Eso contradice lo que está pasando con Extremadura y Aragón por las exigencias de Abascal. Vox parte del 17,6% que obtuvo en 2022, con lo que está en un punto desde el que es más difícil subir. Si consigue superar el umbral del 20%, Feijóo tendrá que rascarse más el bolsillo para complacer a sus socios. Y menos posibilidades tendrá de distinguirse de Vox en futuras campañas electorales.

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