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José Antonio Machín

Nací para el periodismo en la Barcelona de los 80, destinado a la tragedia de Los Alfaques con el grupo Mundo de Auger. Luego vinieron las radios municipales de Catalunya y Radio España de Barcelona. Pero casi toda mi biografía profesional está ligada a TVE, adónde llegué en 1983 y en donde aún continúo convencido de que un medio público debe servir sobre todo para consolidar la democracia.

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Montano

No se ha muerto como del rayo, porque hacía tiempo que lo suyo no acababa de pintar bien. Que Alicia no esté ya con nosotros es la constatación de que la muerte es cruel y sobre todo, mediocre. "Cuánto penar para morirse uno", decía también Miguel Hernández. Recuerdo que hace unos veranos aceptó participar en un curso sobre periodismo que dirigí en la UIMP. Mientras cenábamos en un restaurante santanderino coincidimos en la necesidad de bajar kilos, pero ella aborrecía el gimnasio: "Prueba con mi ejercicio favorito: hacer pesas con dos kilos de arroz de Calasparra en cada brazo".

No he conocido a nadie que maneje tan bien el humor como herramienta de diálogo con pares y nones. En su etapa como jefa de nacional de los telediarios aprendí a contar la política en televisión, aquellas piezas breves trufadas de declaraciones de todos los colores que siempre conseguían destacar lo esencial. Qué inútil que una vida tan consecuente acabe tan pronto en tabla rasa. Qué forma de mandar al cajón de las cosas que pasaron el carácter de esa mujer, intuitiva, periodista febril, amiga de sus amigos y de sus enemigos: "Machán, no te engañes", me decía, "hay excelentes personas en la derecha e ilustres malvados en la izquierda y viceversa".

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Aplauso

En su rostro no se nota si está a favor o en contra: si la intervención es amiga, muestra una sonrisa abierta; si es enemiga, igual. Siempre afirma con la cabeza desde el escaño, así que parecería que se identifica políticamente de la misma manera con Pedro Sánchez y con Santiago Abascal. Evidentemente no es así, pero siempre se agradece una expresión relajada cuando el orador mira al patio de butacas, al banco azul en este caso.

No está mal esa actitud, aunque podría interpretarse como un escaso compromiso identitario teniendo en cuenta que es una de las ministras de este Gobierno, aún en funciones. "Aplaudes poco", le reprochaba Miguel Ángel Rodríguez a José Luis López Medel cuando José María Aznar decía aquellas barbaridades desde el estrado del "centoecha". López Medel acabó fuera, como Miguel Ángel Revilla está ahora mismo fuera de las amistades de Carmen Calvo. Ya lo decía Alfonso Guerra: "Quien se mueve no sale en la foto".

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