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Perfil

El casero de Olona en Granada: un empresario con hoteles que Vox impuso desde Madrid para las listas

Álvaro López

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El nombre de Manuel Martín Montero ha cobrado relevancia en los últimos días después de que él mismo confesara a la Cadena SER que empadronó en una de sus viviendas a la líder de Vox por Andalucía, Macarena Olona, sin que ella viviera “regularmente” en ese domicilio. Unas declaraciones que han llevado incluso a la impugnación de la candidatura de Olona a las elecciones autonómicas del 19 de junio por parte de Andaluces Levantaos y, según trascendió este viernes, a la anulación del empadronamiento de Olona por parte del Ayuntamiento de Salobreña. Tras sus palabras a la emisora, lo cierto es que el perfil de Manuel Martín ha emergido de forma sorprendente ya que se le considera un hombre discreto. Quienes le conocen dicen que es un hombre “afable”. Políticamente, sus pasos en Vox han estado marcados por la polémica al haber sido colocado directamente por la dirección nacional.

Macarena Olona se empadronó en la casa del líder de Vox en Granada para poder presentarse a las elecciones andaluzas

Saber más

A sus 60 años, la trayectoria vital de Manuel Martín ha estado siempre ligada a la extrema derecha. Aunque su familia es oriunda de Granada y propietaria de grandes latifundios de cañas de azúcar en la Costa Tropical, su padre le envió a estudiar a uno de los colegios privados de mayor nivel de Madrid, en el barrio de Alameda de Osuna. En la capital de España también estudiaría Derecho, adentrándose en una etapa universitaria que no completó, mucho más interesado en la política, según cuentan quienes le conocieron en aquellos años universitarios. Precisamente en aquella época fue cuando empezó su militancia política de la mano de Fuerza Nueva, la formación de ultraderecha fundada por el franquista Blas Piñar. Allí estuvo en los primeros años de la Transición española, forjando alguna de las amistades que aún mantiene hoy en día.

Tal era su vinculación con este movimiento ultraderechista que ya entonces se declaraba seguidor de Jean-Marie Le Pen, el fundador del Front Nacional y padre de la actual líder de la formación extremista, Marine Le Pen. Muy próximo a esta ideología, Manuel Martín desarrolló sus años de juventud en entornos políticos relacionados con ella. Por el alto nivel de vida que le permitía tener su familia, una de las más ricas de la provincia de Granada, Martín fue un hombre muy conocido en el Madrid de los años 80, especialmente en los círculos políticos y sociales relacionados con la extrema derecha. Su sustento económico entonces, y ahora, fueron las empresas familiares relacionadas tanto con las plantaciones de azúcar como con una marca de ron que ya no pertenece a su familia.

Fue ya en la década de los 90 cuando comenzó a dirigir el Hotel Salobreña, en la misma localidad que le da nombre, del que es propietario y por el que su fama en la Costa Tropical se ha multiplicado. Lejos de la política ultraderechista de su primera juventud, Manuel Martín se forjó la imagen de un empresario vinculado con el mundo del turismo y la hostelería. Tanto fue así que empezó a abrir otro tipo de establecimientos como un restaurante en la vecina ciudad de Motril y diversificó sus negocios en el sector servicios. Así fue ganando posiciones en la escala social de la época hasta situarse como uno de los hombres más influyentes de la zona, lo que le sirvió para enrolarse en las filas de un Partido Popular en plena reconstrucción tras refundarse desde las siglas de Alianza Popular.

Su amistad con Abascal

Precisamente fue con los populares cuando Martín empezó a entablar la relación de amistad que hoy le une a Santiago Abascal, presidente de Vox y ex militante del PP. A finales de los 90 y tras ser uno de los políticos más conocidos de la Costa Tropical granadina, Manuel Martín participó en las elecciones municipales al Ayuntamiento de Llodio en el País Vasco en las que Abascal resultó elegido como cargo público por primera vez en su vida. Su vinculación con la política vasca acabaría resultando decisiva para que Martín abandonase el PP en el año 2015, después de regresar a Granada y llegar a ser vicepresidente provincial y presidente de los populares de Salobreña. En ese periodo de tiempo en el que estuvo enrolado en el Partido Popular, su figura empresarial siguió creciendo como referente en el sector turístico, al tiempo que su relación de amistad con Santiago Abascal no se perdía porque su familia veraneaba en su hotel.

