eldiario.es

Síguenos:

Boletines

Boletines

Menú

Jesús González Pazos

Miembro de Mugarik Gabe.

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 11

La Tierra sin Mal

Entre los pueblos tupí-guaraní, que se extienden por gran parte de América del Sur y principalmente en los estados de Bolivia, Brasil, Paraguay y Argentina, existe el mito de la Tierra sin Mal. Habla de un territorio que puede entenderse como del más allá, pero que también se puede encontrar en el más acá, en el tiempo y espacio físico de los vivos. Así, estos pueblos persiguen constantemente la búsqueda de esa tierra y el mito explica las constantes migraciones de éstos a lo largo de su historia.

Algunos pensarán inmediatamente que la Tierra sin Mal podría ser también el paraíso cristiano, pero como ya hemos dicho, entre los tupí-guaraní la creencia es que ese mundo también puede encontrarse en el tiempo de la vida y no solo después de la muerte. No es el premio a una existencia de sacrificio como enseña la doctrina cristiana, sino un futuro alcanzable y deseable para la sociedad actual.

Seguir leyendo »

Desinformación, hegemonía y fascismo

Recurrentemente en los últimos años se ha escrito mucho sobre la pretendida sociedad de la información en la que vivimos. La extensión hacia los últimos rincones del planeta de internet y las redes sociales nos han llevado a esa percepción. La prensa tradicional escrita, radial o televisiva, aquella que en las últimas décadas nos proveía de la información necesaria para saber qué ocurría en nuestro mundo inmediato y en el más lejano, parece que se aboca a su desaparición o, en el mejor de los casos a su radical transformación. La modernidad informativa nos lleva a nuevas cotas donde ya no hace falta esperar a la mañana para comprar el periódico, o a los noticieros horarios para, bien en radio bien en televisión, tener cumplida información de los hechos más relevantes de la jornada. Ahora en cualquier momento podemos acceder a la prensa digital y a una multitud aplastante de datos sobre lo que ocurre en el mundo o sobre el más inimaginable abanico de temas relevantes o irrelevantes.

Por eso se afirma que vivimos en la sociedad de la información aunque, y a pesar de lo extraño que pueda parecer, quizás podamos convenir también que esa es una afirmación que contiene una paradoja evidente, pues tal cúmulo de información nos desinforma. Para sostener esta idea hay dos razones inmediatas que nos llevan a ello. De una parte, la gran abundancia de información que, en simple apariencia, nos asegura que la sociedad está necesariamente informada; de otra parte, la manipulación y concentración de la información que limita brutalmente las fuentes posibles que nos acercan esa información en términos de cierta objetividad y diversidad de puntos de vista.

Seguir leyendo »

La crueldad profunda de la injusticia

Defender a quien defiende es una redundancia a la que hoy nos obliga el sistema. Y además, éste nos empuja a proclamar esa urgencia con claridad meridiana ya que los ataques contra quienes hoy defienden los derechos humanos se están convirtiendo en los últimos tiempos en una de las señas de identidad más vergonzosas del sistema mismo.

Defender a quienes defienden el derecho al libre tránsito de las personas para poder construirse un futuro de vida digna cuando ésta se les niega en sus lugares de origen a causa de guerras, miserias, hambre o explotación; defender a quienes defienden el derecho a cuidar, respetar y guardar sus territorios ante la voracidad extrema de mineras, forestales, hidroeléctricas o agroindustriales que solo buscan aumentar sus cuentas de beneficios mediante la esquilmación de la naturaleza. Defender a quienes defienden el derecho indiscutible de las mujeres a una vida sin violencias ni acosos y plena de derechos en equidad, traducido todo ello en la obligación de acabar con una sociedad machista y heteropatriarcal. Defender a quienes defienden hoy el derecho de los pueblos a definir su presente y su futuro en simple igualdad con otros pueblos; defender a quienes defienden el derecho a la libertad de expresión ya sea en el arte, la literatura o la música. Sin duda, como decía una vieja canción, malos tiempos para la lírica cuando hoy llegamos al nivel de tener que proclamar la defensa no solo de los derechos humanos, sino también de quienes defienden su cumplimiento y ejercicio.

Seguir leyendo »

Falsos principios del neoliberalismo

Pretendemos reflexionar hoy sobre algunas de las ideas fundamentales que el neoliberalismo nos ha imbuido en estas últimas décadas. Son los años de dominio casi absoluto de este sistema hasta el punto de que, como señaló Margaret Thatcher, casi nos ha hecho creer que “no hay alternativa” posible al mismo. 

Una primera de estas ideas es aquella que prácticamente establece la existencia de una línea recta, sin desvíos posibles, desde la privatización de los sectores económicos estratégicos de un país hasta los avances consiguientes, y sin límite, del modelo de desarrollo. A la población del planeta se nos repite machaconamente ese axioma, hasta considerarlo casi como ley natural e inmutable.

