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Lorenzo Sentenac

Médico. Salmantino de nacimiento y toledano de adopción. Enamorado de ambas ciudades. Corredor de fondo. Curioso impertinente y voraz, es decir, un inmaduro constante y voluntarioso. Lector irredento. Escritor a ratos, pero solo amateur. Para poner sobre el papel el desorden de ideas y emociones que nos hace únicos (a todos nosotros). No me canso de observar la Naturaleza, y en este sentido sigo siendo aquel niño que contemplaba, ensimismado, lagartijas y grillos. Todo el daño que le hagamos a esta (la Naturaleza) nos lo haremos a nosotros mismos. Ese maltrato, es el mayor pecado del hombre.

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El gran vacío

La política no siempre responde a las leyes de la lógica política, o al combate –tan desigual- de los intereses económicos, sino que en ocasiones parece obedecer a las leyes de la física.

Los flujos y transmutaciones de los votos nos recuerdan a los flujos y transmutaciones de la energía, y aunque los primeros no cumplen con la primera ley de la termodinámica (la energía no se crea ni se destruye), sin embargo fluyen, cambian de sitio, o incluso, en una deriva hacia lo peor pueden llegar a desaparecer en la nada. Y con ellos todo el modelo, que sin duda no es tan seguro en su estabilidad como el balance energético del cosmos. La implosión del modelo por la desaparición de los votos en la nada cósmica de la democracia líquida, puede deberse a dos circunstancias plausibles: o bien a las obstrucciones del mercado, que decide la inconveniencia –para sus intereses- de lo votado y por tanto su inutilidad de facto, algo que vemos cada vez con más frecuencia (y sorprende la indiferencia unánime ante hecho tan grave), o bien a que las elecciones no se convoquen y nos contentemos con gobiernos fuertes, sobrevenidos de aquella manera, algo que no parece tan improbable ni está tan lejano en el horizonte que alumbra en modo penumbra. 

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De los hunos y los otros

Si no nos pareció bien en su día que Fernández Díaz, ministro réprobo del Gobierno del PP, frecuentara las cloacas del Estado y los seres tenebrosos que la habitan (aunque eso sí, con conocimiento y licencia del expresidente Rajoy, cuya mano derecha decía ignorar lo que hacía su mano izquierda, allí en los bajos fondos, contra sus adversarios políticos), no puede parecernos bien tampoco que la nueva ministra de "justicia" del "cambio" (nada menos que de justicia y nada menos que del cambio) practique o haya practicado un trato fácil y desinhibido (¿vino o cerveza, Lola?) con aquellos mismos habitantes del submundo, comisarios polivalentes, policía patriótica de su exclusiva patria, espías a dos bandas en beneficio propio, vividores del desecho común, que en singular camaradería con algunos representantes de la legalidad más pura y prístina del Estado, de este Estado, claro (jueces y fiscales) parloteaban en sus ratos libres de lo divino y de lo humano, pero también de lo público.

Esa promiscuidad de "gremio" bien avenido alguna explicación lógica tiene que tener, que no sea la que nos tememos. Ya veremos si lo que llegan son explicaciones lógicas o más revelaciones peligrosas sobre amistades turbias. En cuanto que no se trate del morbo de las relaciones personales y conversaciones privadas sobre asuntos de ese ámbito (privado) entre fulano y mengano, Lola o Villarejo, sino de conversaciones entre policías corruptos y fiscales en ejercicio, sobre asuntos que interesan también a lo público, no puede desestimarse la responsabilidad de prestar atención a lo que allí se decía.

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Curso acelerado de cosmética

No sabemos si el Gobierno de Pedro Sánchez, dure lo que dure, pasará a la Historia como el gobierno que más cosas anunció y menos cosas hizo. Sin duda la retahíla de cosas loables y objetivos felices que este gobierno ha anunciado en tan pocos días, daría -de traducirse en hechos palpables- para finalizar una legislatura con la grata satisfacción de la misión cumplida.

Pero como toda esa serie de anuncios van quedando atrás, flotando en el viento, como banderas desinfladas de una batalla que nunca se dio, o como banderines colgados de una fiesta truncada que no llegó a celebrarse, toda la expectativa abierta por esos anuncios queda resumida hoy en la siguiente cuestión: ¿Qué significa todo esto? ¿Cuál es el enigma de Pedro Sánchez?

