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Las llamadas del 23F reflejan que la familia de Tejero conocía el fracaso del golpe desde el inicio: “Qué gilipuertas es”

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Iñigo Aduriz / Raúl Rejón

25 de febrero de 2026 22:18 h

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Las llamadas del 23F desclasificadas este miércoles permiten conocer cómo vivió la familia del golpista Antonio Tejero las principales horas de la asonada, pero no arrojan luz respecto a las grandes incógnitas de la intentona de la que el lunes se cumplieron 45 años. Así, las transcripciones que han visto la luz por decisión del Gobierno no han contemplado las conversaciones del rey con las capitanías generales o las comunicaciones con el Congreso la noche del golpe que podrían resultar claves para conocer el papel del jefe del Estado en lo ocurrido.

“Escúchame, ya sabes el problema de Antonio. No está asignado. El tonto desgraciado, lo han dejao solo, para no variar”. Carmen Díez Pereira, esposa del teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, fue consciente del fracaso del golpe de Estado protagonizado por su marido el 23 de febrero de 1981 prácticamente desde que se produjo la toma del Congreso de los Diputados. Conversaciones como la citada, evidencian que la familia del cabecilla del golpe supo desde el principio de la noche que Tejero no tenía apoyos en su plan para subvertir el orden constitucional.

Aquella madrugada lo reconocieron explícitamente la mujer y varios de sus hijos que, además, creían que “todo el Ejército” e incluso el rey del momento, Juan Carlos I, sí apoyaban de inicio los planes golpistas aunque finalmente se desmarcaron. La gran obsesión de Díez Pereira a lo largo de toda la madrugada fue tratar de hablar con el propio Tejero para decirle que estaba “solo”. Primero intentó que desde la Capitanía General le enviaran un coche a su domicilio para personarse en el Congreso y decirle a su marido que había fracasado. Y, después, por consejo de las autoridades del momento, la mujer envió una cinta grabada al hemiciclo para intentar convencer a Tejero de que cejara en su empeño y entregara las armas.

En una de esas conversaciones, Díez Pereira llegó a reconocer que a su marido ya se le había advertido de que no tenía los apoyos para el golpe dos meses antes de producirse. Fue Fernando Caro, entonces comandante de la Guardia Civil de Málaga, quien avisó a Tejero en las Navidades de 1980. “Es que si me hubieran dejado hablar con él antes. Es que él no se creía que le habían abandonado”, afirma la mujer del teniente coronel golpista en una llamada telefónica con el propio Caro, dando a entender que conocía los planes de su marido desde hacía meses y que sabía también que no contaba con apoyos. “Él no se creía que el Ejército le había dejao (sic)”, añadió ella. “Ya se lo dije yo”, apostilló Caro. “Ya se lo dijiste tú”, insistió Díez. “Ya se lo dije yo, en Navidades”, sentenció él.

Estoy desesperada, porque si está el tío tan ostinao, están las tanquetas del GEO y monta el número

A lo largo de las conversaciones transcritas y conocidas este miércoles se evidencia la desesperación de la mujer del guardia civil. “Estoy desesperada, porque si está el tío tan ostinao, están las tanquetas del GEO y monta el número”, le dijo a uno de sus interlocutores al principio de la noche. Después, en otra llamada con el general Fajardo, este le cuenta a la esposa de Tejero que a las seis de la mañana, horas después del inicio del golpe, este militar le pidió al golpista que llamara a su mujer. “¡Jolines! ¿Y todavía no me ha llamado? ¡Entonces no me llama!”, se lamentó. “Le han dejao como una colilla. Por Dios. Es indigno”, apostilló ella.

