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Una oportunidad perdida para Zaragoza

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Zaragoza se encuentra en plena operación asfalto, con múltiples calles y avenidas en obras, en las que se vuelve a colocar el mismo material que hoy en día se sabe convierte a la ciudad en una estufa de calor en veranos como el que estamos sufriendo.

Con cuatro olas de calor consecutivas, Zaragoza está soportando uno de los veranos más calurosos desde que hay registros, con temperaturas que superan los 40 grados de día y noches tropicales que impiden el descanso nocturno. Es sabido, como lo demuestran múltiples investigaciones y la propia Universidad de Zaragoza, a través de la publicación 'El clima urbano de Zaragoza', que el predominio del cemento convierte a la ciudad en una estufa. En opinión de los autores de dicha publicación: “No debemos seguir apostando por plazas duras ni por reformas de avenidas que solo buscan introducir más coches y asfalto, en este momento todavía es posible otra ciudad, y el clima y el cambio climático deben ser ejes transversales en la planificación”.

Y precisamente eso es lo que debería hacer el Ayuntamiento. Es bien sabido que mientras los parques y las zonas arboladas reducen las temperaturas, gracias a la sombra y a la evapotranspiración, las superficies impermeables y el asfalto oscuro almacenan energía térmica durante el día y la liberan lentamente una vez que se ha ido el sol, convirtiendo las calles en una estufa de día y de noche. El resultado es que la ciudad, incluso cuando se pone el sol, no se enfría.

En Zaragoza, mientras el Gobierno municipal hace gala de ser pionero en la lucha contra el cambio climático, parece ignorar que las altas temperaturas agravan las enfermedades y provocan muertes, y puesto que está invirtiendo una cantidad importante del presupuesto público en la operación asfalto, debería empezar a ensayar materiales de menor inercia térmica, como se está haciendo en otras ciudades de Europa.

Es hora de que el Ayuntamiento, que en su Plan de Adaptación al Cambio Climático afirma que las altas temperaturas son una de las mayores amenazas para la salud, sea coherente y establezca un plan de coordinación con los diferentes departamentos para adaptar la ciudad a la grave situación que ya estamos viviendo.

Desgraciadamente, ni cambiamos el asfalto, ni protegemos el arbolado maduro, ese que proporciona sombra y que al filtrar los rayos solares reduce la temperatura. Cada remodelación de calle, de plaza, de parque, se lleva por delante gran parte del arbolado que ha tardado años en alcanzar su porte. Además, en esas remodelaciones, el incumplimiento de la ordenanza de protección del arbolado produce heridas que convertirán a dichos arboles en inseguros, lo que finalmente justificará su tala.

Y no nos hablen de que Zaragoza cuenta con 65 refugios climáticos para proteger a la población más vulnerable, esa que no dispone de aire acondicionado y vive en pisos mal aislados. Aquí, los mal llamados refugios climáticos no son otra cosa que centros que ya existían cuando no sufríamos estas olas de calor. Además de ser insuficientes, ni se han ampliado horarios, ni personal y tampoco han sido preparados para acoger a la población. Esta realidad contrasta con ciudades como Barcelona, en donde el 99% de sus habitantes disponen de un refugio climático a menos de diez minutos de su casa, tal como aconseja la Red de Ciudades por el Clima, de la que Zaragoza forma parte.

La realidad de altas temperaturas, incendios, sequías, fenómenos meteorológicos extremos nos muestra que la lucha contra el cambio climático debe ser una prioridad de los gobiernos, y que ello supone disminuir las emisiones provocadas por la quema de combustibles fósiles y a la vez adaptar los pueblos y ciudades, poniendo la salud en primer lugar. El Gobierno municipal parece preocuparse más por la ciudad espectáculo: luces, flores, fiestas y obras para cortar la cinta antes de las elecciones que aquellas que protejan la salud de las personas

Urge preparar la ciudad ante las próximas olas de calor y fenómenos meteorológicos extremos que vamos a sufrir: recopilar buenas practicas de otros lugares sobre modelos de adaptación de las ciudades, crear un grupo de trabajo interdisciplinar con expertos desde donde se presente una propuesta que debería ponerse a debate con la ciudadanía. Necesitamos un plan de ciudad participado que ponga en primer lugar la salud y los cuidados de la población.