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Tristes victorias

El verano debería ser tiempo de lecturas relajadas y discretamente hedonistas. ¡Es tan largo el invierno! O lo era, porque hablo del invierno de antes del cambio climático, y hoy ya todo se confunde, sin fronteras claras entre una estación y otra. A pesar de ello, y a vueltas con esas lecturas relajadas a las que invita la estación, he acometido estos días otras lecturas un poco más serias, al hilo de la actualidad y animado también del interés creciente por un autor (periodista y escritor) del tiempo de la República, defensor constante y convencido de ese intento democrático que iluminó por un instante nuestro horizonte histórico: hablo de Manuel Chaves Nogales, que murió en el exilio de Londres en 1944, en los estertores de la segunda guerra mundial.

En este autor, gran cronista, se reflejan el optimismo que acompañó el nacimiento de la Segunda República, el horror de la guerra, y la tristeza de la derrota y el exilio. Fue lúcido y vio cosas antes que nadie. Intentó evitar y denunció la traición a la joven república española por parte de las democracias occidentales. Alertó primero sobre Hitler, cuando ascendió al poder en 1933, en una serie de crónicas sobre el terreno y en el momento justo en que esa barbarie nacía, y alertó después sobre Franco y lo que representaba, ya en el trascurso de la contienda. Supo ver la confrontación entre dos fuerzas totalitarias: el bolchevismo ruso y el fascismo de Hitler, Mussolini, y Franco. Y la democracia como víctima propiciatoria de esa confrontación.

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Finisterre

"Al parecer, es necesario experimentar primero la conmoción de comprobar la identidad entre la teoría platónica de la justicia y la teoría y práctica del totalitarismo moderno para poder comprender lo urgente que se torna la interpretación de esos problemas" (KARL. R. POPPER / La sociedad abierta y sus enemigos).

En tiempos más sensatos Europa se empezó a construir, y ahora, en tiempos más salvajes, se ha empezado a suicidar. Como dice muy acertadamente Josep Ramoneda en un artículo reciente ( El suicidio europeo), hoy el malestar de fondo, social y político, tiene su correspondiente "chivo expiatorio" (volvemos a las andadas): el inmigrante.

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Herejes

Es sabido que de la mano de una política decididamente retrógrada, nuestro país se ha adentrado en un túnel del tiempo que nos devuelve como lectura aprovechable la "Historia de los heterodoxos españoles", de don Marcelino Menéndez Pelayo. Conviene por tanto familiarizarse de nuevo con el término de hereje y poner al día los métodos de la persecución para identificar el renovado olor a carne quemada que flota en el ambiente.

Al final, toda fe que se sabe engaño viene definida por la cantidad de mordazas que necesita para exaltar su espejismo, y la de Don Mariano, pater de famiglia numerosa, necesita de muchas. ¿Qué mejor forma de darles pábulo que elevarlas a la categoría de ley? Y ya que hablamos de mordazas, hablemos de Giordano Bruno, al que le pusieron una para que no hablara.  ¿Y de que hablaba Giordano Bruno? Pues de la pluralidad de los mundos y de la extraña maravilla -según la física antigua- de que esos mundos estuviesen habitados. Esa cosmología, tan contraria al canon oficial, le fascinaba tanto como nos fascina hoy. Sin duda, la lengua avanzada e insolente de  Giordano Bruno (a años luz de sus ortodoxos contemporáneos) se habría topado hoy con las mordazas mezquinas de Don Mariano Rajoy y compañía. 

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Gaza

Por eso el III Reich fue al final tan endeble, monstruo frío y duro que se hundió en su propio lodo, víctima de su propia violencia, de su propia inhumanidad. Y esto lo saben bien muchos judíos que reniegan de los actos crueles del gobierno israelí, y denuncian ellos también la violencia indiscriminada, desproporcionada, contra niños, contra civiles, contra inocentes, que deja todo un reguero de muertos y de imágenes terribles, que los avergüenza y los hiere a ellos también en lo más profundo. Crisis sucesivas, abusos reiterados, muertes repetidas, que ningún muro podrá ocultar. Cadáveres de niños descabezados, ojos inocentes y abiertos pero ya sin vida, imágenes indelebles de asesinatos de civiles que podrían intercambiarse con las de las víctimas del bombardeo de Guernica, ejecutado por los nazis amigos y colaboradores de Franco. No hay lógica ni geoestrategia que soporte las lágrimas, el grito unánime que inevitablemente provoca la crueldad inhumana contra los más débiles. Adolescentes eran los israelíes secuestrados y asesinados al principio de esta nueva crisis. Palestino era el niño secuestrado y quemado vivo, después. Y adultos los responsables de todo esto. Los niños muertos, apaleados, torturados, asesinados, dejan a cualquiera sin argumentos e inevitablemente del lado de los verdugos. Hay imágenes que son como satélites insomnes orbitando incansables la memoria humana, y trazan la ruta de la historia. Contra esto no hay geoestrategia ni misiles que valgan. Son como estrellas sublunares que alumbran concepciones históricas y destrozan máscaras e imperios. Por ejemplo la fusta de un oficial nazi sobre el cuello de una anciana. El llanto de una niña judía en una calle del gueto de Varsovia, acariciando desconsolada y sola a su hermanita moribunda. Unos soldados israelíes pateando la cabeza de un niño palestino ya inconsciente. Unos cobardes bombardeando a unos niños palestinos que juegan al fútbol en una playa de Gaza. El sufrimiento, la persecución, la violencia irracional y sectaria contra el pueblo judío, ha trazado un profundo surco en la memoria y el devenir histórico de la humanidad, pero no ha logrado frenar ni oscurecer su vitalidad, sus talentos, sus logros en todos los campos (ético, artístico, religioso, literario, filosófico, científico), logros que todos compartimos y muchos admiramos. La memoria de su sufrimiento y el ejemplo de sus mayores, convierte a muchos en indignados activistas contra la barbarie y la crueldad. Los palestinos perseguidos, maltratados y asesinados de hoy en día, con sus grandes ojos negros, con su resistencia desvalida, nos recuerdan a aquellos judíos. Los gerifaltes israelíes nos recuerdan a aquellos verdugos.

