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Desmemoriados.org

El Grupo de Trabajo Desmemoriados está compuesto por personas comprometidas con la construcción y la preservación de la Memoria Colectiva de Cantabria. Desde el espacio crítico de La Vorágine, Desmemoriados trabaja de forma abierta y plural en proyectos que ayuden a difundir el legado común de la lucha por una sociedad digna, y aporta herramientas metodológicas y tecnológicas para  la conservación y divulgación de las voces y los elementos documentales que conforman la memoria colectiva de Cantabria.

Desmemoriados aborda así proyectos concretos de recuperación, conservación y difusión de esa memoria así como alimenta y comparte una base de datos de acceso público con fotografías, documentos, testimonios, pegatinas, carteles… que documentan, siempre de forma incompleta, la trayectoria social y política desde la II República hasta los años 90 del siglo XX.

El enemigo invisible. Apuntes sobre la masonería en Cantabria

Desde el comienzo de la sublevación, en julio de 1936, hasta la muerte del general Franco, en noviembre de 1975, una de las obsesiones del dictador fue acabar con los peligros que amenazaban las ''esencias de la España Eterna''. Imbuido de una misión casi trascendental durante todo su mandato, nunca olvidó que sus enemigos eran el marxismo, la democracia liberal, el separatismo y la conjura judeo-masónica. Esta obsesión quedó plasmada en su testamento político donde nos advierte, citamos textualmente, que ''los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta''.

Franco siempre identificó a los masones como enemigos de la Patria, fuente de anticlericalismo y defensores de ideologías extranjerizantes que suponían una grave amenaza para la España nacional-católica victoriosa en la guerra civil. A consecuencia de este odio, desde los primeros días de la contienda en todas las zonas bajo dominio del bando franquista, los masones fueron perseguidos, encarcelados y en muchas ocasiones, asesinados. Especial dureza tuvo la represión en Andalucía, Sur de Extremadura, Castilla, Galicia y Canarias. Se calcula que aproximadamente 2000 masones fueron ejecutados y 200 logias cerradas hasta 1939.

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Lucha obrera en los inicios de la Transición: la marcha de los trabajadores de AUTHI en 1975

Este mes de diciembre, exactamente el día 22, se cumplen 44 años de la marcha obrera de los trabajadores de AUTHI desde Los Corrales de Buelna hasta Santander, en protesta por la falta de soluciones institucionales ante el cierre de la empresa y la pérdida de sus puestos de trabajo. Existen diversas interpretaciones sobre los acontecimientos ocurridos ese día, que trataremos de exponer aquí a través de su descripción tal y como aparecen en la bibliografía especializada1 y en la prensa local2, así como en el relato ofrecido por un trabajador de AUTHI que formó parte de la marcha y que nos ha brindado su experiencia en una entrevista personal3.

AUTHI (Automóviles de Turismo Hispano-Ingleses) fue fundada a mediados de los años 60 por la empresa Nueva Montaña Quijano, que pocos años después vendió sus acciones a la compañía inglesa British Leyland. Las factorías de AUTHI en Pamplona, Manresa y Los Corrales de Buelna, resultaron ser muy rentables fundamentalmente por la fabricación del popular 'mini', que tuvo una gran aceptación en el mercado, lo que permitió a sus 4.500 trabajadores disfrutar de buenos salarios y condiciones laborales. Esta situación se mantuvo hasta que, en la primera mitad de los años 70, los efectos de la crisis económica mundial sobre el consumo empezaron a incidir sobre la venta de coches, que disminuyó notablemente, lo que provocó que la empresa comenzara a sufrir serias pérdidas. Hubo rumores de una posible venta a la multinacional americana General Motors, que finalmente no llegó a consumarse. La incertidumbre sobre el futuro de AUTHI y el enorme desánimo de los trabajadores, que no confiaban ya en la estabilidad de sus empleos, configuran el contexto que antecede a la también conocida como “marcha verde”, quizá la primera de estas características acontecidas en España tras la muerte del dictador, un mes antes.

