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Murcia y aparte es un blog de opinión y análisis sobre la Región de Murcia, un espacio de reflexión sobre Murcia y desde Murcia que se integra en la edición regional de eldiario.es.

Los responsables de las opiniones recogidas en este blog son sus propios autores.

La insoportable levedad de Pedro y Pablo

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, antes de una de sus reuniones

Lo de la investidura no parece obra de Milan Kundera, pero por la frivolidad de los protagonistas hay quien podría afirmar que, efectivamente, vivimos en el ambiente hedonista del 68. La conflictividad afectiva y la pelea permanente como única forma de existencia y expresión empiezan a convertir a la izquierda española en una triste caricatura marcada por liderazgos insoportablemente leves.

Al PSOE se le subió a la cabeza lo del 28-A. La victoria fue rotunda, pero sólo tuvo este calificativo por la debacle de Casado, gracias todo ello a la providencial aparición de VOX, la derecha inútil. Es una anomalía europea que un partido que pretende formar Gobierno sin disponer, ni mucho menos, de la mayoría absoluta niegue una coalición. Esta actitud es propia de otros tiempos y retrata a Sánchez como un líder egoísta, incapaz de cooperar, absoluto. ¿Por qué es tan traumático plantear un gobierno compartido cuando al partido que lo va a encabezar tan solo le han apoyado 29 de cada 100 votantes? El relato victorioso socialista no puede construir una realidad parlamentaria ficticia ni puede pretender que los actores políticos se conviertan en subalternos. El «todo para mí», la pelea de machos alfa, es tan rancia como cualquier postulado de Colón y empieza a hartar.

Parece que Sánchez quiere vengarse de la actitud de Iglesias en la XI legislatura, cuando el líder de Podemos prefirió pedir el Ministerio del Interior a un programa de avances sociales. Entonces, un Iglesias cegado frenó las posibilidades de cambio en España y, ahora, es Sánchez quien prefiere eliminar a Iglesias a trabajar por garantizar derechos para la mayoría.

Es obsceno que la investidura se esté resolviendo en términos de cálculo electoral y partidista. Además, Sánchez se equivoca si piensa que unas nuevas elecciones le beneficiarían en términos absolutos (puede que sí lo hagan en términos relativos). Muy difícil lo tendrá el bloque progresista para volver a encontrarse con una derecha tricéfala incapaz de sumar. Así que, entre discusiones y pataletas infantiles, nos estamos jugando poner a este país rumbo al pasado.

Hace unos meses, y ante una situación de emergencia, se pidió a muchos electores desconectados que se movilizaran y superaran sus reparos. ¿Tan poco vale la confianza de esos miles de ciudadanos para destrozarla ahora? Las culpas parecen repartidas casi a partes iguales, con la excepción de que el Presidente del Gobierno tiene la responsabilidad y el encargo de formar una mayoría parlamentaria. Sánchez prefiere buscar la complicidad de PP y Ciudadanos, a quien tanto ha denostado, incluso apelando a "un favor de vuelta", que ceder terreno a su socio natural. El Presidente del "no es no" ahora quiere ser elegido gracias a una abstención de Estado que él, por principios, nunca quiso defender.

Y todo esto sucede también mientras Pablo Iglesias toma de nuevo a sus bases como rehén con unas opciones de consulta tan tendenciosa que ni siquiera Tezanos podría haberlas diseñado. Aunque Pablo ya no quiere dirigir el CNI y ahora solo se conforme con hacer viviendas públicas, los errores de 2016 le siguen situando como el tipo de los sillones cuando, para ser justos, es Sánchez quien se niega a desprenderse del más mínimo poder, incluso si eso supone llevarnos de nuevo a elecciones. Qué insoportablemente leves estos tipos.

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