A Herminia, otra de las mujeres con las que habló aquella noche, Díez le muestra su indignación por el hecho de que el Ejército no esté apoyando el golpe. “Hija de mi vida... ¿Has visto qué asco de Ejército?”, le pregunta. “¿Has visto qué asco? Me lo han dejao solo, me lo han engañao. Su interlocutora le anima a estar “orgullosa, porque hombres así...”. “Pero, hija, si es un desgraciao, si encima lo tachan de loco y de bandolero y sabe Dios...”, añadió. “Con la cantidad de hombres que hay ahí, por Dios, para salvar a España”, añade la mujer de Tejero, a lo que Herminia le contesta, sugiriendo que el golpista debía haber provocado un baño de sangre: “¡Tenía que cargárselos antes de salir de ahí!”.

En otra conversación, la mujer de Tejero insistió: “Han engañao a mi marido como un desgraciao (...). Tanto amor a la patria, tanto darlo todo y mira cómo le han engañado”. “¿Y cómo no se le ocurre pensar antes?”, le pregunta, en este caso, una tal Carmen Elvira. “Porque mi marido...”, intenta explicarse Díez Pereira, como reconociendo que Tejero no pudo contener su impulso. “Es que lo que pasa es que él se cree, que como él es así de honrao y de recto, eh, es que los demás van a seguirle igual”, reconoce Carmen Elvira. “¡Es tonto!”, concluye la mujer del golpista.

Otro de los interrogantes que rondaron en la cabeza de Díez Pereira era si realmente el general Milans del Bosch, que aquella noche llegó a sacar los tanques a la calle, estaba realmente viajando a Madrid para apoyar la insurrección, como se llegó a creer en algunos círculos golpistas. Pero luego ella misma reconoció que al llamar a la Capitanía General de Valencia, ya le habían dicho que el militar no solo no estaba de viaje, sino que estaba dormido.

El Ejército estaba detrás y lo han abandonao. Ojalá pongan petardos en todos los cuarteles

La indignación se apoderó de la mujer de Tejero y de sus hijos. Una de ellas llegó a la casa familiar “llorando”. “¡Qué asco de mierda de mundo!”, apuntó entonces Carmen Díez Pereira, en conversación con otra persona. “El Ejército estaba detrás”, apunta, en otra llamada: “Ojalá pongan petardos en todos los cuarteles (...), que le han dejao tirao, es un desgraciao”. En este caso, la mujer de Tejero hablaba con el comandante Caro, a quien le dijo: “Tenemos los españoles de mierda que nos merecemos”. En todo momento Carmen Díez advertía a sus contertulios de “cómo es” su marido y cómo su posible comportamiento le hacía temer por su vida.

Los hijos también conocieron el fracaso mientras su padre estaba aún en el hemiciclo. “Mi madre va a hablar con mi padre, porque a mi padre le han dejado atrás entero, solamente lo ha apoyao Milans del Bosch, y al ver que no apoyaba nadie más, ni Armada ni rey ni nada, estaba todo el mundo detrás, a ver... Milans del Bosch lo ha dejao y mi madre va a ir ahora allí a ver si puede darle una cinta porque mi padre no se cree, no se puede creer que lo han dejado en la estacada y voy a ir con ella”, le dijo uno de ellos a un tal Paco en otra de las llamadas grabadas.

“¿Cómo es que ha ido solo a eso?”, le preguntó este último. “Mi padre se arriesgaba durante dos horas en el Hemiciclo con 200 guardias (...) Y a las dos horas se ha levantao el Ejército, se ha levantao Milans del Bosch. Mandó unidades pero se volvieron para atrás. Tomaron Televisión pero quitaron eso y ya se rajaron todos los demás capitanes generales, pero tenía detrás a Milans del Bosch, a Armada, al Rey y al del Goloso, como se llame, y todavía lo han dejado en la estacada”.

Uno de los documentos desclasificados este miércoles refleja la conversación que mantuvieron en la noche del 23 de febrero de 1981 la mujer del golpista y uno de sus hijos, al que ella llama “Antoñito”. “Han dejado a tu padre tirado como una colilla”, le insiste ella. “Ya, ha sido un fracaso, ¿eh?”, asume él. “Todo el Ejército estaba detrás”, añade ella, que reconoce que “el Ejército se ha rajao”. “Hijo putas”, responde el hijo de Tejero.

