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Andrea Liba

Todo lo que soy es todo lo que tengo, y no tengo nada, un desierto atravesado y algunas ideas. Curro en Pikara Magazine y practico el feminismo.

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Arquitectura de los cuidados en la redacción

Recuerdo cuando llegué a la redacción de Pikara Magazine por primera vez, hace hoy un año y un mes exactamente. Como suele ocurrir cuando llegas a un sitio, me trataron estupendamente. Pero, además de eso, ya en los primeros días empecé a observar algunas cosas que no había visto en otros espacios de trabajo. Detalles tal vez sin importancia. Un "vete a casa a descansar" a una compañera cuando tenía un dolor de ovarios insoportable, un "¿te apetece que vayamos a tomar un pintxo y nos cuentas?" cuando otra llegaba a media mañana angustiada por un problema personal, un "no hagas esa tarea si estás tan agobiada" o "ya lo hago yo" cuando otra compañera estaba al borde del colapso con su carga de trabajo, un "¿qué tal el fin de semana?" como primer punto del día en las reuniones de equipo. En el organigrama, que ahora es ligeramente diferente, "Cuidados" era un área más, ni más ni menos que "Administración" o "Editorial". En el de ahora, cuidados rodea y atraviesa todo lo demás. Vamos aprendiendo nosotras también.

Yo pensé "hostia, claro". Estaba tan acostumbrada a tener un dolor de ovarios insoportable y que la respuesta fuera, básicamente aunque con otras palabras, que me jodiera; estaba tan acostumbrada a que no importara cómo tenía la espalda para mover barriles o subirme a una escalera para limpiar; estaba tan acostumbrada a que la conversación más larga con mis compañeros de trabajo fuera sobre alguna cagada del día a día del bar. En resumen, estaba tan acostumbrada, tenía tan metido hasta los huesos, que la productividad era lo más importante, incluso más que mi propia vida, que llegar cada día a un sitio en el que había sitio también para mis necesidades se me hacía raro. Pero tampoco vayamos a ser ilusas. No es por pasar de hostelería a periodismo, que también hay diferencias insalvables, claro. Tiene que ver con qué ojos mires el lugar de trabajo, tiene que ver con dónde pones el foco, con cuál es el objetivo, con cómo mides los beneficios. Y, aunque queda un largo camino por recorrer todavía, en Pikara la vida se sienta a la mesa y cabe en las tablas de excel. En Pikara la vida cuenta.

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¿Europride? Euroinsulto

Qué bonitas quedan las calles cuando llega el Pride y los ayuntamientos empiezan a poner banderolas arcoiris gigantes, a organizar actividades, conciertos y "cosas gays", que no guays, por todos lados; y los bares, tiendas, bibliotecas y demás se convierten temporalmente en espacios lgtbifriendly. Todo es superchachi, se respira alegría, felicidad, orgullo. Las ciudades se ponen de fiesta, la gente sale y gasta más y todo son colores vivos y brilli brilli. Es un poco como la Navidad pero en versión gay. Gay, porque bollero, trans, asexual… más bien poco. Qué ilusión, qué armonía y qué asco. Habrá quien, llegada a este punto del párrafo diga "nena, que el Pride fue hace tres meses, que este artículo no toca ahora". No, queridas, es que este año, en Bilbao, el pelotazo del Pride no ha hecho más que empezar.

El pasado mes de junio, la Plataforma HARRO, que aglutina a las Coordinadoras 28J de toda Euskal Herria, convocó con éxito un boicot al Pride Bilbao, que ahora se llama Bilbao Bizkaia Harro. Contar toda la historia de por qué colectivos que llevan décadas organizándose para celebrar el día reivindicativo del Orgullo (harro en euskara) LGTBI llevan alrededor de 5 años en lucha contra la versión institucional de la fiesta daría para un reportaje en Pikara Magazine. Hoy mejor seremos breves. De entre todos los pasos que las instituciones de Euskal Herria en general y el Ayuntamiento de Bilbao en particular han dado para intentar apropiarse de esta lucha de 40 años (50 desde Stonewall), uno de los más sangrantes es el que está todavía en proceso, digamos, de negociación. Porque aquí todo es un negocio.

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Abolir la heterosexualidad para seguir vivas

Martes a la noche. Entro a Twitter. Roll down. Nada interesante, seguimos con el shock de las elecciones. Voy a Facebook. Roll down. Hostia, no puede ser. Bueno, qué narices, claro que puede ser, como cada día. Leo bien el titular: "Una madre se suicida en Madrid tras difundirse un vídeo sexual suyo en su trabajo en Iveco".

Vale, primero, ¿una madre? ¿Solo era madre esa persona? El sistema en orden. Por cierto, tiene nombre: Verónica. Sigamos. "Se suicida tras difundirse un vídeo sexual suyo". Entro a leer la noticia. Bien, recapitulemos: una mujer se graba un vídeo con connotaciones sexuales, lo comparte en un espacio de intimidad con alguien y continúa con su vida; 5 años más tarde el vídeo reaparece no se sabe muy bien de dónde y sus compañeros de trabajo -porque el vídeo no circula solo- lo comparten entre ellos hasta conseguir que la gran mayoría de la plantilla de 2.500 personas de la empresa (en torno al 80% hombres, según podemos extraer de este comunicado que hacía la propia empresa en marzo de este año) en la que trabaja lo vean; el señalamiento, las risas, los cuchicheos, la presión pueden con ella y sufre un episodio de ansiedad; el vídeo llega a su actual marido y, al enterarse, se suicida.

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