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Carlos Gutiérrez

Secretario de Juventud y Nuevas realidades del trabajo de CCOO.

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Teletrabajo sí, pero con garantías

El pasado 13 de marzo el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciaba la declaración del estado de alarma como consecuencia de la situación de emergencia sanitaria causada por el coronavirus. Al día siguiente se publicaba en el Boletín Oficial del Estado. Millones de trabajadores nos vimos obligados a confinarnos en nuestros hogares ante el necesario frenazo de la movilidad para combatir la expansión de la pandemia. Ante tal situación muchas empresas tuvieron que superar la tan arraigada cultura del presentismo laboral para desplegar de forma apresurada e improvisada modelos de trabajo a distancia. El teletrabajo tomaba un carácter preferente, pese a que en muchos casos no se daban las condiciones más idóneas.

El teletrabajo es una forma de realizar la actividad laboral a distancia, normalmente desde nuestros domicilios. Es un modelo, por tanto, que evita a los trabajadores tener que estar presentes en el centro de trabajo habitual para la realización de la jornada. Su condición de posibilidad está asociada a los avances en el campo de las tecnologías de la información y la comunicación. Pero también a formas de organización del trabajo flexible y a una cultura empresarial fundada en la confianza.

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Plataformas digitales: huida de la laboralidad 4.0

Hace unas semanas, Adigital, la Asociación Española de la Economía Digital, junto a sus miembros asociados Glovo, Deliveroo, Uber Eats y Stuart, presentaron una propuesta normativa para la regulación del trabajo en plataformas digitales. El documento comienza con una exhibición, que raya la obscenidad, de los múltiples beneficios que irradian estas plataformas digitales de reparto (económicos, para los consumidores, para los repartidores, para el comercio y los negocios)  y finaliza con la propuesta de modificar la regulación del trabajo autónomo económicamente dependiente (TRADE) para adaptarlo a lo que consideran "nuevas relaciones de trabajo" surgidas del contexto digital: el "trade digital". Sin entrar al detalle, lo que pretenden es asegurarse que la relación que mantienen las plataformas con los repartidores se enmarca en el régimen de autónomos, concretamente en el TRADE, a cambio de una serie de coberturas adicionales para los trabajadores. Huida de la laboralidad 4.0.

La huida de la laboralidad no es una dinámica reciente. No nace con la digitalización y el surgimiento de estos nuevos modelos de negocio. Es una pugna que desde hace décadas enfrenta a empresas y trabajadores. Aquellas buscan deshacerse de toda responsabilidad exigida por nuestro ordenamiento laboral y nuestro sistema de protección social. Bajo la figura de autónomos las empresas no tienen que pagar un salario ni respetar las jornadas laborales máximas, las vacaciones, los descansos o los permisos establecidos en el Estatuto de los Trabajadores y en los convenios colectivos. Tampoco tienen que pagar las cuotas que marca el régimen general de la Seguridad Social. Ni tienen que preocuparse por el hecho de que los trabajadores se organicen, elijan a sus representantes para negociar mejoras en sus condiciones laborales o convoquen una huelga. Es la externalización de los riesgos a los trabajadores y al conjunto de la sociedad a través de la mercantilización de la fuerza de trabajo. Es el interés por disciplinar y controlar a los trabajadores. Mientras, los trabajadores presionamos para que el ordenamiento laboral y nuestro sistema de protección social se respeten porque de ello dependen nuestras condiciones laborales y de vida, así como nuestra capacidad de organizarnos colectivamente para poder reequilibrar las desiguales relaciones de poder entre capital y trabajo.

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Un acuerdo para quienes más lo necesitan y contra la precariedad

Es incuestionable que las trabajadoras y los trabajadores hemos cargado con el mayor impacto de la crisis económica y de los inicios de la tan anunciada recuperación. Este sufrimiento se ha materializado en un vertiginoso crecimiento del desempleo y en una potentísima devaluación salarial que se ha cebado, principalmente, con los más vulnerables: los más precarios y entre quienes tienen salarios más bajos. Las jóvenes generaciones no alcanzamos a recordar tiempos tan dramáticos como los vividos durante los últimos 10 años. Quedará grabado en nuestra memoria colectiva.

Durante esta etapa de crisis, toda una serie de (contra) reformas en nuestro sistema de relaciones laborales han instalado unos dispositivos que petrifican la estrategia de ajuste y devaluación salarial, y dificultan la lucha contra la precariedad laboral. Ese ha sido el objetivo. La precariedad laboral y los bajos salarios como norma social en el mercado de trabajo para fortalecer los sectores empresariales que se desenvuelven y compiten en sectores de bajo valor añadido. Impulsar el proceso de externalización del riesgo asociado al mercado del capital al trabajo.

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