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Reinosa 1936, los truenos de la guerra

En el verano de 1936, el golpe de estado del 17 de julio, propiciado mayoritariamente por una serie de militares africanistas descontentos, supuso, ante la resistencia del gobierno republicano legalmente constituido y de las clases populares que lo apoyaron, el comienzo de una guerra civil que duró casi tres años.

Si algo caracterizó aquellos momentos iniciales, aquella rapidísima sucesión de acontecimientos funestos, fue la confusión. Si habitualmente los medios de comunicación no destacaban por su ligereza, con el comienzo de las hostilidades, abocadas las noticias a las censuras propias de cada bando, la toma de decisiones, no solo para los protagonistas de las facciones contendientes sino también las individuales de cada uno de los pobladores de un país que de la noche a la mañana se despertó en guerra, estuvo habitada por el desorden, la turbulencia y la duda.

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A propósito de Las Trece Rosas

Ellos mienten sobre todo y mienten siempre. No conviene olvidarlo. Aunque nos pueda parecer extraño y por mucho que nos duela, lo de menos es que hayan dirigido esta vez sus dardos envenenados contra Las Trece Rosas. Saben perfectamente la razón por la que lo hacen. Las Trece Rosas son un símbolo, tal vez el más importante, por doloroso e injusto, de la memoria democrática de este país. También lo son Federico García Lorca, Miguel Hernández o Antonio Machado. ¿Cuánto tiempo creen que pueden tardar en insultarnos, insultando a cualquiera de esos tres poetas?

El problema no es ése, porque sus mentes retrógradas e imperiales ya lo hacen. Lo han hecho siempre.

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Mapa de campos de concentración y del sistema penitenciario en Cantabria durante el franquismo

En el mapa se ha representado el sistema concentracionario franquista, que esencialmente estaba compuesto por campos de concentración, hospitales de prisioneros, comisiones de clasificación y batallones de trabajadores. También se han incluido los centros penitenciarios que estuvieron activos de forma paralela, en los que acababan los prisioneros pendientes de ser juzgados, los que estaban pendientes de ser fusilados o los que ya habían sido condenados. Además, se han representado los destacamentos penales, los talleres penitenciarios y destacamentos de regiones devastadas creados tras la disolución de los batallones de trabajadores y en los que se condenaba a trabajos forzados a la población penitenciaria.

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El relato de los supervivientes de los campos de concentración franquistas: "Comíamos hierba igual que las vacas"

El progresivo desmoronamiento del Frente Norte durante la Guerra Civil condujo a una situación caótica para la situación de los prisioneros. Santander, Santoña, Laredo, Castro Urdiales y Torrelavega se convirtieron en grandes prisiones por las que pasaron decenas de miles de soldados republicanos a la espera de su clasificación para ser destinados al ejército, ser utilizados como mano de obra forzada, ser enviados a prisión o, directamente, ser "paseados".

Se aprovecharon todos los grandes edificios para encerrarlos sin tener en cuenta las condiciones de habitabilidad. Lo fundamental era que los muros pudieran contener en su interior un elevadísimo número de prisioneros. Dormían en el suelo en grandes salas, sin apenas espacio para darse la vuelta, vestidos y, en el mejor de los casos, sobre una manta. Por la noche permanecían encerrados sin acceso a las letrinas, haciendo sus necesidades en recipientes improvisados en la misma estancia. En otros casos, como el de los recluidos en la Plaza de Toros de Santander, tuvieron que dormir durante semanas sentados a la intemperie, lloviera o no, a la espera de su traslado.

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La esclavización laboral de los prisioneros bajo el franquismo: los Batallones de Trabajadores

Es en este punto donde se manifiesta uno de los objetivos fundamentales del sistema de campos de concentración durante la Guerra Civil y el franquismo: el empleo de una parte de los prisioneros de guerra como mano de obra forzosa, su concepto de recurso económico. De hecho, su enunciado legal, decretado por el General Franco, corre casi paralelo al de la oficialización de los campos, siendo incluso anterior, de junio de 1937.

