El “espíritu de Adamuz” reconcilia a todos los partidos del Parlamento andaluz y orilla la bronca por respeto a las víctimas
El Parlamento andaluz ha logrado este jueves la dificilísima unanimidad necesaria para aprobar una declaración institucional de respeto y homenaje a las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba), en el que murieron 45 personas y hubo 126 heridos (algunos aún hospitalizados). También lo ha hecho extensivo al joven maquinista sevillano fallecido en el accidente de Rodalies de Barcelona.
PP, PSOE, Vox, Por Andalucía y Adelante Andalucía han consensuado un texto que, además de expresar “condolencias” por los fallecidos y el “agradecimiento” al personal de emergencias, los cuerpos de seguridad, los sanitarios y las administraciones que participaron del “rescate y atención” a las víctimas, insta también al Gobierno de Juan Manuel Moreno a conceder al pueblo de Adamuz la Medalla de Andalucía por su esfuerzo y solidaridad con los caídos en la tragedia, que se otorgará el próximo 28 de febrero, día de la comunidad autónoma.
Los grupos políticos han firmado un breve armisticio, una rara avis en estos tiempos broncos que corren en política, y que ha durado los 90 minutos del debate. Bajo el peso dramático de la tragedia, y con un funeral en ciernes en Huelva, a 100 kilómetros del Parlamento andaluz, sus señorías se han tratado con respeto, empatía y guante blanco. Un oasis. Un unicornio.
Mientras los senadores del PP gritaban por la mañana “¡dimisión, dimisión!” al ministro de Transportes, Óscar Puente, los populares de Juanma Moreno reconocían y ensalzaban la “cooperación y lealtad institucional” en la tragedia de Adamuz. La antítesis total de la DANA de Valencia, tanto desde el punto de vista político como de gestión de emergencias.
La declaración institucional también es un animal mitológico en este Parlamento andaluz. En esta legislatura, que dura ya cuatro años, se han aprobado sólo ocho, y han quedado en el camino más de un centenar, incluidas todas las que antaño se daban por hecho: condena a la violencia de género cada vez que un hombre asesinaba a una mujer.
Ha tenido que descarrilar un tren de alta velocidad, impactar contra otro tren y desatarse la mayor tragedia que ha vivido Andalucía en años para que la clase política aparque la bronca y se ponga a la altura del sentir generalizado de la población.
Ningún diputado de ningún grupo se ha atrevido hoy a levantar la voz -alguna pulla arriba, alguna pulla abajo-, temerosos todos de desviar el foco del dolor reciente de las víctimas. La oposición tiene sus preguntas preparadas para el Gobierno de Moreno, responsable del plan de emergencias que actuó en Adamuz; y la Junta no tardará en exigir responsabilidades al Ministerio de Transportes, Adif y Renfe, por su competencia en el mantenimiento de las vías. Pero no hoy.
“La intervención más difícil...”
El consejero de Sanidad, Presidencia y Emergencias, Antonio Sanz, ha comparecido, a petición propia y de los grupos, para hacer balance de su gestión sobre el terreno. Al contrario que lo ocurrido en el Senado, cuando ha entrado Óscar Puente, a Sanz le ha acompañado el silencio y la escucha de los rivales políticos, que incluso le han lanzado alabanzas por la actuación de los servicios sanitarios y de emergencias.
“Ésta es la intervención más difícil que he tenido que abordar en esta Cámara...”, ha dicho el consejero, para subrayar, desde el principio, que la situación en Adamuz se abordó “siempre con permanente diálogo, cooperación, comunicación y lealtad con las demás administraciones”.
La investigación interna sobre el choque del tren Iryo que viabaja de Málaga a Madrid y el Alvia que circulaba de Madrid a Huelva apunta a la antigüedad de la vía Sevilla-Madrid, estrenada en 1992, al mantenimiento y, sobre todo, a un defecto en la soldadura de un rail a la altura de Adamuz (Córdoba), donde se produjo el descarrilamiento y el fatal accidente.
Tras tres días de luto oficial, toda la presión política recae en el Gobierno central, competente en la red ferroviaria y el mantenimiento de las vías.
La responsabilidad de la Junta de Andalucía se circunscribe al protocolo de actuación de los servicios de emergencias y sanitarios para socorrer a las víctimas del accidente. En este plano también han surgido dudas -aunque de mucha menor cacofonía- como que la ayuda llegó pronto hasta los vagones del Iryo, pero tardó en llegar “una hora” hasta el Alvia, donde murieron más de la mitad de las víctimas, descarrilado a 800 metros de alli. “Acabe con las especulaciones: ¿cuánto tiempo tardaron en llegar al Alvia los servicios de Emergencia y qué consecuencias tuvo esa espera?”, le ha preguntado Vox al consejero Sanz.
