“Lecciones de abismo” de JJ Ordovás
Lecciones de abismo, de Julio José Ordovás, vuela entre las manos, te lleva arrastras por toda Zaragoza, de madrugada y a todas horas.
A fuerza de patearla, a pie, en bici, en bus, en tranvía, con su hijo o solo, el peatón incansable JJ Ordovás enchufa su hilo mental en las venas de Zaragoza: el hilo mental, lleno de sueños, a veces a medio romper, a veces humorísticos, a veces trágicos, es una manguera irrigada por vidas y prácticas de grandes escritores.
Es de esos libros que salen ya clásicos, clavados, con una escritura firme y vibrante que parece sencilla, es de esos libros que dan ganas de ponerse a escribir, de soltarse sin pensar (como explica Álvaro Pombo, citado por el autor), sin planear nada y sin cortarse. Es de esos libros que hacen creer que es fácil escribir, que fluye la prosa sin esfuerzo, sin estrategias, sin esquemas… Fluyen las palabras en un cuaderno y levantan una ciudad.
Y ese es el primer don, aunque tiene muchos más. Es vibrante, alegre y vitalista aunque cuente a veces cosas tristes, incluso horrendas, las cosas de la vida. En cada capítulo trae a un escritor y con dos frases te lo pone en pie delante de tus ojos, pim pam, un consejo, un párrafo, una vida. Víctor Hugo buscaba personajes en las calles de París, los seguía hasta ver dónde vivían… documentarse en caliente.
Así, por una Zaragoza que se despliega como nunca ante la avidez de una vida en marcha, una vida ya mediada, con muescas en la culata, por esa Zaragoza desfilan vidas, cuentos, artículos rápidos como balazos, columnas inolvidables, confesiones del autor que no pierde ni una línea en llegar a la siguiente.
Tiene dos partes, El río fiel, que es el Ebro, y Barrio obrero, que es San José, “donde la vida me ha devuelto como el mar devuelve a la playa a los náufragos que sobreviven a los tiburones”.
Una gozada.