Batalla no falla
Fue la consigna que el pasado martes reunió a su viuda Pili, y a un grupo de familiares y ciudadanos, en el Centro Pignatelli de Zaragoza para recordar a José Luis Batalla Carilla cuando se está acercando el primer aniversario de su fallecimiento. Una persona de una excepcional humanidad que desprendía la sencillez del cristiano de base, a la que no le gustaba la exposición pública, pero que a lo largo de su vida no dejó de impulsar proyectos innovadores de todo tipo en Aragón.
Fue referencia de valores como la generosidad y la solidaridad con los vulnerables, un adelantado en el compromiso con la paz, con la transición ecológica, con los acuerdos que resuelven conflictos sociales en el territorio y con la actualización del derecho civil aragonés.
También con una iniciativa periodística como 'El Día de Aragón', que nació a principios de los años ochenta, a la par que el Estatuto de Autonomía de Aragón, para renovar y modernizar el panorama informativo en un momento en el que la pluralidad estaba en riesgo por los cierres de medios de comunicación.
De su legado habló Jesús María Alemany, de su trabajo como registrador de la Propiedad Belén Madrazo, de la Candidatura Ciudadana Independiente que se presentó a las primeras elecciones municipales en 1979 Juan Rubio, de Cáritas Carlos Gómez, de El Día de Aragón el que esto suscribe, de la Fundación Ecología y Desarrollo (Ecodes) José Manuel Marraco, de su pasión por el Derecho civil aragonés Carmen Bayod, de la amistad y de la familia Ramón Salanova, y del Seminario de Investigación para la Paz (SIP) Carmen Magallón que compartió la dirección del acto con Víctor Viñuales, ex director general de Ecodes.
Ciudadana e Independiente, como la candidatura por la que se presentó en 1979 a la Alcaldía de Zaragoza, son dos términos que se fundieron con la forma de ser y con la trayectoria de José Luis Batalla desde el principio hasta el final. Sus proyectos siempre nacían desde abajo hacia arriba. Escuchaba y se ponía en el lugar del otro, pero al mismo tiempo defendía con firmeza sus convicciones más profundas.
Por ejemplo, El Día de Aragón nació con 63 fundadores y alcanzó los 1.500 pequeños accionistas. Ninguno podía poseer más del 5 por ciento del capital social ni representar más del 15. Aquella aventura apasionante –ese fue el título del número cero- no pudo afianzarse como una empresa de largo plazo porque ese dilema y esa contradicción entre laaventura y la empresa nos acompañaron siempre.
Pagamos un peaje fue muy alto cuando el director general de la entonces Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja (CAMPZAR), José Joaquín Sancho Dronda, nos retiró la publicidad porque habíamos publicado unas informaciones sobre la empresa Actividades Agrícolas Aragonesas (Agrar), dedicada a la distribución de fertilizantes, abonos y productos para el campo, que dirigía su yerno Pedro de Wenetz.
En aquellos tiempos la Caja todavía olía a tomillo. Un informe del Banco de España había detectado una desmesurada concentración de riesgos con la entidad financiera, propietaria de la empresa, que se acercaban a los 9.000 millones de pesetas.
Nunca olvidaré que José Luis, que sabía lo que nos estábamos jugando, sin arredrarse se puso del lado de los periodistas y del derecho a la información.
Como tampoco se amedrentó con el “pelotazo” urbanístico de los suelos de la desaparecida estación ferroviaria del Arrabal. Renfe, en plena liquidación de patrimonio para hacer caja, se los había vendido por 250 millones de pesetas a una empresa, Lugarma, que se había constituido 14 días antes. A los tres meses, los compradores, que eran unos promotores sorianos, los revendieron por 1.042 a tres constructoras locales. Unas plusvalías de casi 800 millones de pesetas en un tiempo récord.
Contar aquello nos costó una querella por difamación del responsable de Patrimonio de Renfe, José Miguel Colmenares, que anteriormente en la primera Corporación democrática había sido gerente de Urbanismo de Zaragoza. Era una de esas querellas que intimidan por el alto coste económico que podían suponer para una modesta empresa periodística.
Con la gran defensa del abogado y fundador del periódico Alfonso Horno se consiguió que el juez desestimara la querella. El derecho a la información prevaleció sobre el derecho al honor.
Batalla no fallaba, pero era humano y en algunas ocasiones sí lo hacía. Como aquel 10 de mayo de 1995 en el Parque de los Príncipes cuando –la anécdota la contó su sobrino Pepo- se perdió el gol de Nayim. Se acercaban los penaltis y José Luis decidió pasar por el urinario poco antes de que acabara la prórroga. Nayim marcó en el minuto 119 y 40 segundos. Las cosas del directo.
Gracias, José Luis, por cómo eras y por todo el camino que hiciste. Mantendremos siempre viva tus firmes convicciones de independencia y de ciudadanía y, como siempre decías, intentaremos cada día ser felices. En Aragón hacen falta muchos Batallas.
Paso página y finalizo recomendando vivamente el documental “Cuatro Casas”, dirigido por Jesús Bosque y protagonizado y guionizado por Mariví Broto Cosculluela y Severino Pallaruelo Campo, que se presentó la semana pasada en el Patio de la Infanta de Ibercaja, en un acto conducido por Genoveva Crespo.
Una narración personal y muy emotiva de la vida en núcleos como Guaso, Puyarruego, Escapa y Morillo de Sampietro, en los valles aislados del Sobrarbe en los que apenas había presencia del Estado, en los que regían la naturaleza, la tradición y la autosuficiencia, y en los que las personas no eran libres. Me quedo con dos sentimientos: el predominio de las Casas familiares sobre las personas y el hilo de araña o la cadena de goma que mantiene unidos de por vida a los protagonistas del documental con sus orígenes.
Les dejo con una entrevista con el director, Jesús Bosque.
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