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ARAGÓN

La unidad de la izquierda es para hoy (y para los próximos diez años)

"Dejémonos de obsesionarnos con los nuevos enemigos, que son los mismos de siempre pero con otro sombrero, y centrémonos en ser coherentes con proyectos en los que mucha gente se ha dejado la piel"

Los humanos tenemos una increíble adaptabilidad al entorno, lo que hace que aprendamos explícita o sutilmente todos los días de nuestra vida. Somos esponjas de información, muy influenciables por todo lo que sucede en nuestro ecosistema, aunque haya algunas personas que piensen que ya lo saben todo.

Nos contagiamos incluso de los estados de ánimo. Cuando no estamos alerta, somos barcos a merced de olas de euforia o de decaimiento. Sin brújula, sin un proyecto de sociedad claro y nítido, tendremos más o menos habilidad para navegar, pero estamos perdidos y sin rumbo.

Para muchas de nosotras, ese lugar hacia el que avanzar es la unidad de la izquierda en un sentido amplio: tanto en el movimiento social o sindical como en el político/electoral/institucional. Esa unidad, que siempre es un proceso en constante movimiento, que siempre es un camino difícil y un aprendizaje, no puede perderse de vista.

Esta primera mitad de año va a ser clave para avanzar en procesos unitarios en muchos niveles: desde el 8M hasta las distintas convocatorias electorales.

Nadie dijo que fuera fácil, compañeras. Es un parto que nunca termina, porque no hay un Ser definitivo. La construcción de un frente amplio es un proceso de acumulación de fuerzas.

Por eso, uno de mis mayores deseos para este 2019 es que, tanto las que estáis en primera línea política y social como las que trabajáis de manera igualmente valiosa en la retaguardia, sepáis soslayar los disensos. Esos que vistos desde cerca parecen un abismo pero que, en un contexto más amplio, si alejamos el foco, se ven como una pequeña parte de un todo en el que sí que hay muchos puntos de encuentro y muchas urgencias que atajar

Os deseo que seáis flexibles con vuestras expectativas, siempre avanzando hacia un bien común superior. Os deseo templanza, despojada de envidia, de estrés y de falta de tiempo: que lo urgente no se coma siempre a lo importante.

Me encantaría que no os dejéis contagiar por el abatimiento y la desilusión, que sólo son espejismos, del mismo modo que lo son la euforia o la alegría sin una base sólida sobre la que construir, que es la confianza en los demás.

Quiero sinceramente que, a las compañeras y compañeros que estáis en las mesas de negociación no se os olvide que hay una brújula que marca el camino y que la gente no entendería que no se siguiera esa ruta pactada.

Tenéis la responsabilidad de dar ejemplo, así de importante es la tarea que os ha sido encomendada. De vuestro/nuestro éxito o fracaso depende que procesos de acumulación de fuerzas como los vividos en 2015 se puedan volver a repetir o condenemos a las personas que habitarán la próxima década a una larga travesía en el desierto en la que unos a otros nos culpemos de quién fue responsable de no sacar adelante tal o cual proceso.

Porque, no nos engañemos, ganar elecciones no es el objetivo principal. Eso es un resultado (importante) de haber fortalecido el músculo social. Esa es la verdadera meta que a veces se olvida, porque es la única palanca de transformación hacia una sociedad más justa, más igualitaria, más respetuosa con nuestra tierra y más próspera.

Dejémonos de obsesionarnos con los nuevos enemigos, que son los mismos de siempre pero con otro sombrero, y centrémonos en ser coherentes con proyectos en los que mucha gente se ha dejado la piel. No podemos comportarnos como esos malos adultos que gritan “¡No se pega!” mientras le dan un cachete a sus hijos. Del mismo modo que no podemos predicar que entre todas vamos a mejorar las condiciones materiales de vida de la gente y luego no ser capaces de ceder en los acuerdos electorales por cuestiones tácticas. La coherencia es un concepto que carece de significado si no se acompaña de acción.

Entre todas y todos, somos los guardianes de la unidad de la izquierda, aunque a veces no seamos conscientes de ello. No olvidemos que, como habitantes del presente, se nos ha entregado el testigo para escribir un par de renglones en los libros de historia de nuestro país. De nosotras depende que sea un capítulo largo o un epígrafe anecdótico.

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