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El poder se retrata

La "normalidad institucional", la "estabilidad" (eufemismos intercambiables por "control"), son proclives a la máscara. Por eso, cuando la historia se agita el poder se retrata. De parecida manera, durante las pesadillas y los sueños turbios (según Freud) borbotea y explota la verdad reprimida. Las palabras que dicta y promueve el poder durante su vigilia vigilante, corresponden a la gramática oculta de sus intereses como ente autónomo, sin ninguna relación verdadera con el interés general, si no es como máscara (o Marca) de superficie. Hay que traducir su verdadero significado. El poder estancado, lo mismo que el agua que no fluye, produce un alga contaminante y opaca que todo lo oculta y todo lo vela. Y además, enreda y ensucia las palabras. Quizás por eso, el poder político en España, anclado durante muchas décadas en un binomio con forma de bucle verdinoso, ha producido un poso y sedimento corrupto de espesa capa y pegajoso idioma.

Jugando a la “estabilidad” de las catástrofes, esperan a que la última se digiera. Pero la catástrofe que se digiere, no desaparece. Se hace tejido. Y ha bastado que una piedra caiga en este estanque, para que los dueños del cotarro, aclimatados anfibios de los piélagos y las opacidades, se hayan puesto de los nervios.

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La casta y la calle

Es una calle larga y silenciosa. / Ando en tinieblas y tropiezo y caigo / y me levanto y piso con pies ciegos / las piedras mudas y las hojas secas / y alguien detrás de mí también las pisa: / si me detengo, se detiene; / si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie. / Todo está obscuro y sin salida, / y doy vueltas y vueltas en esquinas / que dan siempre a la calle/ donde nadie me espera ni me sigue, / donde yo sigo a un hombre que tropieza / y se levanta y dice al verme: nadie”.

(La calle. Octavio Paz).

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El jaguar y las gallinas del lute

Según Hacienda, Jesús Sepúlveda, ex marido de la ministra del PP Ana Mato y ex alcalde de Pozuelo de Alarcón (Madrid), recibió en total 600.000 euros de la trama mafiosa GÜRTEL (que les caía simpático el tipo, debe ser), pero como el "regalo", que incluía un Jaguar y otras chucherías, repartido en porciones cual queso de ratones, no superó los 120.000 euros al año, no hay delito. Que se lo digan a esos "uno de cada cinco españoles" que vive por debajo del umbral de pobreza, a ver si lo entienden entre retortijón y retortijón. Y es que si a los susodichos les da por protestar y echar pestes (como sería lógico y humano), sin respeto a la autoridad o sus ex, tienen muchas papeletas para acabar con sus huesos en la cárcel. O que se lo cuenten y expliquen a esa madre que se metió en un lío gordo (pena de prisión) por adquirir indebidamente comida y pañales para sus hijas pequeñas. Lo cual me lleva a pensar, que si el Lute (paisano mío, nacido en el barrio de Pizarrales) hubiera repartido adecuadamente las gallinas que el hambre le hizo robar (a tantas por año), quizás la fama y otras prisiones hubieran sido más benévolas con su humilde persona. Adaptarse a estos escenarios surrealistas de convivencia incivil, en los que nuestro país es tan prolífico y artista (arte de políticos "untaos"), no es fácil. Quizás por eso tantos españoles duermen poco y mal. Entre estos cocidos legales indigeribles, y que somos el país donde más jóvenes consumen cocaína, no es de extrañar que tantos españoles desarrollen mala leche. No auguro mucho futuro al budismo en nuestra patria.

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