Su llegada a Vox se produjo en el mismo momento en el que abandonó las filas de los populares. En aquel 2015, tras marcharse del PP alegando que estaba en contra de la política antiterrorista del Gobierno de Mariano Rajoy, Manuel Martín entró a formar parte del partido de extrema derecha. Fue uno de los primeros militantes que logró convencer Abascal en todo el país fruto de la relación de confianza que ambos habían labrado durante años. Por entonces, la presencia de Vox en los foros políticos era simplemente testimonial y Manuel Martín no ejercía ningún cargo representativo dentro de la formación, aunque su postura como hombre de negocios sí resultó clave para conseguir contactos y costear campañas electorales.

En 2019 todo cambió. Tras varios años en Vox manteniendo un perfil bajo, el crecimiento demoscópico del partido llevó a Martín y a otros tantos afiliados a intentar escalar posiciones; de hecho, en junio de aquel año llegó a ser elegido como concejal del partido en Salobreña. Pero meses antes, durante la presidencia local de Julio Vao, Manuel Martín utilizó sus influencias con Santiago Abascal para intentar ser el número 2 de la lista al Congreso de los Diputados por Granada, algo a lo que Vao se negó colocando a otra persona de su confianza. Esta situación generó una auténtica batalla interna en la que unos y otros se acusaban mutuamente. Sobre Manuel Martín pesaba lo que era una evidencia: que estaba puenteando a la dirección granadina para dejarse mandar por Madrid y ser su hombre de confianza en Granada. Algo que generó malestar, pero que se saldó con la salida de Julio Vao de la presidencia tras la oportuna filtración de una condena que pesaba contra él del año 2006 por lucrarse con varios millones de pesetas cuando era director de una sucursal bancaria.

Una presidencia tortuosa

Uno de las pocas personas entrevistadas para este perfil biográfico que quiere dar su nombre es Jaime Cuenca, exconcejal de Vox en Gor (Granada). Él vivió de cerca aquellos polémicos meses en los que Manuel Martín fue colocado como presidente de la gestora que sustituía a Julio Vao como presidente. “Cuando pusieron a Manuel Martín nadie le conocía. Hicieron una reunión para presentar a la gestora y lo primero que tuvimos que hacer era preguntarle quién era”. En aquel momento ya llevaba cuatro años afiliado a Vox, pero su presencia institucional había sido completamente gris. “Desde que se hizo presidente, el malestar dentro del partido ha sido continuo porque se ha visto que Madrid mandaba mucho más que Granada”.

Como Jaime Cuenca, las personas que hablan de Manuel Martín coinciden en señalar que es una persona “afable”, pero carente de liderazgo. “Es un hombre que ha sido más para apaciguar y que todo el mundo se lleve bien porque había muchos problemas entre los que querían llegar y enchufarse en la Junta de Andalucía y en el Ayuntamiento de Granada”. Una relación de fuerzas en la que la figura de la diputada en el Congreso y candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía, Macarena Olona, ha tenido siempre mucho peso. Sin embargo, pese a que es Martín el que la empadrona a ella en una de sus viviendas para que pueda presentarse a las elecciones autonómicas, en el seno de Vox sostienen que ambos simplemente “se soportan”. De hecho, en noviembre hubo un cruce de mensajes de WhatsApp en el que, presuntamente, Martín temía que, si Olona aterrizaba finalmente en Granada, la situación iba a ser difícil para ellos.

