Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
Sobre este blog

En Abierto es un espacio para voces universitarias, políticas, asociativas, ciudadanas, cooperativas... Un espacio para el debate, para la argumentación y para la reflexión. Porque en tiempos de cambios es necesario estar atento y escuchar. Y lo queremos hacer con el “micrófono” en abierto.

El derecho a ser nombradas: una lucha anacrónica

Edificios de los juzgados y de la Audiencia de Sevilla en el Prado de San Sebastián.

María Jesús Correa

Abogada —
14 de marzo de 2026 20:45 h

0

Con motivo del 8M la radio televisión española programó una serie de películas de índole feminista. Una de ellas era “On the basis of sex”, película norteamericana de 2018 que en español se tradujo como “Una cuestión de género”, basada en hechos reales. Concretamente relata la batalla judicial de la abogada, y después jueza del Tribunal Supremo estadounidense, Ruth Bader Ginsburg contra la Administración Tributaria de EEUU por una causa de discriminación por razón de género, esta vez, de un hombre.

Los hechos se remontan a 1970, cuando el Tribunal Fiscal deniega a Charles Moritz una deducción en su impuesto sobre la renta, como cuidador de su madre, porque dicho beneficio fiscal solo estaba previsto en la ley en caso de ser mujer. El Código tributario presumía tácitamente que el cuidado de padres y madres recaía en las hijas, nunca en los hijos, y por este peregrino motivo denegaba la deducción al hijo Moritz.

La abogada Ruth B. Ginsburg pretendía desmontar con este pleito la descomunal estructura de discriminación legal basada en el sexo, que perjudicaba a la mujer de manera general, y a este hombre en particular. Su objetivo era que se reconociera que dicha discriminación vulneraba el Principio de Igualdad, lo que supondría un precedente extraordinario para que las mujeres pudieran usarlo en su favor. Partía de la triste premisa de que las leyes discriminatorias eran constitucionales.

El argumento de la fiscalía se basaba en la tradición conforme al orden natural de las cosas. Se amparaba en la tradición jurisprudencial de más de cien años, en la que reiteradamente se venía confirmando las diferencias entre sexos, acusando a la abogada de querer producir un cambio social radical.

Al hilo de este cambio social radical, temido por la parte más conservadora del país, la letrada Ginsburg basa su alegato en los múltiples cambios ya producidos, poniendo de manifiesto que los jueces (en ese caso eran todos hombres) “se empeñan en conservar la cultura, las tradiciones y la moralidad de un país que ya no existe”.

El 22 de noviembre de 1972 la Corte de Apelaciones falla a favor del Sr. Moritz declarando inconstitucional la discriminación por razón de sexo.

¿Nos podemos permitir vivir en el pasado? ¿puede la justicia existir al margen de la realidad? ¿cómo se sostiene una profesión que permite que la mitad de sus colegiadas estén invisibilizadas? ¿por qué nos obligan a tener que luchar para que nuestros derechos sean una realidad? Si Ruth B. Ginsburg levantara la cabeza…

Toda esta batalla judicial me llevó triste e inevitablemente a la que mantenemos las abogadas que luchamos por nuestro derecho a ser nombradas. Las que desde hace diez años, los cuatro últimos ante los Juzgados, pedimos que el colegio profesional donde desarrollamos nuestro oficio se denomine Colegio de la Abogacía de Sevilla, en vez de Colegio de Abogados.

A medida que avanzaba la película me sentía peor, un regusto amargo lo impregnaba todo. Estamos en el siglo XXI, los hechos relatados se desarrollaron entre 1968 y 1972, y nosotras en 2026 estamos luchando por que el principio de igualdad y no discriminación no sea pisoteado. Dos juezas en sucesivas sentencias han obviado la legislación vigente en materia de igualdad para poner por encima la cultura, las tradiciones y la moralidad de un país que ya no existe.

La lucha judicial no ha dicho su última palabra pero no puedo evitar recordar que el antiguo decano animó a sus cercanos a que votaran para que el colegio se siguiera llamando como en 1.706, imponiendo la tradición para mantener el orden natural de las cosas.

Qué pena me da sentir que estoy haciendo un viaje en el tiempo, que vengo del pasado para seguir luchando por un derecho reconocido pero que el poder judicial se resiste a aplicar, dictando resoluciones para un mundo que ya no existe. Una lucha anacrónica que nos debería hacer reflexionar, por justicia y por vergüenza, y hacernos las siguientes preguntas: ¿nos podemos permitir vivir en el pasado? ¿puede la justicia existir al margen de la realidad? ¿cómo se sostiene una profesión que permite que la mitad de sus colegiadas estén invisibilizadas? ¿por qué nos obligan a tener que luchar para que nuestros derechos sean una realidad? Si Ruth B. Ginsburg levantara la cabeza…

Para terminar cojo prestadas las palabras de mi colega en la película “Señores jueces no les pedimos que cambien el país, eso ya ocurrió sin su permiso, les pedimos que protejan el derecho del país a cambiar”. Así sea.

Sobre este blog

En Abierto es un espacio para voces universitarias, políticas, asociativas, ciudadanas, cooperativas... Un espacio para el debate, para la argumentación y para la reflexión. Porque en tiempos de cambios es necesario estar atento y escuchar. Y lo queremos hacer con el “micrófono” en abierto.

Etiquetas
stats