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Ignasi Bartomeus

Ignasi Bartomeus es investigador Ramón y Cajal en la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC). Sus linea de trabajo principal trata de entender como diferentes factores del cambio global impactan sobre la estructura y composición de las comunidades de plantas y polinizadores, y como esos impactos afetcan al funcionamiento del ecosistema.

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Cómo comunicamos ciencia

Como bien sabéis los lectores de este blog, si no contamos los nuevos descubrimientos de la ciencia, el conocimiento generado no sirve para nada. Los científicos tenemos canales para comunicar los nuevos avances a otros investigadores, por ejemplo mediante artículos científicos, pero nos es más difícil llegar a un público más amplio. El problema es que contar conceptos complejos de forma amena y eficaz no es sencillo, y nadie nos ha enseñado a hacerlo. Por eso, científicos y diseñadores gráficos están uniendo fuerzas para fortalecer el poder de la comunicación de la investigación a través de piezas visuales atractivas, informativas e incluso sorprendentes.

Esto es exactamente lo que hemos hecho un grupo de científicos y diseñadores gráficos durante los últimos meses. El resultado final son una colección de infográficos que comunican sus hallazgos tal vez tan bien como los canales comunes de comunicaciones que los científicos usan o incluso mejor. El reto es animar a más científicos a acoger el diseño gráfico como un activo serio en los esfuerzos de comunicación de la ciencia, así como un proceso útil para el avance de la ciencia en sí. Pero para ello, también necesitamos que las agencias que financian proyectos apoyen este tipo de iniciativas.

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Replanteando el modelo de publicación y de acceso a la información científica

La publicación de trabajos científicos está dominada por un reducido grupo de empresas editoriales que operan con márgenes de beneficio desorbitados de hasta el 40% [1]. A pesar del presupuesto limitado con el que cuenta el sistema científico español desde hace años, el conjunto de universidades y organismos públicos de investigación de nuestro país mantiene ungasto ingente (decenas de millones de euros anuales) para poder acceder a las bases de datos y publicaciones editadas por las grandes editoriales. Por ejemplo, la suscripción a la base de datos Scopus (propiedad de Elsevier) nos cuesta más de 2 millones de euros al año [2], y la suscripción a Web of Science (propiedad de Clarivate) se estima que cuesta más de 3 millones de euros al año. A pesar de que a menudo se vende el acceso a estas bases de datos como indispensables para los científicos, actualmente existen alternativas gratuitas viables y con prestaciones similares [3,4] (e.g. Google Scholar, MS Academic, Dimensions, 1findr, ...). 

Los costes de suscripción para poder acceder al contenido de revistas científicas son aún más impactantes [5] y con constantes subidas de precios anuales. Por ejemplo, se estima que España paga unos 25 millones de euros anuales [6] sólo para poder leer los contenidos publicados en Elsevier. Para hacernos una idea de la magnitud de esta cifra, esa cantidad es equiparable [7] a lo que se invierte anualmente en todo el programa postdoctoral Juan de la Cierva. El beneficio económico de estas grandes editoriales contrasta con el hecho de que la inmensa mayoría de editores, autores y revisores realizan su trabajo de asesoramiento y revisión de manera gratuita. Un primer paso imprescindible es conocer el gasto real de forma fiable exigiendo más transparencia sobre los costes de las licencias tanto de bases de datos como de revistas. 

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VÍDEO | ¿Qué les pasa a las abejas?

Está claro que hay una creciente preocupación a nivel científico, político y social sobre qué les está pasando a las abejas. Sin embargo, también hay una gran confusión sobre cuál es el estado de la cuestión, cuáles son las amenazas reales y que se puede hacer. Recientemente, 35 investigadores del Grupo de trabajo ECOFLOR ha firmado un escrito en la revista Quercusdonde desmienten cinco mitos muy extendidos sobre el declive de las abejas.

En resumen, el problema no es solo sobre la abeja de la miel, sino que hay más de 20.000 especies diferentes de abejas en el mundo. Esta diversidad de especies hace que las causas y las soluciones sean también diversas. Para explicarlo de forma más amena y poder informar a cuanta más gente mejor, os dejo el siguiente vídeo para entender qué les pasa a las abejas.

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El declive de las abejas

Todos conocemos la abeja de la miel, pero pocos saben que, junto a ella, hay más de mil especies diferentes de abejas, y eso solo en España. Eso significa que hay más del doble de especies de abejas que de pájaros. Entre todas nos brindan un servicio muy importante: polinizar las flores de muchas plantas para que den fruto. La abeja de la miel es una especie muy peculiar. Vive en grandes colonias de forma social y, hoy en día, está totalmente gestionada por los apicultores. Pero el resto de especies de abejas tienen formas de vida de lo más diversas. Hay especies que nidifican en el suelo o en la madera en pequeños agujeros y no forman colonias, sino que viven solitarias. Las hay especializadas en visitar sólo unas pocas especies de plantas, mientras que otras son generalistas y visitan cualquier flor que vean. Las hay pequeñas como una hormiguita o grandes como un escarabajo pelotero. Y hasta las hay parásitas de otras abejas. Debido a esta diversidad, el problema del declive de las abejas es más complejo de lo que podría parecer. Las abejas de la miel, por ejemplo, tienen problemas que suelen ir asociados a ser una especies gestionada: están atacadas por diversos patógenos, sus condiciones alimentarias no siempre son buenas y suelen estar más expuestas a pesticidas. Pese a estos problemas de salud que debemos tratar, las abejas de la miel no se van a extinguir.

Pero, ¿qué sabemos de los otros cientos de especies de abejas? Desgraciadamente muy poco. Tenemos datos de Estados Unidos y Europa que muestran que muchas especies están en declive, pero también hay que decir que unas pocas especies se están adaptando bien al cambio global. Podríamos decir que tenemos muchos perdedores y pocos ganadores. Las causas de estos declives son variadas. La primera es la pérdida de hábitat. Más del 40% de la superficie terrestre libre de hielo está modificada por el hombre, especialmente para uso agrícola. Muchas abejas no pueden prosperar en estos ambientes ya que no encuentran alimento o sitios donde nidificar. Pero, incluso las especies que pueden adaptarse a estos ambientes, se ven afectadas por el grado de perturbación humana. El cambio climático también afecta a las abejas, por ejemplo, su periodo de actividad ya ha avanzado unas dos semanas respecto a hace 50 años y el rango de distribución de los abejorros ha disminuído sustancialmente. Las especies de abejas exóticas introducidas por el hombre también están trayendo consigo nuevos patógenos, algunos de ellos responsables de la casi desaparición de una especie de abejorro (Bombus affinis) en Estados Unidos. Finalmente, las abejas que pueden usar zonas agrícolas se ven expuestas a pesticidas. No es de extrañar que se vean afectadas por ellos, ya que los insecticidas, como los neonicotinoides y otros, están diseñados para matar insectos, pero también también se ven afectadas por los fungicidas, que eliminan su flora bacteriana, y los herbicidas, que reducen sus recursos florales ("malas" hierbas para el agricultor pero alimento necesario para las abejas).

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