Como formulación general constituye lo que se ha dado en llamar utilitarismo punitivo: el aprovechamiento militar y la rentabilidad económica y política de los recluidos. Casi un 90% de las personas clasificadas lo fueron en grupos destinados o al frente bélico o a los Batallones de Trabajadores. En suma, es la utilización final del prisionero la que dota al planteamiento concentracionario de su verdadero sentido.

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Trabajos forzados, hacinamiento, hambre y muerte: la institucionalización del horror en los campos de concentración franquistas

Una vez finalizada la II Guerra Mundial, en la segunda mitad del siglo XX, se generalizó entre la población mundial el conocimiento de los campos de concentración y su pavorosa realidad. A partir de entonces, su sola evocación causa un estremecimiento, un sentimiento de horror que tiene que ver fundamentalmente con el desprecio de las vidas humanas. Víctimas que lo son por quiénes eran y a las que sus verdugos privaron de su razón de ser, del sentido de la existencia. Los nazis lo expresaron como «vidas indignas de ser vividas». El rostro del mal.

Hasta tiempos relativamente recientes, la presencia de campos de concentración en la España de la Guerra Civil y la Postguerra ha sido un hecho generalmente desconocido, condenado a la desmemoria. Aunque con distinta caracterización, profusión, intencionalidad y resultados, su existencia fue un asunto común al bando franquista y al republicano mientras duró la contienda.

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Cuando España era una inmensa prisión: el avance de las tropas franquistas dejó un reguero de campos de concentración

Con la sublevación militar en marcha a partir del día 17 de julio de 1936, el territorio peninsular español quedó dividido en dos partes a medida que fueron decantándose los lugares que se mantuvieron fieles a la República y aquellos en los que triunfó el alzamiento militar golpista.

A su vez, aquel que permaneció en manos republicanas también quedó partido y sin posibilidades de comunicación por tierra, dado que el espacio que conformaban las provincias de Guipúzcoa, Vizcaya, Cantabria (entonces Santander) y Asturias en la franja septentrional resultó aislado del resto de las áreas leales al gobierno legítimo.

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Los españoles tras el mito de la Liberación de Francia: ¿Un olvido interesado?

Combatientes españoles en Francia. Verano de 1939. Abajo, a la derecha, sin camisa, Julio Vázquez, nacido en 1917 en Obregón, (Villaescusa, Cantabria). Militante comunista histórico. Se alistó voluntario en el ejército de la República, combatió en el Frente Norte, fue evacuado tras la caída y se hizo tanquista en Cataluña, pasó a Francia y fue recluido en el Campo de Barcarés, donde se tomó esta foto. De allí salió acompañado de paisanos de Villaescusa y del valle de Cayón y posteriormente se incorporó al Maquis en la Gran Combe. Fue detenido y deportado a España.

Este pasado mes de agosto se han cumplido 80 años de varios acontecimientos que revisten el carácter de históricos, algo que a veces se otorga con exceso de rapidez cuando no con elevadas dosis de frivolidad. El 1 de abril hizo 80 años del último parte de nuestra Guerra Civil. Este 1 de septiembre es el mismo aniversario del inicio de la Segunda Guerra Mundial. La relación entre ambas, usando solo criterios académicos es muy difícil de negar. En España, la paz oficial se veía a diario acompañada de cientos de ejecuciones que causaron decenas de miles de víctimas en el siguiente cuarto de siglo. En ese mes de agosto de 1939, el fusilamiento de las jóvenes republicanas conocidas como las Trece Rosas señala una de las cuentas de ese funesto rosario. En Francia, varios miles de españoles, como Julio Vázquez, estaban a punto de empuñar de nuevo las armas.

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