Quemar las naves
Recibo mensaje de Mikel, mi sobrino alemán: “Muchas gracias por el libro. No me ha dado tiempo a leer mucho, pero alguna de las láminas ya me ha servido para estudiar anatomía”. Mikel acaba de empezar el segundo curso de medicina en Berlín. Los dibujos que le han ayudado, en la era de la IA, son de finales del siglo XIX y principios del XX. Los realizó un tal Santiago. La biografía de Ramón y Cajal ha llegado en unos días a sus manos gracias a Correos y al servicio postal alemán.
Las referencias del de Petilla al cuerpo humano siguen siendo tan solventes como el servicio que presta Correos. Creo. Porque, pensándolo bien, esta mañana he visto un reel de una chica eligiendo entre dos latas de sardinas en el supermercado usando la kinesiología. Al sostener una de ellas su cuerpo se balanceaba hacia adelante —casi rozando el canto de la tierra— señal inequívoca de que esa era la más sana. Quizá no estoy haciendo bien la compra. Y a lo mejor ni Ramón ni Cajal tenían ni puñetera idea de la vida, ni de los cuerpos. ¡Qué sé yo!
A ver si lo que a todas luces parecen dislates son revelaciones de una élite intelectual que ha visto más allá de lo que vemos el resto. A lo mejor dilapidar la reputación y credibilidad de las instituciones que aspiras a gobernar es una sagacidad. En principio, poner en cuestión la fiabilidad del voto por correo en España parece un mero acto de marrullería infantil o una exhibición pública de la estulticia de la que no deberías hacer gala fuera de tu casa. Pero, al ser tantos los políticos que han elegido esta vía, quizá es una estrategia audaz que se nos escapa al común de los mortales.
Mientras no nos sea revelada esa información privilegiada que empuja a ciertas personas que quieren gobernar este país a torpedear los pilares que sostienen su democracia, la mayoría de los españoles seguiremos confiando en uno de los sistemas electorales más transparentes y fiables del mundo. Así lo avalan organismos como el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral o la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).
Que el país se juegue su rumbo en unas elecciones y el principal partido de la oposición comience la precampaña con tamaña barbaridad es totalmente desconcertante. Tal vez la kinesiología pueda arrojar algo de luz sobre el asunto. A simple vista se diría que esa postura antisistema solo engrosa la lista de votos para su incómodo socio. En democracia la oposición se ejerce construyendo una alternativa mejor, con propuestas e ideas. Basar tu estrategia para recuperar el gobierno en difamar al contrario y desprestigiar las instituciones de tu país no parece la mejor opción. La política de tierra quemada puede seducir al desesperado en el corto plazo pero a la larga el precio a pagar es alto y la factura la pagamos todos.