Nada más le pido a dios que salga sano. Que esté en la prisión toda la vida"

A renglón seguido, madre e hijo se ponen a divagar sobre qué podría ocurrirle a Tejero tras el fracaso del golpe. “Nada más le pido a dios que salga sano. Que esté en la prisión toda la vida”, asegura ella. Después el hijo le pregunta si se ha leído el código militar. Y la madre le dice que “la pena de muerte la han quitao (sic)”. Según sus cálculos de aquella madrugada, Tejero iba a cumplir “12 años de cárcel”.

La toma de RTVE: “Tirar a matar”

Al margen de la familia, de las transcripciones de llamadas telefónicas desclasificadas este miércoles, la conversación entre dos soldados sobre la toma militar de Televisión Española hace deducir que los altos mandos de su regimiento estaban implicados y apoyaban la intentona. “Todos. El capitán recibía órdenes del coronel”, afirmó. Un regimiento completo de la unidad militar El Pardo se movilizó para controlar RTVE con órdenes de “tirar a matar” si fuera necesario. Así lo comentó uno de los militares movilizados. El diálogo grabado fue el siguiente:

– Pues no sé, no sé lo que va a pasar, solo sé que aquí estamos, sin dormir, ni nada.

– ¿Y solamente era ese capitán?

– No, todo el regimiento.

– Pero todo el regimiento vuestro.

– Todo el regimiento entero, nuestro.

– Altos mandos, no ¿no?

– ¡Hombre, claro! Todos. El capitán recibía órdenes, del coronel y éstos. Estuvimos tomando Radio Televisión. A las ocho de la tarde, nada más que te deje yo, que te llame por teléfono, pues tocaron alarma y a preparar todo: petates, la virgen, como para marcharse (…) Y venga, a Televisión y órdenes de no hablar con nadie, el primer tiro al aire y el segundo a dar, con los cargadores metidos y ni seguro ni nada.

La tensión entre los militares subió mucho, de acuerdo a este relato, ya que le preguntan a este soldado si su capitán estaba “frenético” a lo que le respondió: “Fíjate. Pues tirar a matar. Con eso ya te lo he dicho”.

El golpista Juan García Carrés, amigo de Antonio Tejero, ocupa mucho de las conversaciones telefónicas desclasificadas, ya sean sus propios diálogos con Tejero u otras personas, que los escuchantes no son capaces de identificar, o siendo objeto de preocupación por parte de su familia, amigos y otros militares una vez fue arrestado por su relación con el golpe (acabó siendo el único civil condenado en el juicio por el 23F). Sus conversaciones con el teniente coronel Tejero cuando el guardia civil estaba en el Congreso ya eran material conocido. Al habla con una tercera persona –sin identidad–, García Carrés afirmó que los regimientos Villaviciosa y Pavía iban a defender a los guardias civiles sublevados en Las Cortes.

También informaba de que se haría un manifiesto por parte de los golpistas del Congreso de los diputados.

– Vamos a ver, dime: ¿y un manifiesto quien lo va a mandar?

– Los guardias civiles de dentro –contesta García Carrés–. Si pudiéramos conectar, ten preparado un magnetofón que he dicho que te llamen, te he estado llamando por el otro y no lo cogías.

– Va a trasmitir un tal Abad de El Alcázar.

– Exacto.

A pesar de todas estas indicaciones, cuando se produce esta conversación, da la impresión de que ambos ya dan por fracasado el golpe de estado y García Carrrés avisa, según él, de cuál será la actitud fanática de Tejero:

– Este se mantiene allí a vida o muerte, te lo digo yo –avanza–.

– Pobre hombre.

– Este va a palmar, vamos –pronostica el golpista–.

Horas más tarde, Antonio Tejero se rendía con el célebre pacto del capó. Fue arrestado, juzgado y condenado a 30 años de cárcel. Cumplió 15 antes de salir en 1996, hace 30 años. No resistió “a vida o muerte” ni tampoco “palmó”.

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