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Una democracia con goteras

Imagen de archivo del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y la ministra de Defensa, Margarita Robles.

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Una paradoja de nuestro tiempo, o si se prefiere, uno de los hechos que mejor ponen al descubierto la hipocresía del poder neoliberal (que como se sabe no es un poder democrático) es que toda la importancia que se le ha dado y aún se le da a la influencia que puedan tener en nuestro discurrir político las influencias subterráneas procedentes del Este (del Kremlin concretamente) en forma de espionajes, manipulaciones informativas, posverdades, etcétera, artes todas ellas en las que Putin, por formación o deformación profesional, es maestro, se le ha restado sin embargo a las influencias que con los mismos métodos y habilidades tecnológicas proceden de USA, y muy especialmente nos referimos al espionaje sistémico y multinivel que puso al descubierto Snowden, espionaje de control político pero también orientado por intereses económicos y empresariales de parte, ejercido sobre un amplio e indiscriminado conjunto de objetivos a espiar, incluidos los llamados “amigos” y “aliados”. Un modo de actuar propio de un poder y de un imperio con instintos y prácticas claramente antidemocráticas. Sobre este tema recomendamos la película de Oliver Stone cuyo título coincide con el nombre del héroe: “Snowden”.

Por eso conviene dar máxima importancia y trascendencia al respeto riguroso de los principios democráticos y a la transparencia que la democracia implica. Cuando esto falla y se van sumando los consentimientos febles con las opacidades múltiples, todo ello en abono y cultivo de las sombras, se acaba en un estado de deterioro irreversible semejante al de la Rusia de Putin. Y ciertamente no es eso lo que queremos. Por eso es necesario resistirse y protestar ante este tipo de abusos.

Si nos mostramos indiferentes y consentidores con (por ejemplo) la desigualdad ante la ley que lamentablemente rige en nuestro país (desigualdad incompatible con cualquier democracia que se precie), y pasivos ante la impunidad de nuestros monarcas, libres de manos y exentos de responsabilidad para cualquier fraude y para cualquier delito, después consentiremos dóciles y sumisos, ya como siervos y no como ciudadanos, la existencia de cloacas en el Estado cuyas fechorías al servicio de determinados partidos y de determinados intereses ilegítimos, son conocidas por todos. Todas ellas prácticas muy poco democráticas, de hecho ilegales.

De este estado de cosas tan perverso tenemos un amplio muestrario con hechos recientes y conocidos, protagonizados por el PP y personajes de la talla moral del comisario Villarejo. Y es este partido precisamente, el PP, el que casualmente pacta y comulga con los colegas ideológicos de Putin en nuestro país, es decir con VOX. Es de temer por tanto una concurrencia en los objetivos y los métodos que si no reaccionamos a tiempo nos acerquen al modelo putinesco.

De ahí que el actual caso de espionaje a través del programa “Pegasus” no se puede interpretar de forma aislada, sino que debe hacerse en el contexto de unas cloacas del Estado que en nuestro país han tenido patente de corso para operar a sus anchas y que convierten nuestra democracia en una pantomima que más que producir risa tira a tenebrosa. Por ello mismo los amigos y justificadores de la opacidad (enemigos de la información libre y transparente) nos resultan tan preocupantes.

Como resulta no solo esclarecedor sino patético que sean precisamente los partidos implicados en estas fechorías y delitos subterráneos los que se consideren únicamente dignos de conocer los secretos del Estado. Secretos que en nuestro país son más secretos, opacos, y duraderos, que en la mayoría de los países de nuestro entorno. A lo peor es que hay más que ocultar. Es decir más fluida y más abundante corriente antidemocrática subterránea.

Que al final nos hayan resultado bastante indiferentes los hechos de espionaje denunciados por Snowden (¿cabe mayor osadía o algo más grave en esta materia?) es lo que nos va entrenando para la docilidad siguiente en el programa de control y deterioro democrático que algunos de nuestros líderes (los autodenominados “centrados” y “constitucionalistas”) estiman conveniente. Conveniente para su beneficio personal y el de sus partidos, el cual tiene muy poco que ver con el interés público o la salud de nuestra democracia. Si ha habido acciones antidemocráticas e ilegítimas en este caso, no debería ser necesario pedir la cabeza del responsable. De él mismo o de ella misma debiera salir la decisión de dimitir.

Todo parece indicar que de la misma forma y por los mismos motivos que somos objeto de precariedad laboral y social pactada y consensuada, somos objeto también de espionaje programado y previsto. Luego los “extremistas” son los otros, los que se revuelven y protestan contra este estado de cosas. Una vez reconocida por Margarita Robles de forma indirecta la responsabilidad en este espionaje vía “interna”, ha aparecido ahora otro espionaje implementado al parecer por un agente “externo” (signifique esto lo que signifique), y del que habrían sido víctimas algunos de los presuntos responsables del primero. Lo cual introduce un giro barroco en el asunto que no sabemos si nos aclara el problema de fondo o nos hunde aún más profundamente en las cloacas.

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