Sobre este punto hay datos y circunstancias clave. Aunque no han formado parte del debate de hoy (más emocional), aquí están: el sinestro tuvo lugar a las 19.43 horas del domingo 20 de enero. La primera llamada al servicio de Emergencias 112 de Andalucía se registró a las 19.44.51 horas. Los primeros sanitarios en llegar fueron del centro de salud de Adamuz. La primera activación del 061 y de la Guardia Civil fue a las 19.47 horas. La primera ambulancia llegó hasta los vagones del Iryo a las 20.02 horas, y 40 minutos después habían llegado otras 38 ambulancias, casi una por minuto, de Córdoba y varios pueblos de la comarca.
“La respuesta fue rápida, proporcionada y segura. Los recursos fueron los necesarios, cuando fueron necesarios y donde fueron necesarios. Los protocolos funcionan. La sanidad pública es una garantía de seguridad para la ciudadanía en los momentos difíciles”, ha subrayado el consejero en su intervención inicial.
Sanz, que estuvo sobre el terreno desde la primera noche, ha descrito el caos que se vivió en Adamuz como un “caos organizado”. “Todos los profesionales sabían lo que tenían que hacer”, aseguró. Y se ha justificado la tardanza en llegar hasta las víctimas del Alvia, porque las ambulancias primero encontraron a las víctimas y los muertos del Iryo, porque el terreno sobre las vías hasta el Alvia era inaccesible para esas ambulancias, porque “un tren taponaba los accesos, y había que ir a pie, llevando las camillas”, en plena noche, sin luna, y con cuerpos esparcidos aún sin identificar. “Sería tremendamente injusto entrar en debates que no son necesarios”, ha advertido.
Guante blanco
Pero los grupos de la oposición apenas le han cuestionado. Sus señorías, excepto Vox que ninguneó el luto oficial y ha sido el único hoy en pedir la dimisión de Puente, han hecho un esfuerzo de contención para no arañarse la cara en este primer debate parlamentario sobre el accidente de Adamuz.
La intriga estaba justo ahí: quién iba a ser el primero en sacar los pies del tiesto, es decir, quién iba a romper la tregua, el rictus institucional por respeto a las víctimas, y lanzarse al cuerpo a cuerpo habitual de estos tiempos: reproches, acusaciones, palabras gruesas.
El reto de encapsularse era complicadísimo. Por un lado, Andalucía está a las puertas de unas elecciones decisivas y es rehén de un ciclo electoral caliente, en el que se examinan Aragón en febrero y Castilla y León en marzo. Por otro lado, este debate parlamentario sobre el accidente ferroviario de Adamuz ha tenido lugar entre la comparecencia de Puente en el Senado, y la misa funeral por las víctimas que tenía lugar por la tarde en Huelva, con la asistencia de los reyes de España, tres ministros y el presidente Moreno.
A ninguno de los intervinientes en el Parlamento andaluz le convenía sacar los tanques a la calle mientras se celebraba una solemne misa por los muertos. El ejercicio de contención ha sido extraordinariamente difícil, sobre todo, para los dos principales púgiles, el consejero Sanz y su némesis en la Cámara, el diputado onubense del PSOE Mario Jiménez, que suele atizarle con saña, con retranca. Los dos se tienen cogida la medida desde hace años y suelen protagonizar los choques más aparatosos de la trifulca parlamentaria.
De modo que la intriga de este debate era ver quién de los dos salía primero de esa tierra de nadie, zona desmilitarizada, para volver a atrincherarse con los suyos en la esfera política nacional, donde el PP de Alberto Núñez Feijóo pide la dimisión de Puente, exige que ningún miembro del Gobierno de Pedro Sánchez asista al funeral de las víctimas en Huelva e impulsa una comisión de investigación sobre el accidente de Adamuz en el Senado, donde tienen mayoría absoluta.
El suspense se terminó con el primer turno de los grupos de la oposición, el del portavoz del grupo mixto Adelante Andalucía, José Ignacio García: “Quiero reconocer que este Gobierno lo ha hecho bien. No es común en estos tiempos que corren darle las gracias al adversario político, pero nosotros lo vamos a hacer: Gracias consejero y gracias a su equipo”.
La portavoz de Por Andalucía, Inmaculada Nieto, se ha parapetado en la “prudencia” hasta ver cómo avanza la investigación sobre el accidente, y también ha optado por un discurso de conciliación política, a la altura de los ciudadanos y los profesionales públicos que han ayudado a las víctimas desde el primer minuto: “El espíritu de Adamuz no puede opacarse. Seguro que va a brillar en el funeral de Huelva. Nadie debe cometer el error de focalizar la impotencia de las víctimas buscando un culpable. Eso no es Andalucía. Eso no es el sentimiento noble de Andalucía”.