Seguir leyendo »

Transnacionales y criminalización de la protesta

Recientemente, delegaciones de distintos países latinoamericanos y europeos compartíamos reflexiones sobre la guerra y el nuevo escenario posible que se abre con los acuerdos de paz en Colombia. Esto ocurría en una pequeña comunidad embera, cerca de la ciudad de Medellín. En esa situación, las autoridades tradicionales nos sorprendían cuando señalaban que hablar de ordenamiento territorial da a entender que es necesario ordenar la tierra. Sin embargo, la naturaleza siempre estuvo ordenada, en equilibrio. Nos decían que es el sistema dominante quien la ha desordenado; luego, lo importante, lo urgente, es "ordenar" el sistema que impacta negativamente contra los territorios, contra los derechos y contra la vida.

Es un hecho escasamente reconocido que en demasiadas ocasiones, las palabras más sabias no necesariamente se encuentran en los seminarios académicos ni en las grandes conferencias mundiales de economistas o políticos. Por el contrario, la experiencia de cientos, miles de años de comunidades y pueblos a lo largo del planeta es la que se traduce en verdadero conocimiento, tal y como las palabras de más arriba nos transmiten. Es el sistema el problema, pues es éste el que está ocasionando desequilibrios, injusticias, explotaciones sin fin, empobrecimiento para las grandes mayorías, aumento de las brechas de desigualdad, machismos y feminicidios o el cambio climático. Son éstas, junto con otro largo etcétera, algunas de las consecuencias más graves que hoy sufrimos, pero la causa, por mucho que se nos trate de ocultar reside en ese sistema dominante que prima los intereses y beneficios económicos de las élites por encima de los derechos humanos individuales y colectivos de las personas y pueblos, reprimiendo además la protesta cuando ésta se produce. Se nos sigue queriendo mostrar, en el mejor de los casos, solo el dedo (consecuencias) para que no podamos ver la luna (causas).  

Seguir leyendo »

Estados neocoloniales y el 12 de octubre

Ahora que no está de moda, hablemos un poco de colonialismo. Muchos pensarán que es un asunto pasado, histórico, y que buena gana de desperdiciar el tiempo con temas como éste; sin embargo, mantendremos en este texto que hoy un número muy elevado de pueblos y sectores sociales viven aún situaciones que podemos calificar como coloniales, aunque con evidentes matices, y alguna diferencia, sobre lo que la historia política nos contó en relación a los siglos anteriores. Precisamente, esa historia, cargada de evidentes connotaciones ideológicas, nos enseña que, salvo contadas excepciones, para las décadas de los años 60 y 70 del pasado siglo XX podemos dar por finalizado el amplio periodo caracterizado por el colonialismo. Ese sistema de dominación que, principalmente, ejerció Europa durante los últimos 300 ó 500 años (según continente) sobre la mayor parte del mundo.

Si fijamos nuestra mirada en América Latina esa misma historiografía que señala una fecha esencial en 1492, y en complementariedad con las ideologías dominantes en la mayor parte del continente, establece en hace más menos 200 años el final de la era colonial. La misma se produciría, tras las guerras con la corona española, con las proclamaciones de independencia de la mayoría de las repúblicas que hoy conocemos y que dividen ese continente.

Seguir leyendo »

Sin territorio no hay vida

En los tiempos que vivimos hablar de derechos humanos ha perdido mucho espacio y sentido en las grandes declaraciones políticas. Es una realidad que evidencia que éstos, en el pasado más reciente, se usaron en demasiadas ocasiones como arma arrojadiza con fines más de contienda político-ideológica que de preocupación verdadera por el ser y estar de la humanidad. Así, aún hoy, pese a la escasez de esos discursos, todavía estos derechos son usados con evidentes intencionalidades, cuando menos, muy discutibles. Se echa mano de ellos para condenar al gobierno de Venezuela, pero se olvidan los mismos cuando se habla, por ejemplo, de México (200.000 asesinados, 30.000 desaparecidos y 350.000 desplazados en la última década). Qué decir cuando se da asiento en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU a Arabia Saudí o cuando algunos gobernantes, pese a la constante violación de esos derechos y al financiamiento ideológico y dinerario del yihadismo que hace la monarquía saudí, justifican con no se sabe qué argumentos hacer negocios con ese país, ya sea vendiendo trenes de alta velocidad para el desierto o armamento de todo tipo y condición. El negocio es el negocio y los derechos humanos son otra cosa que no deben mezclarse con los primeros.