Juicio el 3 de junio

Lo cierto es que Manuel Martín ya acumulaba para entonces problemas judiciales relacionados precisamente con su nombramiento como presidente provincial de Vox. La candidatura de su rival en aquella elección, Ignacio Pozo, impugnó el proceso alegando manipulaciones del mismo y afirmando que desde Madrid se estaba influyendo para que Martín fuese elegido como mandatario. Algo que acabaría ocurriendo porque a Pozo se le negaron los avales y ni siquiera pudo presentarse. Sin embargo, lo denunció ante la justicia y el próximo 3 de junio se celebrará el juicio que debe decidir si el proceso fue irregular o no. Por ese asunto, Manuel Martín ya no es presidente de Vox Granada y le sustituye una gestora que lidera un ex de Ciudadanos, Ángel Luis Onoratto.

Pese a ello, Martín sigue ejerciendo como uno de los líderes de la extrema derecha granadina, aunque internamente ha sorprendido que reconociese que Macarena Olona no vive de forma regular en la vivienda en la que le ha empadronado. Entre los afiliados hay quien ve en esas palabras una suerte de venganza por sentirse que Olona le ha arrinconado, cuando su relación de amistad no es con ella sino con Santiago Abascal. Aunque lo único cierto es que de cara a la galería todos aparentan normalidad, fuentes internas hablan de guerras y batallas por conseguir puestos y cargos de representación. Una batalla en la que Manuel Martín, de momento, no ha logrado salir vencedor.

El nombre de Manuel Martín Montero ha cobrado relevancia en los últimos días después de que él mismo confesara a la Cadena SER que empadronó en una de sus viviendas a la líder de Vox por Andalucía, Macarena Olona, sin que ella viviera “regularmente” en ese domicilio. Unas declaraciones que han llevado incluso a la impugnación de la candidatura de Olona a las elecciones autonómicas del 19 de junio por parte de Andaluces Levantaos y, según trascendió este viernes, a la anulación del empadronamiento de Olona por parte del Ayuntamiento de Salobreña. Tras sus palabras a la emisora, lo cierto es que el perfil de Manuel Martín ha emergido de forma sorprendente ya que se le considera un hombre discreto. Quienes le conocen dicen que es un hombre “afable”. Políticamente, sus pasos en Vox han estado marcados por la polémica al haber sido colocado directamente por la dirección nacional.

Macarena Olona se empadronó en la casa del líder de Vox en Granada para poder presentarse a las elecciones andaluzas

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A sus 60 años, la trayectoria vital de Manuel Martín ha estado siempre ligada a la extrema derecha. Aunque su familia es oriunda de Granada y propietaria de grandes latifundios de cañas de azúcar en la Costa Tropical, su padre le envió a estudiar a uno de los colegios privados de mayor nivel de Madrid, en el barrio de Alameda de Osuna. En la capital de España también estudiaría Derecho, adentrándose en una etapa universitaria que no completó, mucho más interesado en la política, según cuentan quienes le conocieron en aquellos años universitarios. Precisamente en aquella época fue cuando empezó su militancia política de la mano de Fuerza Nueva, la formación de ultraderecha fundada por el franquista Blas Piñar. Allí estuvo en los primeros años de la Transición española, forjando alguna de las amistades que aún mantiene hoy en día.

Tal era su vinculación con este movimiento ultraderechista que ya entonces se declaraba seguidor de Jean-Marie Le Pen, el fundador del Front Nacional y padre de la actual líder de la formación extremista, Marine Le Pen. Muy próximo a esta ideología, Manuel Martín desarrolló sus años de juventud en entornos políticos relacionados con ella. Por el alto nivel de vida que le permitía tener su familia, una de las más ricas de la provincia de Granada, Martín fue un hombre muy conocido en el Madrid de los años 80, especialmente en los círculos políticos y sociales relacionados con la extrema derecha. Su sustento económico entonces, y ahora, fueron las empresas familiares relacionadas tanto con las plantaciones de azúcar como con una marca de ron que ya no pertenece a su familia.

