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Doce años de reproducción 'ex situ' del lince ibérico

El programa ha sido bastante eficaz para representar, aumentar y mantener la baja diversidad genética que sobrevivió al último cuello de botella severo de la especie

Doce años de reproducción 'ex situ' del lince ibérico

FOTO: HÉCTOR GARRIDO

Los programas ex situ se han vuelto críticos para mejorar la conservación de muchas especies amenazadas, ya que establecen poblaciones de respaldo y proporcionan individuos para la reintroducción y el refuerzo de poblaciones silvestres. El lince ibérico fue considerado la especie felina más amenazada del mundo y clasificado en la categoría “en peligro crítico de extinción” en la Lista Roja de la IUCN, tras sufrir un declive dramático durante la segunda mitad del siglo XX que redujo su número a solo 100 individuos repartidos en dos poblaciones aisladas y genéticamente bien diferenciadas: Andújar, en la Sierra Morena andaluza, y Doñana, en las inmediaciones del parque nacional.

Ante esta situación tan crítica, en 2003 se estableció un programa de conservación ex situ con individuos de ambas poblaciones remanentes, y que, al menos desde el punto de vista demográfico, ha cosechado un gran éxito: los primeros nacimientos tuvieron lugar en 2005, en 2012 ya se alcanzó aproximadamente la capacidad de carga, y hasta la fecha de hoy ha aportado alrededor de 250 individuos para reintroducción. Pero un buen estado genético es fundamental para la supervivencia a medio plazo de la especie.

Este estudio evalúa el estado genético de la población cautiva del lince ibérico a partir de datos moleculares (36 microsatélites) de 239 individuos, incluyendo todos los fundadores procedentes de las poblaciones silvestres, y la gran mayoría de individuos nacidos en cautividad hasta el año 2015. Los análisis realizados se han centrado en investigar las siguientes cuestiones: la medida en que los fundadores de la población cautiva son representativos de los dos acervos genéticos remanentes (Andújar y Doñana), los patrones de relación y parentesco entre dichos fundadores (que es una información clave para la gestión genética), la evolución de la diversidad genética y la endogamia en la población cautiva a lo largo de los años, y el grado de diferenciación genética entre los diferentes centros de cría.

Conservación multifacética

Los resultados del estudio revelan en términos generales que la población ex situ alberga la mayor parte de la variabilidad genética encontrada en las dos poblaciones silvestres, destacando especialmente la excelente representación del acervo más diverso, el de Andújar. Asimismo, muestran la existencia de cierto grado de parentesco entre algunos fundadores, cuyo emparejamiento se ha podido evitar desde el inicio del programa gracias a la disponibilidad de datos moleculares y a la estrategia de manejo adoptada, basada en la minimización del grado de parentesco promedio de todos los individuos.

Por ello, no es de extrañar que la población cautiva haya podido mantener niveles razonablemente bajos de endogamia que aún continúan en descenso, y una diversidad considerablemente más alta que la de las poblaciones silvestres, muy próxima al máximo que la teoría calcula bajo circunstancias ideales. Estos resultados tan positivos validan las medidas de manejo aplicadas, basadas en pedigrí pero asistidas por marcadores moleculares, y las postulan posiblemente como modelo para otras especies en necesidad de conservación.

El programa de reproducción ex situ del lince ibérico ha sido una pieza clave en la conservación multifacética del lince ibérico. Después de 12 años, ha logrado los dos objetivos principales que se plantearon en su inicio. En primer lugar, ha logrado establecer una población ex situ demográfica y genéticamente saludable que puede actuar como salvaguarda de la especie en caso de que las poblaciones silvestres se extingan. En segundo lugar, después de unos años de crecimiento interno, la población ha servido como fuente casi exclusiva de individuos para la reintroducción en la naturaleza, lo que, unido a otros esfuerzos de conservación, ha conducido a la reclasificación de la especie a la categoría “en peligro” en la Lista Roja de la IUCN.

Además, el programa ha reunido un conjunto de expertos en muchos campos diferentes, ha fomentado y coordinado la investigación sobre temas de gran relevancia para la conservación de la especie, y se ha convertido en un importante motor de sensibilización y difusión. En definitiva, el programa ex situ del lince ibérico ha sido bastante eficaz para representar, aumentar y mantener la baja diversidad genética que sobrevivió al último cuello de botella severo de la especie, al tiempo que ha permitido minimizar la acumulación de endogamia. En conjunto, estos factores deberían resultar en un mayor potencial de adaptación y mejor condición física, constituyendo en última instancia una señal esperanzadora para el futuro de la especie.

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