Una tortuga lora, una de las más amenazadas del mundo, se recupera en el Acuario de Gijón tras ser rescatada en El Musel

Una tortuga lora, considerada una de las especies de tortugas marinas más amenazadas del planeta, se recupera en el Centro de Recuperación de Animales Marinos del Bioparc Acuario de Gijón tras haber sido rescatada en el puerto de El Musel en condiciones críticas. El ejemplar fue localizado el pasado 7 de febrero por efectivos del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil y presentaba un cuadro grave de debilidad, hipotermia y neumonía. 

A su llegada, el animal mostraba un estado de extrema delgadez, musculatura muy debilitada y escasa capacidad de movimiento. En un primer momento, el equipo veterinario no pudo identificar con certeza la especie, aunque la forma del caparazón y el pico apuntaban a una tortuga lora, algo que posteriormente confirmaron las pruebas genéticas. 

Desde entonces, el equipo del acuario gijonés trabaja en su recuperación con un seguimiento constante. Según explica la directora de Biología, Veterinaria e Investigación, Susana Acle, el animal llegó con un pronóstico incierto, pero ha ido mostrando una evolución positiva. El objetivo es estabilizar su estado de salud, recuperar su musculatura y lograr que pueda regresar a su hábitat natural en el océano Atlántico. “La llegada de esta tortuga pone de manifiesto la vulnerabilidad de la especie y la importancia de mantener una vigilancia constante y una intervención rápida cuando se localizan ejemplares en peligro”, explica Susana Acle. “Se trata además de una especie poco habitual en nuestras costas, de la que existen muy pocos registros en toda la península. En nuestro caso, su supervivencia se ve comprometida por la aparición en aguas con temperaturas tan bajas. Estamos trabajando en su rehabilitación y, poco a poco, vamos viendo su evolución positiva”.

La tortuga lora (Lepidochelys kempii) es originaria del Atlántico occidental, especialmente de las costas de Estados Unidos y México, y destaca por ser la más pequeña de las tortugas marinas. Su presencia en el Cantábrico es muy poco habitual y se asocia a situaciones de vulnerabilidad, ya que las bajas temperaturas comprometen su supervivencia. 

El tratamiento que está recibiendo incluye cuidados veterinarios intensivos, con analíticas, radiografías y ecografías para monitorizar su evolución. Entre las terapias aplicadas figuran antibióticos, tratamientos antifúngicos mediante nebulización, fluidoterapia y analgesia. En las primeras semanas fue necesario alimentarla mediante sonda debido a su debilidad extrema. 

Actualmente, el ejemplar ya se alimenta por sí mismo con una dieta basada en pescado —como merluza, capelán o bocarte— además de chipirón, gambas y otros alimentos que contribuyen a su recuperación. 

Más allá del caso clínico, desde el Acuario de Gijón subrayan el valor de este rescate como herramienta de concienciación. La historia de la tortuga servirá para sensibilizar sobre la fragilidad de las especies marinas y las amenazas a las que se enfrentan, como la contaminación, la pesca accidental o el cambio climático.