Fue ya en la década de los 90 cuando comenzó a dirigir el Hotel Salobreña, en la misma localidad que le da nombre, del que es propietario y por el que su fama en la Costa Tropical se ha multiplicado. Lejos de la política ultraderechista de su primera juventud, Manuel Martín se forjó la imagen de un empresario vinculado con el mundo del turismo y la hostelería. Tanto fue así que empezó a abrir otro tipo de establecimientos como un restaurante en la vecina ciudad de Motril y diversificó sus negocios en el sector servicios. Así fue ganando posiciones en la escala social de la época hasta situarse como uno de los hombres más influyentes de la zona, lo que le sirvió para enrolarse en las filas de un Partido Popular en plena reconstrucción tras refundarse desde las siglas de Alianza Popular.

Su amistad con Abascal

Precisamente fue con los populares cuando Martín empezó a entablar la relación de amistad que hoy le une a Santiago Abascal, presidente de Vox y ex militante del PP. A finales de los 90 y tras ser uno de los políticos más conocidos de la Costa Tropical granadina, Manuel Martín participó en las elecciones municipales al Ayuntamiento de Llodio en el País Vasco en las que Abascal resultó elegido como cargo público por primera vez en su vida. Su vinculación con la política vasca acabaría resultando decisiva para que Martín abandonase el PP en el año 2015, después de regresar a Granada y llegar a ser vicepresidente provincial y presidente de los populares de Salobreña. En ese periodo de tiempo en el que estuvo enrolado en el Partido Popular, su figura empresarial siguió creciendo como referente en el sector turístico, al tiempo que su relación de amistad con Santiago Abascal no se perdía porque su familia veraneaba en su hotel.

Su llegada a Vox se produjo en el mismo momento en el que abandonó las filas de los populares. En aquel 2015, tras marcharse del PP alegando que estaba en contra de la política antiterrorista del Gobierno de Mariano Rajoy, Manuel Martín entró a formar parte del partido de extrema derecha. Fue uno de los primeros militantes que logró convencer Abascal en todo el país fruto de la relación de confianza que ambos habían labrado durante años. Por entonces, la presencia de Vox en los foros políticos era simplemente testimonial y Manuel Martín no ejercía ningún cargo representativo dentro de la formación, aunque su postura como hombre de negocios sí resultó clave para conseguir contactos y costear campañas electorales.

En 2019 todo cambió. Tras varios años en Vox manteniendo un perfil bajo, el crecimiento demoscópico del partido llevó a Martín y a otros tantos afiliados a intentar escalar posiciones; de hecho, en junio de aquel año llegó a ser elegido como concejal del partido en Salobreña. Pero meses antes, durante la presidencia local de Julio Vao, Manuel Martín utilizó sus influencias con Santiago Abascal para intentar ser el número 2 de la lista al Congreso de los Diputados por Granada, algo a lo que Vao se negó colocando a otra persona de su confianza. Esta situación generó una auténtica batalla interna en la que unos y otros se acusaban mutuamente. Sobre Manuel Martín pesaba lo que era una evidencia: que estaba puenteando a la dirección granadina para dejarse mandar por Madrid y ser su hombre de confianza en Granada. Algo que generó malestar, pero que se saldó con la salida de Julio Vao de la presidencia tras la oportuna filtración de una condena que pesaba contra él del año 2006 por lucrarse con varios millones de pesetas cuando era director de una sucursal bancaria.

Una presidencia tortuosa

Uno de las pocas personas entrevistadas para este perfil biográfico que quiere dar su nombre es Jaime Cuenca, exconcejal de Vox en Gor (Granada). Él vivió de cerca aquellos polémicos meses en los que Manuel Martín fue colocado como presidente de la gestora que sustituía a Julio Vao como presidente. “Cuando pusieron a Manuel Martín nadie le conocía. Hicieron una reunión para presentar a la gestora y lo primero que tuvimos que hacer era preguntarle quién era”. En aquel momento ya llevaba cuatro años afiliado a Vox, pero su presencia institucional había sido completamente gris. “Desde que se hizo presidente, el malestar dentro del partido ha sido continuo porque se ha visto que Madrid mandaba mucho más que Granada”.

