La campaña electoral de los maquinistas de Renfe que sufren los pasajeros de Rodalies
Un veterano ferroviario que había regresado a su Asturias natal tras conducir durante años trenes de Rodalies volvió a entablar relación con sus antiguos compañeros de la Renfe catalana. Su hijo, les explicó, había pasado hacía poco las pruebas y la empresa le ofrecía foguearse en Barcelona.
El padre enseguida recibió unas cuantas opciones de pisos que otros conductores de trenes habían ofrecido en sus canales de WhatsApp. Le pusieron al día y le brindaron todo el apoyo que el chaval pudiera necesitar. A los pocos meses, el hijo ya compartía piso con otros maquinistas y formaba parte de la gran familia del 'ocho catalán' (por la forma que tiene la red de vías catalana).
La historia de este joven y el apoyo mutuo entre trabajadores ayuda a entender el plantón de maquinistas que este miércoles ha vuelto a dejar a los pies de los caballos a los usuarios de Rodalies. Todos a una. Por la forma de relacionarse entre ellos, la alta sindicación –sobre todo en su organización gremial, Semaf– y los estrechos lazos que forman, el grupo de los maquinistas acaba siendo muy endogámico.
Además, Renfe tiene en Catalunya una situación delicada. Pese a que necesita unos 700 trabajadores solo para mover los trenes de Rodalies, históricamente desde la comunidad han surgido pocas vocaciones de maquinistas, lo mismo que ha ocurrido para otros puestos funcionariales o vinculados al Estado. Eso ha provocado que la empresa necesite estar siempre movilizando trabajadores.
Son empleados dispuestos a estar un tiempo en Catalunya, la mayoría jóvenes, pero que desean volver más cerca de sus casas según avanza su carrera. Todo ello genera el cóctel perfecto para que los ferroviarios mantengan una guerra constante e histórica con la empresa, a la que le interesa estirar todo lo posible la estancia catalana de sus maquinistas.
La movilidad es, desde siempre, el principal factor de la altísima conflictividad laboral que se vive en Renfe Catalunya, empresa que gestiona Rodalies. Es el origen, también, de los periódicos problemas de personal que tiene compañía para encontrar quién conduzca sus máquinas. Y ha sido el principal obstáculo para el traspaso de Rodalies a la Generalitat, al que los sindicatos de maquinistas, en especial el poderoso Semaf, se han negado en redondo, sobre todo por la dificultad que les añadiría a la hora de disfrutar de traslados.
La operativa, es decir, lo que hace Renfe, no es lo único que falla en Rodalies. Adif gestiona una enorme red ferroviaria utilizada por 400.000 pasajeros al día (aunque la cifra se está contrayendo a ritmo alarmante) que se ha quedado anticuada, que sigue necesitando de muchas inversiones y mantenimiento, y que, además, está llena de obras y parches. Unos problemas en la infraestructura que también generan fricciones constantes entre Adif y los maquinistas.
Este miércoles a primera hora los usuarios catalanes de cercanías han descubierto con desazón que los trenes no estaban circulando. Los maquinistas se han negado a conducir sus vehículos aduciendo razones de seguridad tras las lluvias de la semana pasada. Pero tanto Adif como Renfe han descartado rápido cualquier posible riesgo.
“No estamos ante un problema de seguridad en la infraestructura, es un conflicto laboral”, ha asegurado Òscar Playà, nuevo director de Rodalies y, por tanto, cara visible de Renfe. Salvador Illa ha ido más lejos. “La seguridad de las vías no es una cuestión subjetiva ni está en manos de ningún sindicato. Averiguaremos lo que ha pasado”, ha afirmado taxativo en el Parlament.
Pero quienes siguen de cerca los entresijos del mundo ferroviario en Catalunya, ya sabían desde el inicio de la semana que algo así podía pasar. Precisamente, el pasado lunes, Semaf reclamó a Renfe volver a constituir la comisión de conflictos.
Las razones, según se recogían en la propia solicitud sindical, eran los supuestos incumplimientos de la empresa en tres áreas: la duración de los periodos de formación para los trabajadores recién incorporados, la negociación sobre los coeficientes reductores de la edad de jubilación y el avance en los protocolos de seguridad ante condiciones climáticas adversas.
“Poco que ver con si las vías están mejor o peor”, resumen fuentes de la empresa, que recuerdan que, en el conflicto entre maquinistas y Renfe se entremezclan las razones laborales de fondo con las cuestiones más políticas. “Al fin y al cabo, el Gobierno es el empleador de todos los maquinistas, la patronal”, subrayan.
A los maquinistas de Renfe que trabajan en Catalunya, como a cualquier otro colectivo laboral, puede suponérseles diversidad ideológica. Pero las razones que les han ido enemistando con el Gobierno las han explicado ellos mismos a lo largo de sus numerosos conflictos. Durante esta legislatura, el peor de todos ha tenido origen en el traspaso de Rodalies a la Generalitat que, pese a lo mucho que se ha rebajado, Semaf sigue considerando inaceptable.
Con el avance electoral, dicho traspaso queda en tierra de nadie y a la espera de cuál sea el nuevo Gobierno, que fácilmente podría revertirlo. Lo que desearía Semaf es de sobra conocido, igual que su beligerancia cuando se trata de obtener sus objetivos.
De hecho, el plante por las bravas de los maquinistas este miércoles ni siquiera era nuevo. En enero de este mismo año ya hicieron una cosa parecida, varias jornadas seguidas, cuando se negaron a conducir tras los trágicos accidentes de Adamuz, primero, y Gelida después.
El miedo de muchos conductores a salir de la estación por el estado de las vías era muy real y, en ocasiones, justificado. Pero, meses después, pocos dudan de que el paro del conjunto de la red tenía como objetivo castigar por los accidentes al director de Rodalies, al que se destituyó; al presidente de Renfe, cuya cabeza estuvo en cuestión, y en última instancia al Ministro, al que aquellos días las críticas y peticiones de dimisión le llovían tanto como la borrasca Harry que azotaba la Península.
Las elecciones sindicales caen en marzo de 2027. Estamos, por tanto, en fechas abonadas para el conflicto laboral. Si además se tiene en cuenta que, en un contexto así, la capacidad de golpear al Gobierno suma puntos, se entiende por qué los maquinistas han decidido entrar por todo lo alto en la campaña electoral del 29N.
“Que Semaf quiera guerra justo ahora… volvemos a enero”, auguraba, pesimista, una persona que vivió muy de cerca la gran crisis de Rodalies con la que se inició el año y de la que, más de 10 meses después, uno de los servicios esenciales para el transporte público catalán aún no se ha recuperado.
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