La nota discordante la puso el diputado de Vox Rafael Segovia, que coincidió en el reconocimiento a los vecinos de Adamuz y a los servicios públicos, pero luego arremetió duro contra el Gobierno de Sánchez y, en menor medida, contra la Junta por el “retraso” en asistir a las víctimas del Alvia. “Nadie nos puede reprochar que cumplamos nuestro deber, que es fiscalizar al Gobierno. Lo advertimos porque vamos a hacer declaraciones que pueden resultar duras. Lealtad sí, pero pacto de silencio no. Exigimos transparencia absoluta”.
Al diputado socialista Mario Jiménez, de Huelva, se le quebró la voz en su intervención, y se quejó de que el Parlamento no hubiera cambiado de hora el Pleno para poder asistir al funeral de las víctimas. Su discurso, aun recogiendo quejas implícitas por los ataques del PP nacional al Gobierno central, también abundó en el reconocimiento del trabajo colaborativo entre administraciones. “El Estado y todos sus niveles territoriales han estado a la altura y han dado la respuesta que esperaban nuestros ciudadanos ante los terribles acontecimientos de Adamuz”.
“Qué fuerte somos cuando estamos juntos. Y qué triste el papel de aquellos que de una manera ruin han buscado la bronca, en vez de buscar la verdad y pensar en las víctimas”, añadió Jiménez.
Elogio de los servicios públicos y los impuestos
Las izquierdas esquivaron la bronca, pero coincidieron al convertir el debate sobre el accidente de Adamuz en una sólida reivindicacióin de los servicios públicos, sustentados por los impuestos (tan en el disparadero de los gobiernos de conservadores y liberales) “Sólo un Estado fuerte, confiable, con servicios públicos bien financiados, es capaz de responder a las necesidades que se plantean”, subrayó el diputado socialista, que quiso lanzar una pulla al argumentario ultraderechista: “El pueblo salva al pueblo a través de sus instituciones, con sus impuestos, con los servicios públicos, y protegiendo a los profesionales públicos”.
El portavoz de Adelante puso el foco en los déficit de la conexión ferroviaria en Andalucía, criticó la “privatización” del sistema, las subcontratas de Adif, el “centralismo” de la red y el “olvido” de Andalucía. “Hay un accidente y nos encontramos desconectados de España”, se ha lamentado, tras exigir al Parlamento que haga cumplir el acuerdo que se aprobó hace dos años, para instar a la Junta a reclamar al Gobierno las competencias sobre los trenes de Cercanías que operan en esta región.
Adelante Andalucía, por medio de una eurodiputada del BNG, ha llevado el accidente de Adamuz ante la Comisión Europea para que investigue la seguridad ferroviaria en España, siguiendo los mismos pasos que tomaron las víctimas del accidente de Angrois hace diez años.
La portavoz de Por Andalucía también hizo un elogio de los trabajadores públicos que se han volcado en la tragedia, y lo hizo desde la perspectivo de la inversión pública y la política fiscal. “Hay que cuidar más a los servidores públicos desde las instituciones. Sabemos cómo se ha portado el personal del 112, pero también sabemos las condiciones tan precarias en las que trabajan. Hay que convertirlos en trabajadores públicos y que dejen de estar sujetos a un convenio de telemárketing, similar a los que nos llaman para cambiar de compañía de teléfono”.
El cierre de intervenciones corrió a cargo del portavoz del PP andaluz, Toni Martín, algo menos contenido que sus homólogos en la crítica subrepticia al Gobiereno de Sánchez, pero sin cruzar la línea roja que ha marcado Moreno. Martín convirtió todo ese reconocimiento mutuo de la colaboración y cooperación entre administraciones, elogiada por todos, en un mérito exclusivo del presidente andaluz.
El portavoz popular glorificó el “enorme valor de la actitud” de Moreno y del Gobierno andaluz, “sin ruido, sin estridencias y sin confrontación, gracias a ello ha sido posible la colaboración entre administraciones”. Y añadió: “Si todas las responsabilidades que pudieran derivarse [del accidente] son de otro gobierno, ¿por qué nos comportamos así? Por altura institucional, por grandeza y honradez, por estar por encima de la política que se hace con las tripas”. Y volvió a añadir: “”La colaboración institucional no ha sido una tregua, porque aquí no hay ninguna guerra. Y no la hay, porque en este gobierno de Andalucía nadie verá un enemigo ante una tragedia que compete al 100% a otra administración“.
El consejero Sanz cerró el debate agradeciendo a todos el tono e hizo suya una de las frases de la portavoz de Por Andalucía: “El espíritu de Adamuz ha presidido este Pleno y ha dado una lección a todos los andaluces”.