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Carlos Slepoy

Abogado especialista en Derecho laboral, en Derecho de los Derechos Humanos y en Justicia Universal.

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El franquismo: la excepción española en Europa

Ya han pasado 40 años desde las últimas cinco personas a las que Francisco Franco asesinó fusiladas. Este 27 de septiembre se cumplía el aniversario en el que José Humberto Baena, José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz, Juan Paredes Manot y Ángel Otaegui mancharon de sangre el alba de Barcelona, Burgos y Hoyo de Manzanares (Madrid). A día de hoy siguen impunes los jueces que condenaron, los ministros que convalidaron y los voluntarios que participaron en los piquetes de ejecución de estos asesinatos "legales". Igual que ocurre con los responsables de los centenares de miles de asesinatos, desapariciones forzadas, torturas y otros múltiples delitos cometidos durante toda la dictadura franquista.

La semana pasada realizamos desde el parlamento europeo las jornadas ‘Memoria, democracia y justicia universal: juzgar al franquismo’, en las que participaron varios grupos parlamentarios y contamos con la presencia de víctimas del franquismo y activistas de asociaciones como La Comuna o CEAQUA (Coordinadora Estatal de Apoyo a la Querella Argentina), Merçona Puig Antich, hermana de Salvador Puig Antich y representantes de la justicia internacional y la querella argentina como la Jueza María Romilda Servini, la defensora de DDHH Ana Messuti, el representante de la Asociación Pro Derechos Humanos de España, Manuel Ollé, y el emérito Magistrado del Tribunal Supremo José Antonio Martín Pallín. Estos días pudimos comprobar cómo todos los países europeos han juzgado a sus respectivas dictaduras y a sus culpables, además de desarrollar una política activa de reconocimiento de las víctimas. Todos los países menos el nuestro, que el responsable de memoria de la comisión europea catalogó como la excepcionalidad española. Una anomalía que permite que España sea el segundo país del mundo con más desaparecidos forzados después de Camboya, permitiendo así que una parte fundamental de nuestra memoria democrática siga enterrada bajo nuestras cunetas.

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