Sin embargo, esto no debe hacernos caer en el pesimismo. En su mayoría el reconocimiento y ejercicio de todos los derechos humanos, individuales y colectivos, y para todas las personas y pueblos, debe de seguir siendo una constante en las acciones por construir sociedades realmente más justas y democráticas de hecho. Subrayaremos este último término, de hecho, en complementariedad imprescindible con otro, de palabra, que en demasiadas ocasiones se queda simplemente en eso, en la palabra, en el discurso sin su concreción en obra.

Seguir leyendo »

Venezuela, con respeto y solidaridad

En la práctica totalidad del universo político y comunicativo vasco y español defender hoy al gobierno venezolano y los progresos habidos respecto a las condiciones de vida que el proceso de transformaciones ha supuesto en ese país para las grandes mayorías populares, puede abocar directamente al linchamiento. Ver supuestos debates en determinados canales televisivos o tertulias radiofónicas, así como escuchar declaraciones de la clase política tradicional es como oír un discurso monotemático que no se sale ni un ápice de la supuesta verdad: Venezuela es un régimen dictatorial y la oposición solo lucha por la democracia perdida.

Aunque para ser justos, más que el linchamiento de quien disienta de ese discurso dominante, lo que prima hoy en día en esta democracia ibérica es la invisibilización absoluta, no vaya a ser que dar cabida a alguna duda razonable pueda abrir resquicios en el muro político y mediático construido en estos años. El fin, evidentemente, ahogar la más mínima objetividad sobre lo que está ocurriendo en ese país latinoamericano. Sin duda, cualquier observador independiente podrá apreciar el sustrato de tics coloniales que todavía subsisten y que la vieja “madre patria” periódicamente saca a la luz con su íntimo convencimiento de alumbrar el camino de todo un continente atrasado y no civilizado, como si todo se hubiera quedado parado en el siglo XVI o XVII.

Seguir leyendo »

El nuevo imperialismo de las élites económicas

Hace unos años, y de forma paralela a la crisis que sufrieron los planteamientos más tradicionales de la izquierda clásica tras la desaparición del llamado bloque soviético, el término imperialismo cayó en desuso hasta su casi desaparición del lenguaje político y quedó relegado a los libros de historia. No era moderno hablar de imperialismo, como casi tampoco lo era declararse de izquierdas y sí, a lo sumo, progresista. Sin embargo, el mundo sigue dando vueltas y el afianzamiento del neoliberalismo y de sus consecuencias más duras, traducidas en el dominio de los mercados y de las élites económicas sobre la vida de los estados y pueblos, vuelve a poner sobre la mesa este término.

Así, ajustándose a las nuevas realidades político-ideológicas que hoy vivimos, se hace necesaria una revisión y actualización del término y de su significado. Interesa en este sentido un enfoque que hable del nuevo imperialismo basado principalmente en el desplazamiento de la acumulación del poder desde las manos de las clases políticas tradicionales y de los estados-nación hacia las élites económicas. Pero, hasta llegar a ello, y para entenderlo mejor, exploremos algunos elementos fundamentales del imperialismo clásico.

Seguir leyendo »

Más allá de los 140 caracteres

Igual ya no está de moda leer y tampoco escribir. Y esto, aunque el metro o el autobús en las mañanas nos pueden llevar aún a pensar lo contrario cuando vemos a la gente ensimismada en sus pantallas de e-books y móviles. Sin embargo, lo que en realidad se va imponiendo cada día más es la cultura de los 140 caracteres, como consecuencia lógica de la sociedad rápida, esloganizada y minimalista que vivimos. Pero también como reflejo y consecuencia de la reducción del pensamiento crítico, que el sistema dominante tiene como evidente objetivo para hacer más absoluta su prevalencia.

Cierto es que en estos últimos años se ha desarrollado, se puede decir así, un arte del reduccionismo y hay que reconocer que a veces en 140 caracteres se condensan verdades o ácidas críticas y afiladas razones. Hay personas que han desarrollado una alta capacidad para transmitir mucho con pocas palabras; es de reconocer. Pero, la otra verdad es que cada día vivimos más en base a los mensajes condensados y reaccionamos, para bien y para mal, en función de los mismos. Incluso las clases políticas, las tradicionales y las modernas, hoy se pliegan a esta nueva realidad y usan el tuit de forma continua para trasladarnos declaraciones, imágenes e ideas simples o, directamente, para la manipulación informativa y el adoctrinamiento ideológico. Exponente máximo de esto último y de la cultura del reduccionismo es el actual presidente de los Estados Unidos, que prefiere este medio antes que exponerse ante periodistas y reconoce abiertamente que no le gusta leer. Aunque aún no sabemos si es por haber desarrollado esa alta capacidad de comunicación a través de unas pocas palabras o es porque, realmente, no tiene nada inteligente que transmitir.

Seguir leyendo »