Terapia
Hablamos en su despacho. Dos sillas frente a frente. Recordándolo ahora, veo muy claro que parecíamos un psicólogo y su paciente. Lo que sería más difícil es decir quién era quién.
La conversación tuvo mucho de sesión de adictos que cuentan su adicción a otros adictos. De adictos que escuchan las adicciones de otros adictos, que son sus adicciones.
Es un compañero de trabajo. Escribe, también, artículos en prensa. Lleva ya muchos años. Tiene oficio. Los recopila en libros muy bien editados y aquella mañana me iba a dedicar el último, que acababa de aparecer.
Hablamos sobre el taller que hay detrás. Comprobé que es más metódico que yo. Más disciplinado. El taller es teclear con el culo pegado a la silla, pero el taller es también pensar qué contarás cuando caminas por los pasillos del supermercado. Cuando preparas la cena. Hablamos de las ideas que llegan cuando no tienen que llegar. De las ideas inoportunas, que son las mejores. Uno, entonces, debe ser ágil. Abandonar lo que esté haciendo. Llevar encima una libreta. Apuntar, si no, una nota en el móvil. No dejar pasar esas ideas. Aunque creas que las recordarás –son ideas magníficas–, se marcharán para siempre si no estás rápido.
Hablamos de si ciertas personas mienten desde el principio o lo que ocurre es que cambian con el tiempo y pierden toda clase de perspectiva. Hablamos del terror del artículo siguiente. Hoy es jueves –le dije– y en este momento no tengo ni idea de sobre qué tratará el del martes. Me dijo que podía hablar de Rodríguez Zapatero.
Hablamos, también, de eso, de que escribir artículos como este es una droga. Y es una condena. A uno le encanta escribir estos artículos, levantarlos como quien compone un poema. Pero uno querría también que este fuera el último artículo. Porque, en realidad, todos los artículos son el último artículo.
Nunca habíamos hablado de todo esto. Los dos convinimos en que era tranquilizador saber que –unos cuantos tabiques más allá– había otra persona con los mismos síntomas. Con la misma patología.
Cuando nos despedíamos y me acompañaba hasta la puerta, el profesor Javier Usoz me dio ánimos y me deseó suerte para encontrar el tema de este artículo. Mientras salía por la puerta, le dije: Creo que ya sé sobre qué tratará.