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José Miguel Rojo Martínez

José Miguel Rojo Martínez (Ricote, 1997) es estudiante de Ciencia Política en la Universidad de Murcia. 

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 1

La CROEM me quiere gobernar

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Análisis sobre el barómetro del CEMOP primavera 2018

Los principales problemas percibidos por la ciudadanía de la Región de Murcia son el desempleo (26,7%) y el agua (17,6%), muy lejos de otras temáticas como la clase política (11,4%) o la corrupción (8,7%). Estos datos demuestran la particularidad del debate político murciano, en el que un issue regional desplaza a la corrupción como segundo gran problema, posición que ocupa a nivel nacional según los datos del CIS de abril 2018.  

Tras observar estas cifras resulta procedente cuestionarse si los partidos que relegan la cuestión hídrica o la creación de empleo en su discurso, sustituyéndolas por regeneración democrática y justicia social, deben permanecer en su empeño hasta desplazar a la opinión pública a su campo de preferencias o si, por el contrario, lo que deben hacer es cambiar el orden de políticas públicas de acción prioritaria en sus programas, para ofrecer desde sus principios ideológicos una respuesta consistente en materia de desarrollo, que es la etiqueta en la que podríamos agrupar desempleo y gestión el agua.  En resumen, parece razonable que la oposición hable más de agua y de empleo (en el sentido que se quiera), aunque esta apuesta, soy consciente, es fácilmente rebatible por aquellos que consideran que un partido nunca debe actuar discursivamente en un campo históricamente capitalizado por otro actor, es decir, un terreno donde no tiene reputación. Este debate es tremendamente importante porque al relegar al PSOE y a Podemos a aquellas áreas donde tienen buena reputación y se pueden mover cómodamente, justicia social y lucha contra la corrupción, mientras estos temas no sean los prioritarios en la opinión pública se estarán autolimitando sus posibilidades de atracción.

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La beautiful people, a Moncloa

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La candidata

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Mi reino por un chalé

No pensaba escribir nada sobre esta polémica que tanto duele y que tanto cansancio genera, una vez más. Lo más cómodo era apuntarse a la desafección creciente entre el electorado izquierdista de este país, cuya desmovilización permitirá que el neoliberalismo de Ciudadanos termine cerrando victoriosamente la brecha que abrió el 15M.

Las condiciones personales no tienen que capacitarte necesariamente para poder defender unos determinados intereses, es cierto. O al menos eso pensábamos en España antes de divorciamos de las élites políticas tradicionales por un hastío estético y moral. Abrazamos entonces el difícil camino del populismo, un camino imprescindible para los momentos que vivíamos y aún vivimos; un camino que exigía nuevos representantes, más que cercanos a lo que el pueblo sentía, directamente pueblo sufridor, para poder volver a reconciliarnos con las instituciones democráticas. Representantes que vivieran y sintieran, en consecuencia, como la mayoría social empobrecida. Era necesario para seguir legitimando la democracia que las élites políticas dejaran de ser esos burócratas aislados y traicioneros que montaban en coches oficiales y fumaban puros en yates. Ese fue el discurso fundacional de Podemos: "no nos representan porque no viven como nosotros, porque no sufren como nosotros. Solo se preocupan de sus intereses".

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Nuevo/Viejo

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Un puzzle a la murciana, un cambio de gobierno y una vuelta al 2004

Hasta que no se haga público en junio el primer barómetro del CEMOP los murcianos no sabrán con exactitud cómo se empieza a dibujar el nuevo cuadro político de la Región, pero de la escucha activa de la calle se pueden extraer ya varias sensaciones generalizadas que, si se mantienen en el tiempo, pueden convertirse en presagios.

La primera de esas sensaciones generalizadas es que el PP se desplomará en mayo de 2019, acusado de un liderazgo débil y una ruptura de los grandes relatos mantenidos por Valcárcel desde 1995. Ese desplome, que incluso les podría dejar por debajo de los resultados de Calero en 1991 –17 escaños–,  no está claro que se compense directamente con el auge de Ciudadanos. A nadie se le escapa que la invención de Ciudadanos responde a una cuidadosa estrategia para no romper el statu quo y es que da igual lo que pierda el PP en  favor de la marca catalana si la suma  de ambos partidos llega a 23 diputados y los populares son primeros, pero en el perfecto matrimonio entre naranjas y populares se ha interpuesto el veterano Alberto Garre con su nuevo partido Somos Región, ubicado en el centro-derecha regionalista. Los seguidores del ex Presidente parecen no estar dispuestos a ser una empresa pantalla del PP, por lo que parte del voto popular que se les fugue no se pondría a disposición de “Fer”, ni siquiera de otro candidato, en un eventual acuerdo de gobierno. Este es el peor escenario para San Esteban: si no suman con Ciudadanos lo perderán todo. Y también es un escenario delicado para Ciudadanos, que tendría que elegir entre la irrelevancia política o la apuesta por un gobierno de cambio, al que repetidamente ha declarado su alergia patológica. No les bastará con surfear en la ola nacional a los de Miguel Sánchez –parece que por poco tiempo– para crecer por encima del efecto circunscripción única, o dicho de otra forma, para alcanzar los ideales 8 escaños.

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Mad Montoro y la guerra de los titulares

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Confluencias para el cambio: crónica de un fracaso anunciado

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Puente, claroscuros, luz tenue

Confirmamos que ser conservador está demodé, por eso, López Miras ha decidido impulsar un cambio ideológico en su partido y transitar hacia el “liberalismo pragmático”, vete tú a saber qué es eso. Porque dicho así suena a despido libre y con un abrazo de indemnización o a un artefacto político para que Ciudadanos deje de crecer (ellos sí que molan).

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