Como Jaime Cuenca, las personas que hablan de Manuel Martín coinciden en señalar que es una persona “afable”, pero carente de liderazgo. “Es un hombre que ha sido más para apaciguar y que todo el mundo se lleve bien porque había muchos problemas entre los que querían llegar y enchufarse en la Junta de Andalucía y en el Ayuntamiento de Granada”. Una relación de fuerzas en la que la figura de la diputada en el Congreso y candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía, Macarena Olona, ha tenido siempre mucho peso. Sin embargo, pese a que es Martín el que la empadrona a ella en una de sus viviendas para que pueda presentarse a las elecciones autonómicas, en el seno de Vox sostienen que ambos simplemente “se soportan”. De hecho, en noviembre hubo un cruce de mensajes de WhatsApp en el que, presuntamente, Martín temía que, si Olona aterrizaba finalmente en Granada, la situación iba a ser difícil para ellos.

Juicio el 3 de junio

Lo cierto es que Manuel Martín ya acumulaba para entonces problemas judiciales relacionados precisamente con su nombramiento como presidente provincial de Vox. La candidatura de su rival en aquella elección, Ignacio Pozo, impugnó el proceso alegando manipulaciones del mismo y afirmando que desde Madrid se estaba influyendo para que Martín fuese elegido como mandatario. Algo que acabaría ocurriendo porque a Pozo se le negaron los avales y ni siquiera pudo presentarse. Sin embargo, lo denunció ante la justicia y el próximo 3 de junio se celebrará el juicio que debe decidir si el proceso fue irregular o no. Por ese asunto, Manuel Martín ya no es presidente de Vox Granada y le sustituye una gestora que lidera un ex de Ciudadanos, Ángel Luis Onoratto.

Pese a ello, Martín sigue ejerciendo como uno de los líderes de la extrema derecha granadina, aunque internamente ha sorprendido que reconociese que Macarena Olona no vive de forma regular en la vivienda en la que le ha empadronado. Entre los afiliados hay quien ve en esas palabras una suerte de venganza por sentirse que Olona le ha arrinconado, cuando su relación de amistad no es con ella sino con Santiago Abascal. Aunque lo único cierto es que de cara a la galería todos aparentan normalidad, fuentes internas hablan de guerras y batallas por conseguir puestos y cargos de representación. Una batalla en la que Manuel Martín, de momento, no ha logrado salir vencedor.

El nombre de Manuel Martín Montero ha cobrado relevancia en los últimos días después de que él mismo confesara a la Cadena SER que empadronó en una de sus viviendas a la líder de Vox por Andalucía, Macarena Olona, sin que ella viviera “regularmente” en ese domicilio. Unas declaraciones que han llevado incluso a la impugnación de la candidatura de Olona a las elecciones autonómicas del 19 de junio por parte de Andaluces Levantaos y, según trascendió este viernes, a la anulación del empadronamiento de Olona por parte del Ayuntamiento de Salobreña. Tras sus palabras a la emisora, lo cierto es que el perfil de Manuel Martín ha emergido de forma sorprendente ya que se le considera un hombre discreto. Quienes le conocen dicen que es un hombre “afable”. Políticamente, sus pasos en Vox han estado marcados por la polémica al haber sido colocado directamente por la dirección nacional.

Macarena Olona se empadronó en la casa del líder de Vox en Granada para poder presentarse a las elecciones andaluzas

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A sus 60 años, la trayectoria vital de Manuel Martín ha estado siempre ligada a la extrema derecha. Aunque su familia es oriunda de Granada y propietaria de grandes latifundios de cañas de azúcar en la Costa Tropical, su padre le envió a estudiar a uno de los colegios privados de mayor nivel de Madrid, en el barrio de Alameda de Osuna. En la capital de España también estudiaría Derecho, adentrándose en una etapa universitaria que no completó, mucho más interesado en la política, según cuentan quienes le conocieron en aquellos años universitarios. Precisamente en aquella época fue cuando empezó su militancia política de la mano de Fuerza Nueva, la formación de ultraderecha fundada por el franquista Blas Piñar. Allí estuvo en los primeros años de la Transición española, forjando alguna de las amistades que aún mantiene hoy en día.

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