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Carla Vall

Abogada e investigadora en violencia sexual y de género

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Si no es sí, es no

Socialmente hemos hecho evolucionar rápidamente el 'no es no' para que se convirtiese en 'solo sí es sí'. Lamentablemente, las arenas jurídicas no evolucionan al mismo ritmo y la línea interpretativa asentada no incide de manera profunda en el concepto de consentimiento. Si se repasa a conciencia la jurisprudencia se puede observar cómo se considera la presencia o ausencia de consentimiento; pero cualquier definición sobre el concepto se halla fuera del sistema del Derecho, dependiendo de otras ciencias para completar dicha concepción.

Son pocas las resoluciones en las cuales se incide en la definición, siendo que el Tribunal Supremo estableció que el consentimiento debe provenir de una decisión libre y que debe ser establecida por los criterios sociales que se rijan al respecto. Así pues, en medio de esta evolución, el reto es establecer el marco en esas situaciones en las cuales, precisamente, sea más complejo a nivel jurídico definir si hay consentimiento.

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Cuando la violencia vuelve a empezar con la denuncia

La revictimitzación en los casos de violencia machista, también llamada victimización secundaria, ha llevado a verter mucha tinta sobre cómo las instituciones y los operadores jurídicos (abogacía, funcionariado, policías…) no conseguimos realizar de manera óptima nuestro trabajo. En muchas ocasiones no evitamos que durante los procesos judiciales, incluso en los pasos previos a la denuncia, se inflija más dolor a las mujeres que ya son víctima de violencia. La revictimización suele someter a la víctima a repetir en distintas ocasiones las violencias que ha sufrido, mientras se le hacen preguntas en forma o fondo que cuestionan sus vivencias, como en los casos de Juana Rivas o la Manada.

Estas situaciones se pueden producir desde el inicio del proceso hasta el juicio. Desde el personal sanitario, que es el que levanta el parte médico y lo remite al juzgado, hasta los cuerpos policiales, que reciben la denuncia, algunos sin poder ofrecer siempre atención especializada, llegando también dentro del juzgado por parte de funcionarios y abogados. En toda esta cadena institucional se puede someter a las víctimas de violencia machista al cuestionamiento de su relato, a ahondar en su dolor de un modo innecesario, a insistir en aspectos de su persona que nada aportan a la causa.

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La “manada”, misogínia organitzada?

Durant les festes dels Sanfermines es van comptabilitzar un total de 28 casos d'agressions i abusos sexuals. L'atenció pública es va fixar en el cas de la violació múltiple, fent emergir un debat silenciat fins ara: el del corporativisme masculí per cometre agressions sexuals. Gràcies a les organitzacions feministes de tot el territori s'ha posat al centre del debat el "no és no", la "cultura de la violació", la necessitat de renunciar als privilegis masculins, la indeguda responsabilització de la víctima en les agressions patides, la validació social dels agressors com element perpetuador, la violència sexual com a acte discriminatori i de l'afiançament de la dominació masculina, el cos de la dona com a terreny de conquesta...

La investigació del cas va revelar que els investigats compartien un grup de WhatsApp anomenat la “manada” en el qual compartien les seves gestes. El cas és paradigmàtic: un grup conformat només per homes, units per una afinitat tribal i que actuen en “manada”. Comparteixen en les seves xarxes socials, amb naturalitat i confiança, les diferents conductes delictives perpetrades per uns o altres. Cap d'ells mostra desconcert o expressa desacord davant del fil de missatges en els quals es narra la preparació i comissió delictiva. El grup recolza. Està allí per validar i naturalitzar aquelles mostres d'autoafirmació de masculinitat dominadora. El conjunt de missatges fa aflorar un modus operandi; tòxics, cordes, armes, agressió grupal, enregistrament dels fets i remissió de les imatges. El trofeu és demostrar la seva masculinitat hegemònica, la violència amb la què perpetren les seves agressions, la seva superioritat. La mateixa manera de procedir que en la anterior agressió a una altra dona en la localitat de Pozoblanco, que es troba sent investigada judicialment.

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La manada, ¿misoginia organizada?

Durante las últimas fiestas de Sanfermines se contabilizaron un total de 28 casos de agresiones y abusos sexuales. La atención pública se fijó en especial sobre el caso de la violación múltiple, haciendo emerger un debate silenciado hasta ahora: el del corporativismo masculino para cometer agresiones sexuales. Gracias a las organizaciones feministas de todo el territorio se ha puesto en el centro del debate el “no es no”, la “cultura de la violación”, la necesidad de renuncia de los privilegios masculinos, la indebida responsabilización de la víctima en las agresiones sufridas, la validación social de los agresores como elemento perpetuador, la violencia sexual como acto discriminatorio y de afianzamiento de la dominación masculina, el cuerpo de la mujer como terreno de conquista…

La investigación de este caso, desveló que los investigados compartían un grupo de whatsapp titulado “manada” en el que compartían sus hazañas. El caso es paradigmático: un grupo conformado sólo por hombres, unidos por una afinidad tribal y que actúan en manada. Comparten en sus redes, con naturalidad y confianza, las distintas conductas delictivas perpetradas por unos u otros. Ninguno de ellos muestra desconcierto o expresa desacuerdo ante el hilo de mensajes en los que se narra la preparación y la comisión delictiva. El grupo apoya. Esta allí para validar y naturalizar esas muestras de autoafirmación de hombría dominadora.

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